Hace apenas un año la Obra Social ”la Caixa” entregó las llaves de una nave industrial al Banc d’Acció Social. Hoy, desde allí, una treintena de voluntarios reparte productos no alimentarios donados por empresas a familias que los necesitan. Hoy, desde allí, una treintena de voluntarios ha aprendido que las buenas acciones se contagian.

Corría el año 2000. Kevin Spacey y Haley Josel Osment protagonizaban una película que terminaría por coronarse entre las más taquilleras del año: Cadena de favores, en la que un joven estudiante proponía cambiar el mundo ayudando a tres personas que, en lugar de devolverle a él el favor, ayudarían a otras tres cada una. En el mundo real, fuera de la gran pantalla, la historia del Banc d’Acció Social sigue el mismo hilo argumental: se trata de un grupo de personas, voluntarias, que se ayudan entre sí y que, además de proporcionar productos básicos a familias que lo necesitan, persiguen dar un trato digno y atento a aquellos que están pasando por un momento difícil.

«Ayudar a los demás, más que una obligación, es un placer, el máximo placer”, cuenta Josep de Marfà, uno de sus fundadores. Además, “la mayoría de la gente no busca solo algo material, sino ser atendidos, que hables con ellos”, explica el segundo impulsor de la iniciativa, Salvador Sagarra.

Por su parte, Montse Jiménez, la tercera cabeza visible del proyecto, lo tiene claro: “Hay que repartir con dignidad. Yo, lo que no quiero para mí no lo quiero para nadie. Hay que ayudarles a vivir mejor y a sentirse mejor, e intentar darles herramientas para que puedan integrarse en el mundo laboral. A mí me hicieron lo mismo en su momento”. Cuando era niña, ella y su familia recibían ayuda de una parroquia del Poblenou. Allí fue donde aprendió que las desigualdades económicas no deben crear diferencias en el trato entre las personas.

“Llevo desde los 14 años haciendo de voluntaria y sé que es muy importante también que el voluntariado se sienta querido y útil”, afirma Montse. El mimo con el que preparan las canastillas de productos es el mismo con el que se tratan entre ellos. Porque el objetivo no es solo repartir la ropa, juguetes, productos de higiene o artículos para la casa que donan empresas como Tiger o Nice Things, sino también echarse una mano unos a otros. Solo así la cadena puede seguir funcionando.

 

Fotografía: Borja Ballbé