En palabras del gran Emilio Lledó —que es un experto no solo en filosofía y en educación, sino también en hacerlas tan amenas como una charla de café—, en la sociedad, “aunque suene utópico, hay que ir hacia una auténtica regeneración y esa regeneración tiene que empezar en el coco; la verdadera revolución está en la cabeza”. Si los romanos decían eso de “mens sana in corpore sano”, lo que grita a voces el programa de becas de posgrado de la Obra Social ”la Caixa” es que cuidar de nuestra sociedad pasa precisamente por cuidar de las mentes de nuestros jóvenes: por hacer que no desaprovechen ni un ápice de todo su potencial.

El saber no ocupa lugar, ni en tu cerebro ni en la bodega del avión; pero sí que viaja, y va creciendo con cada nuevo destino. Eso mismo está haciendo Sandra Verdaguer, una de los 120 estudiantes (de entre más de 1.300) seleccionados en la convocatoria del 2017 de las becas que la Obra Social ”la Caixa” ofrece cada año a jóvenes con talento para seguir sus estudios en universidades de todo el planeta. A Sandra esta oportunidad le permitirá cursar un doctorado de Salud Pública en la CUNY School of Public Health y seguir dedicándose al proyecto que empezó durante su máster: una plataforma on-line para mejorar los hábitos alimenticios de los niños que viven en barrios pobres de Nueva York. “Mi sueño”, confiesa, “es erradicar la obesidad infantil, ya que está muy unida a otros problemas de salud y los niños con pocos recursos son los que están más en riesgo”.

 

 

La arquitecta María Esteban Casañas, en cambio, tiene otras metas: montar su propio laboratorio de investigación en España con todo lo que aprenda en el máster de Tecnología de la Construcción que realizará en el reputado MIT estadounidense. “Llevaba mucho tiempo detrás de esta beca”, cuenta. “Creo que me va aportar una nueva forma de entender la arquitectura, porque allí la abordan de manera 100 % interdisciplinar, y a mí justamente me interesa investigar cómo la unión de tecnología, biología y arquitectura puede ayudarnos a reinventar el entorno según las necesidades de la sociedad”. Y es que el conocimiento avanza por las costuras de sus disciplinas, y las aulas universitarias deberían ser tan interdisciplinarias como sus cafeterías.

También está de acuerdo con esta idea  Pere Nogués, que completará sus estudios en Ingeniería de Materiales y Antropología Social con un doctorado en la CUNY sobre la relación entre conflictos civiles y cambio climático: “Los ingenieros”, explica, “deberían ser conscientes de las consecuencias sociales de las infraestructuras y las tecnologías y, por su lado, los antropólogos, si trabajaran junto a los primeros, podrían mejorar las soluciones técnicas que se proponen para problemas sociales”. Para Pere, como para muchos de sus compañeros, esta beca va más allá de lo puramente académico. Si quiero entender las consecuencias del cambio climático en nuestra sociedad es precisamente para mejorar las condiciones de vida y la resiliencia de las poblaciones más vulnerables.”

 

 

Otro gran talento, y no por ello menos humilde, es Mario Lezcano. Con 25 años, el burgalés está cursando un doctorado en Inteligencia Artificial nada menos que en Oxford, después de ganar el Premio Hoare que la universidad da a la mejor tesis de fin de máster. Su campo de estudio son cosas que puede que a ti te suenen a alienígena, como el machine o el deep learning, pero que, entre otras genialidades, hacen posible que hoy tú puedas hablar con Siri o utilizar Google Translator, además de facilitar la detección de tumores en el campo de la medicina o el procesamiento de imágenes.

Hablar con estos chicos y chicas tan avispados es lo más refrescante que uno puede hacer en un día cualquiera de largo. Sobre todo cuando te das cuenta de que todos ellos hincan codos y se esfuerzan no solo para ponerse medallas personales, sino para el beneficio de todos nosotros. El tuyo también. Como apunta Sandra, “somos muchísimos los estudiantes llenos de ideas brillantes para mejorar la sociedad y de energía para llevarlas a cabo. Solo necesitamos la oportunidad para hacerlo”.

 

Texto: Patri Di Filippo