Así como en el universo hay tantos y tantos planetas que (aunque sea por probabilidad) alguno tiene que albergar vida, en la tierra hay tantos y tantos jóvenes que en alguna de esas cabecitas (por estadística) se esconden los descubrimientos que cambiarán para siempre nuestra historia. Convertir esa probabilidad en una realidad es el objetivo del programa de becas de doctorado INPhINIT ”la Caixa”. 77 jóvenes investigadores de todo el mundo, incluidos 37 españoles, han recibido este año una beca para cursar su doctorado en los centros más punteros de nuestro territorio. Son chicos y chicas que sueñan en grande (desde mejorar las terapias del autismo hasta conseguir que todo el planeta pueda tener acceso a la salud). Chicos y chicas que hacen de su futuro nuestro futuro.

 

 

Michael Joe Munyua Gachomba (Italia, 1991)
Doctorado en Neurociencias en el Instituto de Neurociencias de Alicante

“Un buen investigador tiene que ser curioso y estar preparado para asumir riesgos. Hacer ciencia es investigar lo desconocido, lanzarse a la aventura y, siempre que algo no se entienda, preguntarse por qué. Yo me lancé un poco a lo desconocido cuando dejé Italia para irme primero a Barcelona y, luego, a Alicante. También fue un riesgo decidir quedarme en Alicante sin saber aún si tenía financiación para cursar el doctorado en el Instituto de Neurociencias. Cuando en el laboratorio nos enteramos de que me habían dado la beca INPhINIT, mi supervisor me mandó a comprar cava. ¡Había que celebrarlo! Ahora estamos investigando las conductas sociales de los ratones para averiguar cómo toman las decisiones sociales y qué partes del cerebro se activan al hacerlo. Tenemos, por ejemplo, laberintos con dos ratones y uno de ellos puede escoger si ayuda al otro a recibir comida o no. La idea es utilizar los resultados que obtengamos para buscar nuevos enfoques en trastornos neuropsiquiátricos humanos en los que la toma de decisiones está afectada, como en casos de autismo y de ansiedad social. Además, hoy en día, con las redes sociales, entender cómo interaccionan los elementos de un conjunto y poder explicarlo con una teoría del cerebro me parece que se hace cada vez más urgente.”

 

 

Ioanna Taouki (Estados Unidos, 1989)
Doctorado en Lingüística en el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL)

“En cuanto acabé la carrera de Biología, me metí en la de Educación Primaria. Sé que pueden parecer dos temas que no tienen nada que ver pero, para mí, hay un puente entre ambos: la neurociencia cognitiva. Esta disciplina busca entender cómo funciona el cerebro cuando aprendemos un idioma, cuando comprendemos el significado de una frase o cuando producimos nosotros un significado. Y todo esto es precisamente el núcleo del doctorado en Lingüística que he empezado en el BCBL, un centro con unas instalaciones y una tecnología alucinantes. Si llegamos a comprender cómo funciona el cerebro cuando aprendemos, podremos saber si las prácticas educativas que usamos en los coles son realmente beneficiosas para los niños. Yo estuve un tiempo trabajando como profe de secundaria de ciencias en Bristol (Reino Unido), y me encantó la experiencia. Pero también me gusta la investigación. Así que mi sueño es ser capaz de combinar ambas cosas: creo que en la colaboración y comunicación entre profesores y neurocientíficos está el secreto para mejorar la educación.”

 

 

Elena Marbán Castro (Madrid, 1991)
Doctorado en Medicina Traslacional en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal)

“No puedes hablar de salud si no sabes nada de los pacientes a los que estás tratando. Me di cuenta de esto en la asignatura de Parasitología, cuando estudiaba Biología Sanitaria en Alcalá de Henares. Era la primera vez en toda la carrera que hablábamos de personas, de poblaciones vulnerables afectadas por las cosas que estábamos estudiando. De hecho, hice un máster en Medicina Tropical en la Autónoma de Madrid porque tenían prácticas en Etiopía y yo quería conocer el terreno. Después hice otro máster, este de Salud Global en ISGlobal y, al acabarlo, justo estalló la epidemia del zika del 2015. Así que tras un año y pico como asistente de investigación en el Departamento de Salud Materna, pedí esta beca de doctorado… y la verdad es que aún no me lo creo. ¡Parecía inalcanzable! El tema me apasiona tanto que hasta soy directora de la Global Health Next Generation Network, una asociación de jóvenes investigadores. Empecé el doctorado en enero y dura tres años. Estoy siguiendo a un grupo de embarazadas que estuvieron expuestas al zika en Sudamérica y América Central en el 2016. Las seguimos durante el embarazo y ahora estamos siguiendo a los niños para ver el impacto del virus en sus dos primeros años de vida. Entender una enfermedad para poder desarrollar mejores vacunas y diagnósticos y reducir la mortalidad neonatal… creo que es una cuestión de derechos humanos. Todo el mundo debería tener acceso a un sistema de salud, nazca donde nazca. Y este es mi pequeño granito de arena para conseguirlo.”

 

Fotografía: Laia Sabaté