Pensar que unas prácticas de periodismo en Tokio te van a cambiar la vida es algo normal. Pero de entre todas las posibilidades de cambio, ninguno de nosotros hubiera considerado el periodismo de cuarentena, narrar los hechos desde una habitación en la gran urbe nipona, a causa de una pandemia. Es lo que le ha pasado a Demófilo Peláez, uno de los becarios seleccionados en la XIV edición del Programa de Becas de Periodismo ”la Caixa” – Agencia EFE, la mejor beca del oficio, según las universidades españolas. Una oportunidad para vivir un momento histórico y para hacer revisión de aquello realmente esencial en la vida… y en el periodismo. 

“La vida te va a cambiar”, me decía todo el mundo, en los días previos a mudarme a Tokio para hacer prácticas en la delegación de la Agencia EFE, gracias a una beca de la Fundación ”la Caixa”. Era ilusionante, pero también un poco frustrante: vale, me cambiará, pero, ¿cómo? Si hubiera sabido lo que sé ahora, debería haber respondido que, en realidad, la vida les iba a cambiar a todos.

 

Ilustración hombre confinado trabajando desde el sofá y sello con flor

 

La COVID-19 se extendió por Japón antes de llegar a Occidente, pero el número de contagiados en el país nipón (cuando se escriben estas líneas, unos 5.000) no ha crecido tan exponencialmente como en otros países. En los últimos días, los casos han aumentado a mayor velocidad y la cuarentena parece inevitable. Hasta ahora, había sido opcional.

No sé si cambio yo o más bien cambia el mundo. A fin de cuentas, llevo confinado en mi cuarto casi un mes y sobrevivo a base de teletrabajo y videollamadas con España. Las oportunidades de aprendizaje siguen siendo impresionantes, pero es fuera donde está ocurriendo todo. Y yo estoy dentro. Canturreo ese tema místico de George Harrison: “Without going out of my door, I can know all things on Earth / Without looking out of my window, I can know the ways of Heaven”. 

Desde mi ventana, no se ven los cerezos que ya han florecido y han cubierto las calles de Tokio de un blanco rosado, pero sé que están. Desde aquí no puedo ver cómo los organizadores de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y el Comité Olímpico Internacional han decidido que estas Olimpiadas se disputarán entre el 23 de julio y el 8 de agosto del año que viene, pero sé que así es y así lo hemos contado en EFE.

Tampoco viví cómo los Juegos de Tokio 1964 simbolizaron el milagroso renacer nipón después de las bombas atómicas y la II Guerra Mundial, pero me impresiona igual. Y ahora no podemos imaginar las competiciones de Tokio 2020/2021, pero podemos tener la esperanza de que todo esto puede enseñarnos que, tras las dificultades, volveremos (como indica el lema olímpico) más rápidos, más altos, más fuertes

Cuando salgamos, todo será diferente, salvo alguna cosa. No parece haber cambiado en Japón el poco gusto por besar y abrazar, como si hubieran previsto lo que acabaría pasando. En ese sentido, todo el mundo se ha niponizado a la fuerza. Y creo que es en eso, precisamente, en lo que la pandemia me ha hecho mejor. Porque ahora pienso más que nunca en volver a besar y abrazar a mis tíos abuelos Mariani, Maruchi, Ana Mari y Manolo, y a mis abuelos, Kati y Juan.

 

Texto: Demófilo Peláez, becario de la XIV edición del Programa de Becas de Periodismo ”la Caixa” – Agencia EFE
Ilustración: Virginia Nicolau