¿Es la teoría de Darwin la ley del más fuerte? ¿Es biológicamente natural ser egoísta? ¿Somos muy diferentes de un homínido del pleistoceno superior? Muchos todavía creen que sí. Para evitar estos y otros errores de bulto, aprovechamos el Día de Darwin para hablar con la reputada paleoantropóloga María Martinón-Torres, una firme defensora de que la ciencia, para estar viva, se tiene que compartir, sobre todo con los más pequeños. Porque, como ya demuestran proyectos como EduCaixa y la programación del Cosmocaixa, “si les damos conocimiento responsable, todos saldremos beneficiados”.

María Martinón-Torres es la actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), ha escrito más de 10 libros sobre su especialidad y ha participado en investigaciones por medio mundo. Se explica con palabras precisas pero entendibles, y así logra contagiar su entusiasmo por el saber, el descubrir y el gran legado de Charles Darwin.

¿Por qué te hiciste paleoantropóloga?
Por una cuestión muy humana: la curiosidad por nosotros mismos. Es lo que nos hace diferentes.

¿Y en qué es diferente la evolución humana de la de otros animales?
Primero, la velocidad de crecimiento de nuestro tejido cerebral es de las más rápidas en toda la historia de la vida. Por eso hemos evolucionado más rápido. Y después, aunque se podría decir que llevamos unos 200 mil años biológicamente estancados —seguimos siendo el mismo homínido del pleistoceno superior—, sí hemos seguido evolucionando más allá de nuestro cuerpo, a través de las relaciones sociales y la tecnología. Ahora no es tan importante que tú seas fuerte individualmente, porque ya no sufres la presión ambiental —por ejemplo, el frío—, sino que pertenezcas a un grupo que sea fuerte, te proteja y te dé acceso a los recursos que necesitas —por ejemplo, la calefacción. Eso nos ha permitido, no ya adaptarnos al entorno, sino adaptar el entorno a nosotros.

 

 

O sea que si mañana la raza humana desapareciera de la faz de la Tierra, ¿para ti nuestra especie habría sido un éxito?
¡Yo creo que sí! No hay una especie con mayor éxito reproductivo que el nuestro, que ocupamos todo el planeta, ni con más capacidad de adaptación a ambientes más diferentes. ¿A qué precio? ¡Eso ya es otro debate! Ja, ja.

Con toda esta evolución externa, ¿hemos parado del todo de evolucionar biológicamente?
En el sentido clásico —tamaño, fuerza…— quizá sí, pero en otros aspectos menos visibles pienso que no. Por ejemplo, los grandes cuadros infecciosos como la malaria, la tuberculosis o la difteria son modernos, aparecen en el Homo sapiens, porque los patógenos necesitan dos cosas que ahora les damos: ser muchos y vivir próximos. ¡Convivir nos hizo fuertes, pero también débiles! Nuestra gran batalla va a ser defendernos contra las enfermedades infecciosas. Sistema inmune contra patógenos.

¿Cómo crees que serán los humanos del futuro? ¿Hacia dónde evolucionaremos?
Como digo, no cabe esperar grandes cambios físicos. Puede haber tendencia a que desaparezca la muela del juicio, el tamaño de un dedo… cosas así, residuales. Pero lo que nos caracterizará será el altruismo. ¡Está en nuestros genes! Hay mucha gente que se preocupa por gente que no conoce. Todos vemos movimientos sociales y pequeños gestos diarios de amabilidad y generosidad. Hemos heredado este comportamiento altruista hacia otros miembros de nuestro grupo, porque de ello depende nuestro desarrollo completo y nuestra supervivencia como especie, y hace falta que nos lo recordemos.

O sea, que la solidaridad y la voluntad ética —proteger a los débiles, ayudar a los moribundos…— no es precisamente “antinatural”, para nosotros, en un sentido darwiniano.
No. Porque en nosotros la selección no es individual, sino de grupo. El éxito de nuestra especie es a nivel de grupo. Somos como un superorganismo. ¡Somos seres tan sociales que hasta el parto es un acto social!

¿Cómo?
Cuando dejamos de caminar a cuatro patas, el canal de parto de las madres se estrechó. Y encima tenían que parir una criatura con una cabeza que se había vuelto desproporcionadamente grande. Así que ahora necesitamos a otros miembros del grupo para asegurarnos de que el parto acabará bien. La evolución social de nuestra red ha compensado una fragilidad biológica.

¿Y cuándo empezó nuestro cerebro a crecer así?
Con el Homo habilis, cuando empezamos a comer carne. La carne nos daba más energía y era más fácil de digerir, por lo que el sistema digestivo pudo reducirse, ahorrar energía metabólica y reinvertirla en el crecimiento del cerebro.

Hablemos de Darwin. ¿Qué destacarías de su aportación a la humanidad?
Fue un gran revolucionario, una mente científica pura. Es gracioso, porque sus padres y maestros hablaban de él como “normalito tirando a nivel intelectual bajo”. Entonces, ¿dónde estaba su gran capacidad? En la observación y el análisis. Observando la misma naturaleza que veían todos los demás, él fue capaz de sintetizar la amplísima variedad de especies de todos los campos —animal, vegetal…— con un solo principio, de la evolución y la selección natural.

¿Y cuál es la cosa más importante que has aprendido del ser humano en tus años de estudio?
Que todos hacemos falta. A veces somos intransigentes con los que no nos gustan o no encajan, cuando una de nuestras grandes ventajas es la diversidad. Somos parte necesaria de un todo, en este caso, de la humanidad.

Además, estudiando la evolución dental, vi la gran importancia de la infancia en los humanos. El ritmo del desarrollo dental está muy relacionado con la forma en la que crece una especie y, si en los humanos está ralentizado es porque crecemos durante más tiempo. Un bisonte nace y en dos años ya no depende de su madre e, incluso, ha entrado en ciclo reproductivo. Nosotros somos inmaduros y desvalidos durante mucho más tiempo, pero eso nos da un periodo mucho mayor para que el cerebro siga creciendo y evolucionando, ¡a ritmo casi fetal! Por eso es tan importante formar a los niños en el tiempo en que su cerebro, como se suele decir, “es una esponja”.

¿Qué te hace más feliz de tu trabajo?
La sorpresa. Siempre aprendo cosas nuevas. Hay gente que considera esta profesión frustrante porque siempre aparece algo nuevo que te hace cambiar de opinión, pero para mí es la mejor de las noticias. Mirar las mismas cosas de siempre, pero de una forma que nunca antes las habías visto, es lo más gratificante y fascinante que te puede ocurrir.

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Román Yñán