La mayor decepción que uno se lleva en la vida adulta no es aprender que o pones tú la lavadora o la ropa seguirá sucia. No es darse cuenta de lo caro que es el queso ni de que dormir menos de 8 horas pasa factura. Es descubrir que los veranos ya nunca volverán a durar tres meses, que ya no tienes todo el tiempo del mundo, ¡que no puedes aburrirte! Como ocurre con los dientes de leche, con la edad también perdemos tiempo. Tiempo libre. Tiempo para nosotros. Por eso, un año más, el programa CaixaProinfancia y más de 400 entidades de todo el país unen fuerzas con un objetivo común: que todos los niños y niñas, estén donde estén y vengan de donde vengan, no se pierdan ni un segundo de sus primeros (y largos) veranos.

El verano ha tardado en llegar a Barcelona pero, esta mañana de agosto, sus calles arden tanto que, sobre el cemento, podría freírse un huevo. La cantidad de coches que recorren la avenida del Paralelo no ayuda. Pero hoy, desde los Jardines de las Tres Chimeneas no se oye ni un zumbido de motor. Hoy esta plaza es territorio de las voces de decenas de niños y niñas del Casal dels Infants, una de las entidades con las que CaixaProinfancia colabora, que se han reunido para jugar y disfrutar de una de las muchas actividades que la entidad organiza en verano.

 

 

“Además de montar excursiones a parques de atracciones o campamentos fuera de Barcelona, hemos ido a la Filmoteca, al MACBA o al Museo de las Ilusiones, y hemos hecho talleres de dibujo y teatro que organizan diferentes entidades del Raval”, explica Pol Mercadal, educador del casal. “La idea es que los niños conozcan su barrio y aprovechen las cosas positivas que tiene”. Pau Dachs, responsable de comunicación, añade que “hay que reivindicar el uso del espacio público”. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que corretear de punta a punta de un parque rodeado de tus amigos?

Los monitores se preparan repartiéndose por las distintas zonas: carrera de obstáculos, tiros a canasta, balón prisionero, fútbol chino, el juego del pañuelo y el de los contrabandistas. Y cada uno de los 10 equipos –“medianos” y “mayores” mezclados– se mueve por el parque en búsqueda de otro grupito al que retar a una de las actividades. “¡Si no os ponéis la gorra os mojaréis la cabeza!”, les advierte Pol, siempre atento a que todos estén pasando un buen rato. Los niños y niñas lo interpretan como una señal de que el juego ha empezado y, de golpe, un montón de cabecitas con todo tipo de gorras, peinados, lacitos y trenzas salen disparadas en todas las direcciones. Ya nadie parará quieto en lo que queda de mañana.

A lo largo del año, el Casal dels Infants sigue bullendo de actividad, “pero es en verano cuando los niños y niñas de familias en situaciones vulnerables necesitan más que nunca estas iniciativas”, señala Pau, ya que “cuando acaba el cole tienen mucho tiempo libre y pocos recursos para aprovecharlo.”

Porque una cosa es tener tiempo libre, hacer cosas pero no por obligación, que decía Jonathan Richman, y llegar incluso a disfrutar del aburrimiento –necesario, según Pol, para despertar la creatividad de los más pequeños. Y otra cosa muy diferente es no tener nada que hacer (o dejar de hacer) precisamente en la única época del año en la que, como niño, tienes horas de sobra para hacerlo todo.

 

Fotografía: Mònica Figueras