El futuro no es un absoluto. Hay que soñar con mundos mejores y, sobre todo, hay que hacer soñar a los jóvenes, porque ellos jugarán un papel clave a la hora de moldearlos. Para ello son vitales programas de EduCaixa como Jóvenes Emprendedores, que estimulan su cultura emprendedora y les dan herramientas para sacar todo su potencial.

El psiquiatra y neurólogo Viktor Frankl empezó a tomar clases de vuelo a los 80 años, y aprendió una gran lección: cuando hay viento cruzado, para ir de un punto a otro hay que poner rumbo a un tercer punto más al norte; si no lo haces, las corrientes te llevan más abajo. Eso mismo se podría decir del ser humano: si lo aceptamos tal como es, lo hacemos peor (en la vida, el viento cruzado es el menor de los imprevistos). Solo si sobreestimamos sus capacidades, si apuntamos alto, le ayudamos a convertirse en lo que puede llegar a ser. Nuestra tarea como sociedad es ser optimistas y convencer a los más jóvenes de que realmente tienen el superpoder (y la responsabilidad) de moldear y mejorar el mundo que les rodea.

Con este objetivo en el horizonte, y dentro del programa Jóvenes Emprendedores, la Obra Social ”la Caixa” ha dado, una vez más, los Premios Desafío Emprende a los 40 mejores proyectos de los más de mil presentados este año por equipos de estudiantes españoles de ESO, bachillerato y ciclos formativos (más cinco de Perú, Colombia y Ghana). Los equipos ganadores han participado en un campus con charlas y talleres en los que han desarrollado su creatividad y sus capacidades de comunicación y de trabajo en equipo, han aprendido nociones básicas para crear un negocio y han conocido a expertos que les han ayudado a perfeccionar sus ideas.

“Sé que lo que estoy aprendiendo en el campus me va a servir tanto a nivel laboral como para la vida en general”, explica Sergi, del Centre Escolar Empordà de Roses. La mayoría de chicos y chicas han optado por proyectos que solucionan los problemas que más de cerca les tocan: los accidentes de moto, el acoso escolar, la polución, quedarse sin batería en el móvil o las alergias.

Nacho, de los Salesianos de Atocha (Madrid), uno de los equipos ganadores del viaje a Silicon Valley, dice que participar en el campus les ha abierto un mar de posibilidades. “Prácticamente lo hemos modificado todo al hablar con los emprendedores y escuchar sus ideas. Ahora el proyecto nos parece más real.” Cuando le preguntamos por el futuro, Nacho cuenta que lo ve con prudencia, pero que hay que afrontarlo con confianza e iniciativa. “Y con alegría”, añade su compañero de equipo, Javi.

Judit, de Aira Pulita, otro de los proyectos ganadores, cuenta que cuando les dijeron que les habían seleccionado al principio no se lo creyeron. “Es increíble poder ir a la meca de la innovación. Nos servirá para practicar inglés y seguro que será una experiencia única en la vida y muy enriquecedora, tanto en el plano personal como en el profesional”.

Es esencial que las futuras generaciones crean en sus capacidades y se olviden de supuestos imposibles. Es imprescindible que intenten imaginar cómo acabar con las enfermedades, el cambio climático y la pobreza. Y, sobre todo, es también esencial que tomen un papel activo en la sociedad y que entiendan que está en sus manos crear un mañana mejor, más sostenible y más justo.

 

Foto de portada: Román Yñán
Retratos interiores: Leo García Méndez