The Kinks lo hicieron con una bailable crítica al consumismo y The Who, convirtiéndolo en un capítulo más de su ópera-rock Tommy. Otis Redding, con la elegancia que le caracterizaba, y RUN-DMC no fallaron al llevarlo a su estilo callejero. El punk también se apuntó a la fiesta de los villancicos, ya fuese con los endulzados Ramones o con los contestatarios Sinestro Total. La Pantoja lo hizo mirando a su tradición, y The Killers sacan uno todos los años (unas veces con más fortuna que otras). Aunque quienes convirtieron el villancico en símbolo de una generación fueron John Lennon y Yoko Ono. El caso es que todo el mundo le ha cantado canciones a la Navidad, de todo tipo de géneros y épocas. Este año, también lo han hecho niños y niñas que participan en el programa CaixaProinfancia. Y lo han hecho, sobre todo, desde la amistad y la unión de culturas.

Al principio son un pelín tímidas, cantan flojito y mirando más al suelo que al frente. Pero en cuanto cogen carrerilla no hay quien las pare y se arrancan hasta con un villancico en clave rockabilly (pasos de baile incluidos, ojo). Son las niñas del coro de la Fundación Terral, situada en el barrio del Raval. Y, junto a otros pequeños cantantes del proyecto Clavé XXI, son también las protagonistas de la felicitación navideña que la Obra Social ”la Caixa” ha preparado para estas fiestas.

 

 

Su repertorio es tan variado como sus nacionalidades (por la fundación pasan niñas y mujeres de hasta 21 países diferentes). En la felicitación cantan el Aleluya de Händel y celebran los diez años de CaixaProinfancia. Diez años creando e impulsando proyectos que ayudan a los más pequeños a construirse un futuro, un hogar, una comunidad. Para los peques, el coro no es solo una actividad musical; es también una manera de estar juntos, de sentirse parte de un todo. Ensayan cada semana con Mariona Fernández, directora del coro del Palau de la Música y “una de las razones por las que me gusta tanto estar aquí”, confiesa una de ellas, Cris. Al preguntarles por sus villancicos favoritos, todas están a favor de los clásicos, pero también hay hueco para nombres como Mariah Carey, Wham! o Chuck Berry.

“Lo que buscamos en la fundación es dar herramientas a las niñas y a las mujeres del barrio del Raval para que puedan ser autónomas y construir su futuro”, cuenta Concepció, directora de Terral. Hace dos años se jubiló tras una vida dedicada a enseñar química y física, pero quiso seguir dedicando su tiempo a la educación de los jóvenes, y ahí está, día tras día, trabajando mano a mano con las voluntarias y las chicas. “Al final, el coro es una manera de que las chicas se conozcan, aprendan una de la cultura de la otra y educarlas, así, en el respeto, mientras se divierten”, explica. Conocernos y respetarnos es la clave para construir hogares, para construir lugares donde quedarnos, donde poder sentirnos mejor tras un día frío.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra