Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, está dedicado al empleo. Sara R. Gallardo, periodista y activista por los derechos de las personas con problemas de salud mental, nos da su visión sobre el tema.

El trabajo nos proporciona autonomía, nos hace crecer y desarrollar nuestras capacidades y nos da un lugar en el mundo. Para muchas personas con problemas de salud mental el trabajo supone justamente la frontera entre el sufrimiento psíquico y su superación. Volver a la rutina, verse capaz de afrontar decisiones profesionales, arrinconar los pensamientos intrusivos… son situaciones que pueden suponer un gran cambio en el autoconcepto y que incluso inciden en la mejoría del propio trastorno.

Sin embargo, los problemas mentales todavía arrastran un gran estigma. Para las personas con sufrimiento psíquico las palabras son muy importantes. En sociedad, no resulta igual autodenominarse enfermo mental que loco o persona psiquiatrizada. Y, en cualquier caso, buscar trabajo presentándose como tal o explicando el problema concreto todavía suele suponer un rechazo inmediato. Según Salud Mental España (antes FEAFES), actualmente un 84 % de los diagnosticados por problemas mentales no tiene trabajo. Hoy en día existen algunos recursos posibles para evitar estas situaciones, como los programas de inserción laboral.

 

 

El programa Incorpora Salud Mental de la Obra Social ”la Caixa” atendió en el año 2016 a más de 4.500 personas con trastornos mentales que buscaban trabajo o que querían reincorporarse al mundo laboral. De ellas, 1.300 consiguieron un empleo gracias a este proyecto. En el año actual, con datos cerrados a 31 de agosto, las cifras igualan prácticamente a todo 2016: de 4.553 personas atendidas se han conseguido 1.234 inserciones a escala nacional.

Pero las cifras no lo son todo. Detrás de ellas hay rostros concretos y hay historias. Y el trabajo, como dice Mª Dolores Solé, representante de la Unidad Técnica de Medicina del Trabajo del CNCT, es bueno para la salud y el bienestar, pero siempre y cuando las condiciones de trabajo sean correctas. Perder un trabajo, ser un parado de larga duración o no encontrar tu primer empleo pueden ser factores condicionantes para el desarrollo de un trastorno mental. Un año de desempleo multiplica por ocho ese riesgo. Pero la precariedad, la presión o el estrés, mantener varios trabajos a la vez, los pagos atrasados o inminentes (una hipoteca, un alquiler, hijos), etc. pueden conducir, de igual modo, a una recaída.

Intentar cumplir con las exigencias de un mundo enfocado a los resultados y que deja de lado las necesidades, aspiraciones o particularidades de las personas resulta frustrante sin una sociedad concienciada con la enfermedad mental. Hay que repensar el mundo desde una mirada humana para que los actores sociales trabajen por reducir y prevenir el sufrimiento psíquico, sea o no patológico. Y no es un problema de unos pocos: en el 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Necesitamos espacios de igualdad y respeto, pero también empresas más humanas y una sociedad que acepte su diversidad, sin prejuicios. Una sociedad que les pregunte a los sufrientes qué quieren y cuáles son sus aspiraciones como individuos.

 

Texto: Sara R. Gallardo