Se calcula que solo un 10 % de los 1.000 millones de personas que sufren alguna discapacidad física en el mundo tiene acceso al tratamiento adecuado. Ante esta emergencia humanitaria, el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) ha puesto en marcha junto a ”la Caixa” un nuevo y revolucionario modo de obtener los fondos necesarios para que estas personas puedan recuperar su movilidad. Se trata de los “bonos humanitarios”, una innovadora manera de involucrar al capital privado en la asistencia a los más desprotegidos que ya está permitiendo la construcción de tres centros de rehabilitación en África.

“Me dirigía en coche a Julube cuando mi vehículo pisó una mina antipersonas. Cuando desperté, unos soldados me dijeron que nunca volvería a caminar. Había perdido mi pierna derecha y parte de la izquierda.” Historias como la de Yaganama no son nada infrecuentes en Nigeria. A la inestabilidad social y política se añade un gravísimo déficit en infraestructuras sanitarias que hace de la vida de las personas con movilidad reducida un auténtico viacrucis.

Por fortuna, Yaganama pudo ser tratado por un fisioterapeuta de la Cruz Roja y, tras un largo trabajo de recuperación, salió del Centro de Rehabilitación Física de Kano con una prótesis y una nueva vida por delante.

 

 

El Programa de Rehabilitación Física del Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) lleva 40 años cambiando el destino de personas como Yaganama, pero las necesidades no paran de crecer y, pese a un presupuesto anual de unos 1.800 millones de euros, los recursos del ICRC nunca son suficientes. Hay que encontrar constantemente nuevas vías de financiación, nuevas fórmulas que involucren al mayor número de actores posible y que permitan establecer estructuras sanitarias sólidas y duraderas.

Juan Coderque, que dirige la unidad de nuevos modelos de financiación del ICRC, aboga por “modelos que involucren al capital privado en proyectos con fines humanitarios”, un terreno con muchas vías por explorar.

La pregunta que se plantea es: ¿Cómo atraer a los inversores cuando la ganancia económica no es el objetivo del proyecto? La solución ha venido de la mano de una estrecha colaboración entre ”la Caixa” y el ICRC a través de lo que han llamado Humanitarian Impact Bond(bono con impacto humanitario). Tiene un principio sencillo: los inversores hacen su aportación a cinco años vista y los financiadores externos (principalmente gobiernos nacionales y ”la Caixa”) les devuelven la cantidad invertida con una tasa de interés variable según los resultados obtenidos.

“La ventaja principal de este sistema, nos aclara Juan Coderque, es que nos permite acceder a cantidades lo suficientemente elevadas como para hacer planes a largo plazo”, como ha sido la construcción de centros de rehabilitación en países tan castigados como Nigeria, Mali o el Congo.

La evaluación del éxito del programa será realizada por consultores independientes que elaborarán su informe de acuerdo con tres criterios: la construcción del centro, el número de personas que hayan pasado por él y su productividad. Juan subraya la importancia de este último punto: “Acordamos con los inversores que la productividad de estos tres centros sería un 80 % superior a la de los otros centros existentes.”

En este difícil equilibrio entre una parte que busca principalmente un beneficio económico y otra exclusivamente preocupada por sus fines humanitarios, Juan destaca la importancia del criterio ético a la hora de buscar inversores, y que el ICRC rechaza de antemano “cualquier empresa dedicada al armamento, el alcohol o el tabaco, por ejemplo”.

Miriam Waweru es la encargada de dirigir las obras del centro de rehabilitación de Mopti, en el centro de Mali, que debería estar operativo en diciembre. Aunque el centro solo podrá alojar a 24 personas al mismo tiempo, Miriam estima que 2.000 personas se beneficiarán de sus servicios de ortopedia y fisioterapia cada año, un impacto enorme en una zona especialmente necesitada del país: “El hospital está estratégicamente situado en el centro del país para evitar que los pacientes tengan que hacer largos desplazamientos, como ocurre actualmente con la gente que tiene que ir hasta Bamako”. La directora del proyecto también destaca que los ladrillos empleados son bloques de tierra comprimida, resistentes a las altas temperaturas, más sostenibles, y que permiten evitar el uso del aire acondicionado.

“El bono humanitario de ”la Caixa” nos permite disponer de 26 millones a lo largo de 5 años y calculamos que esta fórmula supondrá a la larga entre un 5 y un 10 % de nuestro presupuesto total”, nos indica Juan. Es decir, que aunque este modelo concreto no vaya a imponerse en el futuro, lo que sí es inevitable es una fórmula híbrida de financiación en la que el capital privado tendrá un papel cada vez más destacado. Caben muchas posibilidades dentro de este enfoque, pero se trata de algo que va mucho más allá de la obtención de fondos: se trata de involucrarnos a todos para mejorar el destino de los menos afortunados.

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Mari Aftret Mortvedt