¿Qué sería de nuestra vida sin el cine? ¿Cuántas despedidas se hubiesen quedado en un soso adiós sin aquel mítico “Siempre nos quedará París” de Casablanca? Sin el cine, nadie bailaría como Mia Wallace y Vincent Vega en Pulp Fiction, o como John Travolta en Fiebre del sábado noche. ¿Cuántas canciones de Ennio Morricone nos hubiésemos perdido? ¿Y cuántos adolescentes no hubiesen soñado con tener las bambas de Marty McFly o las gafas de Tom Cruise, de no existir ni Regreso al futuro ni Top Gun? El cine ha enriquecido nuestras vidas. Les ha dado color, humor y emociones nuevas. Y nadie debería perderse eso. Ese es el lema de Inclús, el Festival Internacional de Cine y Discapacidad de Barcelona.

El cine es una de esas cosas que, si no existieran, habría que inventarlas. Y una experiencia aún misteriosa: vemos pasar imágenes y nos identificamos con las historias sobre la pantalla, nos emocionamos con emociones de otros, soñamos con vivir dentro de lo que se nos cuenta. Y es este poder que tiene la imagen para ponernos en la piel de los demás lo que hace del cine una herramienta para transformar la sociedad, para educarla. Solo hace falta echarle un ojo a Inclús, el Festival Internacional de Cine y Discapacidad de Barcelona, para darse cuenta.

 

 

El festival, que celebrará su 5ª edición en CaixaForum Barcelona del 28 de noviembre al 3 de diciembre, hace del cine una herramienta educativa acercando la población a la realidad de las personas con algún tipo de discapacidad. A través de las películas que se proyectarán, el público podrá conocer las historias de Sanctuary −que usa la comedia británica para contar el amor de Larry, con Down, y Sophie, con epilepsia− o de Lethie, un cortometraje de suspense acerca de una mujer amnésica que debe reconstruir su memoria si no quiere que la maten. Y muchas más. También habrá butacas para el cine documental, sección en la que, entre otras, se proyectará Jo també vull sexe!, una mirada a algo que solemos dejar al margen: la sexualidad y el deseo en las personas con discapacidades físicas o intelectuales.

En esta misma línea están pensadas las diversas actividades del festival, que abordará la relación entre cine y discapacidad desde muchos puntos de vista. El sábado 2 de diciembre, por ejemplo, habrá un taller de introducción a la lengua de signos, y otro en el que se enseñarán los pasos a seguir a la hora de audiodescribir una película para personas ciegas. En el taller “Sentimos el cine”, en cambio, se podrá experimentar en primera persona cómo viven el cine las personas con discapacidad auditiva o visual. También habrá charlas sobre desarrollo tecnológico accesible e historias personales sobre cómo vivir con una discapacidad.

Sin embargo, el punto fuerte de Inclús 2017 no es solo acercar las personas a películas que traten de discapacidad, sino también acercar las personas con algún tipo de discapacidad al cine. Todas las películas han sido subtituladas para personas con problemas de audición o audiodescritas para personas ciegas. Además, todos los pases contarán con la presencia de intérpretes de lengua de signos. Se empieza así y, quizá, pronto las películas que han hecho historia se adaptarán para que también las personas con discapacidad puedan disfrutarlas. Porque el cine es una maravilla que nadie debería perderse.