“La pobreza en España tiene cara de niño”, nos dice sor Lucía Caram. Desde el convento de Santa Clara de Manresa, esta incansable activista dirige el programa Invulnerables que, con el apoyo de CaixaProinfancia, la Fundación FC Barcelona y el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat, está dándole la vuelta a una situación inadmisible. Todos los niños y niñas merecen contar con las mismas oportunidades. Todos merecen sentirse por un día capitán de barco.

Sor Lucía se define a sí misma como “una monja inquieta e inquietante”, y lo cierto es que no puede parar quieta un segundo. En este frío pero soleado día de noviembre, sor Lucía ejerce de maestra de ceremonias en el muelle de Barcelona. Altavoz en mano, dirige a los niños y niñas que participan hoy en la grabación del videoclip Un món, a partir de la canción compuesta por uno de los muchos voluntarios que la siguen en Invulnerables. Después de la grabación, la fiesta seguirá nada menos que con un paseo en barco, una experiencia que pocos niños habrán tenido la oportunidad de haber vivido antes.

 

 

La canción habla del futuro, de un futuro más justo para los que han nacido en un entorno desfavorecido y, aquí, todos (educadores, padres, responsables de Invulnerables) están convencidos de que los esfuerzos que se están llevando a cabo traerán grandes oportunidades para los que, hasta ahora, han vivido una infancia llena de carencias. “Los niños y niñas son víctimas por partida doble, nos dice sor Lucía. Primero, porque la necesidad no les deja tener una visión de futuro y, segundo, porque eso les impide vivir como niños. Si se tienen que preocupar por lo que van a comer hoy, difícilmente van a poder hacer planes”.

Lo primero es, por tanto, satisfacer las necesidades más básicas: la alimentación, pero también el material escolar y la asistencia médica. Pero para romper con la pobreza hace falta mucho más, e Invulnerables presta también ayuda a los padres en su formación y en la búsqueda de empleo. “Establecemos un plan de trabajo integral con las familias y les damos lo que necesitan, no lo que tenemos. Lo que falta lo buscamos en las empresas, los clubs deportivos, las escuelas de idiomas o los particulares.”

En el ámbito psicológico, la labor de la fundación también resulta esencial a la hora de transmitir autoestima y de inculcar a los niños y niñas la idea de que todo es posible para ellos. Pilar Izquierdo es la coordinadora del programa en Manresa: “No solo nos fijamos en el éxito escolar, hacemos hincapié en que los niños y niñas se conozcan a sí mismos y sean conscientes de sus posibilidades”. En este sentido es importante que su tiempo de ocio sea realmente una oportunidad para pasarlo bien y vivir nuevas experiencias, como es el caso de hoy con el paseo en barco. Según Pilar, “suelen tener una autoestima baja porque ven que no pueden hacer las mismas cosas que los demás y las actividades pueden romper ese estigma que viene de haber nacido en una determinada familia”.

Milagros, madre de tres chicas y dos chicos, es consciente de que la ayuda que le presta Invulnerables va mucho más allá de lo material: “Les cuento mis problemas porque sé que me van a escuchar, nos han abierto muchos caminos a mi familia y a mí”. En el mismo sentido se expresa Mireia, una joven madre para quien Invulnerables “es como una pequeña familia”.

A los niños y niñas participantes les brillan los ojos mientras siguen ensayando la coreografía de Un món. Si Sara, de nueve años, destaca que hacen unas “excursiones superguais”, Dunia, más madura desde lo alto de sus 14 años, aprecia especialmente los valores que les inculcan, como el respeto y la confianza en sí mismos.

“La pedagoga y diplomática Gabriela Mistral decía que para los niños y niñas el futuro es hoy, que mañana es demasiado tarde, y nuestra idea en Invulnerables es que solo podemos tener futuro si garantizamos el presente”, nos recuerda sor Lucía. Acto seguido, retoma su altavoz y vuelve hacia el grupo de chavales. El sol sigue brillando y ya hace menos frío.

 

Fotografía: Carla Step