“El nivel de juego es excelente”, nos cuenta José Coronado, jugador de tenis adaptado y organizador del torneo internacional TRAM Barcelona Open, que llega a su tercera edición gracias al impulso de la Obra Social ”la Caixa” y Tranvías de Barcelona, entre otros. “El tenis en silla de ruedas es uno de los deportes paralímpicos más profesionalizados, con un circuito de 160 torneos al año en 40 países, entre ellos los cuatro torneos del Grand Slam”. Aunque queda todavía camino por recorrer en cuanto a su normalización, se va asentando en nuestra sociedad como espectáculo deportivo y, para los tenistas, practicarlo significa muchas veces el primer paso de una nueva vida.

Las medidas y las normas son las mismas que en el tenis tradicional, con la excepción de que se puede dejar botar la bola dos veces. “Pero a este nivel pocos jugadores esperan al segundo bote”, dice Quico Tur, auténtica leyenda del tenis adaptado. A pesar de haber sido cinco veces campeón de España, de haber participado en cuatro Olimpiadas y de haber liderado el ranking español durante 10 años, Tur no tuvo un especial interés en jugar al tenis hasta el accidente de tráfico que sufrió en 1999, con tan solo 21 años. “Es una de las actividades que hacía en el hospital después del accidente. Un entrenador de la Federación Española de Tenis, José Aguado, vino a verme a la habitación pocos días antes de que me dieran el alta y me propuso recibir clases en la escuela de tenis adaptado de la Federación”.

 

 

El éxito no tardó en llegar y Quico empezó a entrenar cada vez más intensamente, aunque eso no fue lo más importante: “Para mí, fue un buen pilar para empezar una nueva vida en silla de ruedas. A nivel físico, porque me permitió estar en forma, algo muy importante para nuestro día a día, y también a nivel psicológico. Solo la idea de hacer deporte me reconfortó mucho y, además, compartir las clases con gente en la misma situación te ayuda a no sentirte solo, a recibir y dar apoyo. Cuando sufres un accidente así, lo primero que haces es intentar volver a la vida que tenías antes, pero eso es imposible. Te tienes que acostumbrar a que tu nueva vida la vas a hacer en una silla y acabas tratando de buscar el máximo aprovechamiento de tus posibilidades”.

David Sanz, director técnico de tenis en silla de ruedas de la Federación Española, incide en esta misma idea: “Cuando están en el hospital solo piensan en lo que no pueden hacer, pero practicar deporte les hace pensar en lo que sí pueden hacer y no se imaginaban. Esta es la primera barrera que cae y es un cambio radical”.

Quico perdió la movilidad cuando apenas iniciaba su vida adulta y el accidente supuso inevitablemente una crisis existencial: “Yo me preguntaba: ¿y ahora qué voy a hacer con mi vida? Con el tiempo puedo decir que el deporte me salvó y que fue una herramienta fundamental para reactivarla. Después de un accidente así, notar que pones de nuevo la máquina en marcha te anima mucho mentalmente”.

Además del bienestar físico y una mayor fuerza para afrontar la vida diaria, José Coronado recalca lo mucho que puede aportar la competición deportiva al colectivo: “Es una herramienta de integración social muy potente y permite romper varios tabús. Primero, el de la lástima, para que la gente deje de decir ‘qué lástima’ cuando ven a una persona en silla de ruedas. Y luego, la idea de que se trata de una simple diversión: se lo pasan bien, sí, pero son deportistas de alto nivel”.

La competición permite pasar del rol de persona asistida, al de protagonista, y su desarrollo en España (ya hay 5 torneos internacionales y unos 80 jugadores con licencia) va parejo al interés que despierta. Según Tur, “los medios de comunicación deberían buscar más tiempo para dar a conocer el tenis adaptado, porque los amantes del tenis se enganchan enseguida, es muy espectacular”.

Otra de las diferencias respecto al tenis de pie es la edad de los participantes. Si en el tenis tradicional una carrera profesional rara vez llega más lejos de los 35 años, el tenis adaptado permite alargar la vida competitiva incluso más allá de los 50 años. Por eso Quico Tur, a sus 42 años, se sorprende cuando le preguntamos qué querrá hacer cuando se retire: “No descarto entrenar algún día, pero ahora estoy centrado en la competición. Lo que sí tengo claro es que algún día quiero devolver a la Federación Catalana de Tenis todo lo que ha hecho por mí. ¡O sea que de una manera u otra voy a seguir pasando mucho tiempo en los campos de entrenamiento de la Vall d’Hebron!”

 

Texto: Raúl Martínez
Fotografía: Javi O. Sanmartín