Nuestro vigor muscular siempre será necesario para amueblar el fondo de nuestra cordura y alegría de vivir, para rematar los cantos ásperos de nuestra inquietud y volvernos amables, escribió en 1899 William James, filósofo americano de las emociones. No fue el primero en crear este vínculo y, desde entonces, muchos han escrito sobre cómo el deporte puede hacernos un poquito más felices. Por la misma época Paul de Vivie, alias Vélocio, decía: Aunque ir en bicicleta no me gustara, seguiría pedaleando por mi serenidad mental”. Y la Marcha MTB Infantil Solidaria, organizada por Bikers del Sur Getafe en pro de los niños con cáncer con los que trabaja la Fundación Aladina, nos demuestra que, además de alegría para uno mismo, el ciclismo también puede aportar una sonrisa en la vida de otras personas.

Estamos en junio y ya deberíamos ir por la vida en chanclas y bermudas, pero este año, en Madrid, el calor se está resistiendo a llegar. Por eso, el pasado sábado, cuando la Marcha MTB Infantil Solidaria estaba a punto de empezar, su responsable, Javier Sánchez, miraba al cielo preocupado, cruzando los dedos para que el diluvio se apiadara de ellos: “Somos un grupo de 40 amigos y nos gusta dar pedales. Esta es ya la tercera edición. En la primera fuimos 50, en la segunda 300 y en la de este año hemos llegado hasta 400 inscripciones”.

Esta capacidad de convocatoria es precisamente el motivo por el que, el pasado marzo, el proyecto solidario de Aladina, que trabaja prestando apoyo a niños y adolescentes enfermos de cáncer y a todo su entorno, fue nombrado “La causa del mes” en migranodearena.org, unos premios que otorga esta plataforma de crowdfunding junto con la Obra Social ”la Caixa” y que reconocen las causas que más donaciones han logrado cada mes. “El cáncer es un tsunami que les roba a los niños la alegría de la vida en todos los sentidos”, cuenta Guadalupe Díez, de Aladina. “Nuestras terapias y actividades buscan mantener viva su voluntad de curarse, perder el miedo, expresar sus emociones y, sobre todo, reírse y pasarlo bien.”

 

 

Este sábado a Javier le toca hacer un poco de hombre orquesta. Además de estar pendiente de los ciclistas –que se van situando poco a poco en la línea de salida–, también hace fotos, revisa que las medallas estén listas para la entrega que se hará al final y cierra los últimos detalles con la policía que les escoltará durante el recorrido. Y a pesar de las nubes, cada vez más intrépidos, tanto niños como mayores, se van sumando a la marcha.

“El ciclismo –y, en general, cualquier deporte– es una buena manera de concienciar a la gente sobre temas importantes. Fomentamos el deporte y también la solidaridad, enfocándonos mucho en los niños para que se conciencien desde una temprana edad, de modo que cuando crezcan ellos hagan lo mismo”. Además, como dicen desde la propia Fundación Aladina, “no se nos ocurre nada más bonito que unos niños ayudando a otros niños”.

Y es que la marcha de este año tenía una destinataria muy especial: Lucía, una niña de nueve años que ha sido tratada por Aladina. “Todo esto está dedicado a ella. De hecho, el hashtag que hemos lanzado para todas las publicaciones en redes sociales es #FuerzaLucía, y ese mismo mensaje es el que hemos inscrito en las medallas que recibirán los niños cuando completen el recorrido”.

Para los bikers, la unión entre deporte y solidaridad es una cuestión de sentido común. Ya que van a las carreras con el fin de superarse a sí mismos y, por tanto, de lograr un beneficio personal, por qué no aprovechar también para ayudar a quien más lo necesita. El ciclismo es, para esta agrupación, una forma de vida. “Entrenar, estar con los amigos, evadirte, pedalear durante dos o tres horas viendo parajes increíbles… Es casi como una terapia que crea un vínculo muy especial entre nosotros. Y de ese vínculo, justamente, es de donde nacen iniciativas como las de esta marcha ciclista solidaria”.

 

Fotografía: Daniel de Jorge
Texto: María Arranz