Los seres humanos podemos sentir hasta seis emociones distintas: alegría, miedo, rabia, tristeza, asco y sorpresa. Por supuesto, también en el trabajo, y sobre todo cuando este consiste en ayudar a otros. Es por eso que profesionales del ámbito social, como los técnicos de inserción laboral, han de saber gestionar bien sus emociones para poder ayudar mejor a sus usuarios. Y para ayudarles a ayudar, el programa de inserción laboral Incorpora de ”la Caixa” les ofrece formación mediante sesiones de coaching, como las impartidas antes del estado de alarma en Girona por Anna Ventosa con la coordinación de Roger Casero. Un abanico de herramientas, trucos y experiencias que les ayudan a superar creencias limitantes, mejorar la comunicación con las personas que buscan trabajo y conseguir que estas tengan un futuro profesional que les motive.

Son las 9.30 h en punto de la mañana y una docena de técnicos de inserción laboral se preparan para una de sus sesiones de coaching. La mayoría trabaja en entidades de la provincia que ayudan a personas con vulnerabilidades físicas o psíquicas, y todos saben que en la emoción está la clave del éxito. “Trabajas con personas en situaciones complicadas, empatizas mucho con ellas y siempre tiendes a querer ayudar un poco más. Cuesta no absorber el estado del otro, poner límites”, confiesa Marta Martínez, de la Fundación Drissa, que trabaja con personas con problemas de salud mental. “También es muy frustrante contactar con las empresas en frío para conseguir que ofrezcan empleo a estas personas, porque falta conciencia social. Y cuando un caso que estaba encaminado de repente se te desmonta y tienes que volver a empezar, te puedes desmotivar”, comparte Raül Núñez de Arenas, de la Fundación Astrid-21, una fundación que trabaja por la calidad de vida de las personas con discapacidad psíquica y diversidad funcional.

 

Ilustración dos personas ayudándose

 

Para Marta, lo mejor de estas sesiones de Incorpora es que le permiten encontrar herramientas para “trabajar los retos de mi día a día, conocerme mejor y tener estrategias con los usuarios”. Y ahí es donde entra la executive coach Anna Ventosa, con sus juegos, ejemplos y dinámicas. “No les ofrezco teoría sobre su trabajo, sino cómo desarrollar las habilidades personales que todos podemos desarrollar”, explica esta formadora de técnicos. “Trabajar con personas con circunstancias personales o mentales complejas es una labor muy complicada que puede afectarte de forma potente. Así que, en la sesión de hoy, les daré herramientas de autogestión emocional para que hagan lo que ellos quieran, y no lo que quieran sus emociones”.

Primera lección del día: aprender a cambiar etiquetas. Etiquetas que nos ponemos a nosotros mismos y a los demás antes siquiera de actuar, y que condicionan todas nuestras acciones. “La etiqueta nos define, no al revés”, afirma Anna. “Cambia tu etiqueta de desmotivado por la de motivado o la de triste por la de alegre y cambiará el enfoque de todo lo que hagas. No es que te hipnotices, sino que tú decides. La vida depende de la forma en que la miras”.

Pero una de las dinámicas que más sorprende y gusta a los técnicos es la del refuerzo positivo: por parejas, mirándose a los ojos, se dicen, de forma improvisada, algo que les gusta de la otra persona. Y así con todos sus compañeros. ¿Resultado final tras una docena de piropos? ¡Sentirse francamente bien! “Generas emociones positivas que puedes incorporar en el momento idóneo, para un resultado más potente con los beneficiarios”, concluye Marta. “Yo lo hacía en un formato más estático, y me ha gustado mucho cómo lo ha hecho Anna, de una forma más dinámica que voy a empezar a aplicar enseguida”, asegura el prospector y orientador de Astrid-21.

“Cuando vas a la peluquería y te gusta el peinado que te hacen, la vas a recomendar, ¿verdad? Pues es lo mismo con los conceptos y herramientas de coaching: primero tienes que vivirlos e interiorizarlos para verlos y entonces saber en qué circunstancias pueden irle bien a otra persona”, ejemplifica esta coach que alaba el gran beneficio social que aporta el trabajo de técnicos como Marta y Raül.

“No es solo lo que saben, sino cuánto de su persona ponen para conseguir ayudar a alguien: energía, compromiso, generosidad… Cosas que no se aprenden en la universidad pero que ellos tienen, porque, si no, no estarían haciendo este trabajo. Una labor importantísima en la que yo, con estos talleres, solo pongo un granito de arena que ayuda a esta obra social tan impresionante”.

 

Texto: Ana Portolés
Ilustración: Tamara González