“Si ves que empiezo a temblar, cógeme fuerte”, le dice el compañero que padece autismo al que está a su lado. El escenario es el circo Price de Madrid, donde niños y niñas de diferentes colegios se han juntado en las gradas para cantar. En el centro de la pista están sus familias, cada una con una “mochila” distinta: unas llevan el peso de la drogadicción y otras cargan con la de los trastornos psicológicos, o la pobreza. Pero hoy eso queda al margen, porque todos son uno. Son UBUNTU: un proyecto musical y educativo que forma grandes coros con cientos de jóvenes y la orquesta Carlos III. Además de música, aprenden a romper las diferencias sociales. Por eso, ha sido reconocido en los premios Grandes Iniciativas, impulsados por la Fundación Atresmedia y la Fundación ”la Caixa”.

Empezaron en el curso pasado con 780 participantes. Para la representación del año que viene (si la pandemia lo permite), cuentan ya con más de 8.000. Es el éxito de UBUNTU, un proyecto que forma coros de jóvenes concebido para que se sientan parte de algo bello y grande, sea cual sea su situación y condición. “Lo que diferencia nuestro proyecto es que está centrado en la inclusión y la transversalidad de los contenidos: educación en valores, integración y crecimiento”, dice Juan Manuel Alonso, director de UBUNTU. En la misma entidad facilitan los materiales a los profesores que, “con ilusión y entrega se apuntan. Y trabajan el aspecto musical e integrador a través de guías didácticas que les preparamos de forma específica e intensa”. 

 

Ilustración coro UBUNTU

 

El gancho que lanzan a los chicos y chicas de entre 9 y 13 años que participan es el hecho de poder estar sobre un escenario. “Es su gasolina para trabajar los materiales durante el curso. Pero la magia ocurre en el aula, donde aprenden a convivir a pesar de sus diferencias. Saben que lo que cuenta es que tienen que cantar todos juntos. Que no importa tanto si suena bien o suena mal. Entienden que han de ir todos juntos, que han de ser ubuntu, que significa ‘ir todos juntos a por un objetivo’, porque cada individuo es importante”, cuenta Juan Manuel.

Nuria Hernández es la directora del colegio Ramón María del Valle Inclán de Madrid, uno de los centros participantes en UBUNTU. En su colegio, el 94 % del alumnado está en situación de vulnerabilidad. “UBUNTU nos enamoró porque quiere normalizar la situación que padecen nuestros alumnos. Pero trabajando en el proyecto, se dan cuenta de que da igual de dónde vengan. Son uno más dentro de un gran grupo que no funciona si falta alguno de ellos. Y es un mensaje que nos gusta mucho darles a los chicos y chicas que participan”. 

De hecho, Nuria comenta que la parte que más cultivan, y que considera fundamental en educación, es el trabajo emocional del alumnado. “Por desgracia, el sistema educativo relega asignaturas como la música o las artes plásticas a un segundo plano. No las considera importantes. Pero para nosotros son fundamentales. A través de este tipo de asignaturas estableces un diálogo emocional con el alumnado que no es posible establecer en matemáticas o en lengua”. UBUNTU les ha dado la oportunidad de trabajar en esa gestión emocional. “Vemos familias con problemas muy graves cada día. Desde violencia hasta drogadicción. Y sabemos que si no les ayudamos a gestionar las emociones negativas que traen de casa, tenemos una bomba de relojería entre las manos”. 

Cuando el niño que padece autismo le hizo esa petición empática a su compañero de fila, consciente del momento y de la capacidad de quienes le rodeaban para ayudarle, Nuria estalló de alegría. “Le dije a Juan Manuel que me dejaran quedarme a su lado, porque gestionar una crisis de autismo es complicado. Y cuando vi que los compañeros le iban susurrando durante la actuación que cómo iba, no pude estar más orgullosa de todos ellos. Consiguieron hacer piña, grupo. Verse iguales. Ayudarse.”

Diego San Antonio, del Colegio Público de Educación Especial Princesa Sofía, se apuntó a UBUNTU con alumnos de edades más diversas, que van desde los 12 a los 20 años. Todos los chicos y chicas de su colegio tienen algún tipo de discapacidad: síndrome de Down, déficit de atención o TDAH, entre otros. “Con UBUNTU lo que conseguimos es que los alumnos de otros colegios los acojan como iguales. Y que ellos se sientan también iguales a los chavales que no tienen una discapacidad”.

Diego valora la gran capacidad de adaptación que demuestra su alumnado cuando se juntan con grupos de otros colegios. “Raramente sienten vergüenza a la hora de salir al escenario, y cuando están en él, lo dan todo. Y lo más bonito es ver cómo los alumnos de los otros colegios, cuando les ven, les ofrecen su ayuda y les arropan. De alguna forma, se rompen todas las fronteras raciales, de capacidad, de clase social, de situación personal”.

El gran concierto que Juan Manuel tenía previsto para este año no ha podido celebrarse a causa de la pandemia, sin embargo, “el proyecto continuó acompañando a los alumnos durante el confinamiento gracias al desarrollo de una app del proyecto, para seguir trabajando y aprendiendo”. 

Además, ya están preparando la edición de 2021. Casi 3.000 niños y niñas esperaban participar en el evento, para el que ya se están buscando más espacios. “UBUNTU está creciendo de forma orgánica y exponencial. Al grupo de 65 profesores locos, como yo los llamo, se unen cada vez más centros. Y para el año que viene estamos intentando dar un salto internacional. Tenemos peticiones de Vancouver y Suecia. Y eso es una buena señal”, afirma.

 

Texto: Itziar Lecea