Hay un capítulo del mítico libro Cien años de soledad en el que todos los habitantes de Macondo contraen una enfermedad que borra poco a poco su memoria. Estos, para luchar contra el olvido, empiezan a apuntar el nombre y la función de todas las cosas. No es difícil ver en la enfermedad imaginada por Gabriel García Márquez la que él mismo terminaría por sufrir décadas después: el alzhéimer. En el Día Mundial del Alzheimer, Barcelona borró el nombre de sus calles para concienciar a la gente sobre la enfermedad.

Durante tres días y hasta el 21 de septiembre, el barrio de Gràcia de Barcelona se convirtió en una especie de Macondo, pero al revés. En vez de escribir sobre farolas, bancos y el resto de cosas sus nombres, se sustituyeron las placas de cinco calles y una plaza por otras en blanco.

La iniciativa, impulsada por la Fundación Pasqual Maragall y la Obra Social ”la Caixa”, pretendía ayudar a la gente a entender mejor lo que supone sufrir esta enfermedad, experimentando en primera persona algunos de sus primeros síntomas: la desorientación y el olvido de cosas tan cotidianas como el nombre de las calles por las que pasean todos los días.

 

Al no poder recordar hasta lo más ordinario, las personas con alzhéimer necesitan cuidados las 24 horas del día. Quienes estén a su lado tienen que ser personas fuertes. “Pero ser fuerte no significa tener que hacerlo todo solo«, puntualiza Eric, voluntario de la Fundación Pasqual Maragall. Este es uno de los mensajes que quería transmitir la campaña. “No hay que tener miedo de pedir ayuda. En la fundación, por ejemplo, tenemos un programa que da apoyo psicológico al cuidador”.

No hay que olvidar que el alzhéimer es una enfermedad y no una consecuencia de hacerse mayor, aunque también es verdad que, con el aumento de la esperanza de vida, cada vez hay más casos. Hoy en día, una de cada diez personas mayores de 65 años lo padece y, si sigue sin cura, para 2050 podrían ser el triple. Ahora es fundamental investigar para entender cómo funciona y así poder prevenirlo y diagnosticarlo a tiempo. Esta es la base de uno de los estudios de la Fundación Pasqual Maragall, que busca anticiparse a la enfermedad antes de que sea irreversible.

Es extraño pensar que los lectores de García Márquez nunca olvidarán sus páginas, y que, en cambio, la enfermedad quizá hiciera olvidar al escritor que su Macondo había llegado a existir alguna vez. Es extraño pensar que uno necesite llenar de pósits las cosas para no olvidarlas; tan extraño como real. Pero si todos colaboramos a nuestra manera con la investigación, conseguiremos que en el futuro el alzheimer sea tan solo un recuerdo.

Fotografía: Rita Puig-Serra