El confinamiento por la COVID-19 nos está privando de muchas cosas: las escapadas de fin de semana, las fiestas con los amigos, los primeros días de playa… Sin embargo, todo son problemas menores comparados con los que viven estos días las familias con menos recursos. Como la de Lucía, una mujer gitana de Tortosa con ocho hijos, un piso de alquiler y un marido en paro desde junio. Por suerte, en su ciudad, proyectos como Ujaripén, que trabajan por la promoción educativa y cultural de la comunidad gitana junto con el Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) de la Fundación ”la Caixa”, les ayudan todos los días para que, gracias al esfuerzo de una gran red comunitaria, dispongan de todo lo que necesitan y nadie en su comunidad tenga que quedarse atrás.

Cuando, en enero del 2020, Lucía González dio a luz a sus mellizos, no se imaginaba que los primeros meses de crianza iban a ser así, “con tanta gente todo el día en casa (yo, mi marido, la Luci, la Nazaret, el Rubén, la Noemí, la Melody, la Conchi y los dos bebés), como comprenderás, es un follón porque, con tanto niño encerrado, al rato no pueden más, los pobres”, explica esta tortosina de 29 años. 

“El confinamiento para estas familias es un polvorín. La mayoría son familias extensas viviendo en infraviviendas. Y en esa situación, llevan una mochila de exclusión social que hace que sus competencias para educar y sus posibilidades materiales no sean precisamente las mejores”, apunta Neus Miró, referente de la entidad ACISI para el Proyecto ICI en Tortosa, una iniciativa que lucha por “superar la mera coexistencia intercultural en la ciudad para pasar a una interacción positiva de convivencia”

 

Ilustración flores y mujer gitana

 

Aun así, Lucía González y su familia van saliendo adelante gracias a varios recursos. Además de la ayuda familiar, cuentan con una tarjeta monedero en la que cada semana, en convenio con CaixaBank, la administración les carga el equivalente al comedor escolar, para poder usar en el supermercado. “Yo hago cálculos y voy a donde más me cunde”, destaca esta madre de familia numerosa. Y muy importante, cuentan con el apoyo infalible del programa Ujaripén en los estudios de los niños, al que la familia acude desde hace tres años, ahora telemáticamente. “Ellos están en contacto con el colegio y saben lo que cada uno de mis hijos necesita reforzar. Nos mandan deberes y nos llaman para explicarnos cosas”, resume Lucía. 

El programa está impulsado por el Ayuntamiento de Tortosa y las entidades Blanquerna, ACISI, Cáritas y Cruz Roja, y apoyado por el marco comunitario del Proyecto ICI. “Somos un equipo de cinco personas: una coordinadora, dos chicas del pueblo gitano de Tortosa, una antropóloga y una psicóloga”, nos cuenta Irene Segarra, responsable técnica de Ujaripén en el ayuntamiento. “Con la llegada de la COVID-19, nos activamos muy rápido. Por suerte ya teníamos grupos de WhatsApp con nuestros números personales y los de las familias. Y lo primero que hicimos fue hacer llamadas y videollamadas para ver cómo estaban y qué necesitaban: trabajamos mucho desde el vínculo, la emoción, el acompañamiento y la confianza. También nos pusimos en contacto con los centros educativos, porque muchas veces hacemos de puente entre ellos y las familias. Por ejemplo, cuando no tienen ordenador en casa, realizar según qué tareas puede ser difícil. Entonces les pedimos que nos manden una foto del trabajo a mano y nosotros la enviamos al centro por e-mail”, cuenta Irene, quien también destaca las tutorías, las horas destinadas a preguntar dudas, la vinculación con el centro para evitar el abandono escolar –sobre todo en la ESO– y la propuesta de actividades ahora más ligadas a la creatividad y el juego “para amortiguar los momentos difíciles”. 

Para Neus Miró, el hecho de que ICI lleve ya 10 años creando vínculos de confianza con la comunidad ha sido providencial. “Ha permitido que ante un descalabro como el actual, sea mucho más fácil articular su capacidad de resiliencia. No hay recelos entre personas, entidades e instituciones; estamos todos en el mismo barco”, asegura. “Y si antes los usuarios de cada entidad o de servicios sociales eran la preocupación de solo esa entidad o de servicios sociales, ahora contamos con un mapa compartido muy detallado de la vulnerabilidad de la ciudad. Y tenemos muy claro quién llama a quién para no hacer 400 llamadas a las familias desde cada recurso o servicio. Ahí entra nuestro trabajo de coordinación. Así logramos, por ejemplo, que las 700 tarjetas monedero fueran repartidas por la policía local en pocos días”. 

En estos días de confinamiento, los retos para las asociaciones de la ciudad aparecen donde menos te los esperas. “De repente te llama una y te pregunta si es verdad lo que ha oído en un audio de WhatsApp sobre el efecto del virus en los niños… Nos hacen infinidad de preguntas que les generan ansiedad. Nosotras contestamos a todo, aunque sean las ocho de la noche, y pensamos cómo deshacer los bulos para el resto de la comunidad”, nos cuenta Irene Segarra. “Por otro lado, solemos dar por supuesto que en todas las casas hay una libreta, un boli y cuatro colores, y resulta que no. Y es clave para los niños y niñas, para su función psicoemocional, porque dibujar es una forma para que los pequeños se gestionen sus emociones, se desestresen y vivan mejor a través de la creatividad. Así que fue vital conseguir este material a las familias gitanas”, indica Neus Miró.

Pero las sorpresas también son para bien. “La respuesta de la ciudadanía ha sido increíble. En seguida organizaron una iniciativa de balcones solidarios para asegurar que las personas que no pueden salir tengan comida y medicamentos asegurados”, destaca la responsable de la entidad ACISI. “A mí me ha sorprendido que las familias, con sus vídeos y fotos, nos hayan dejado entrar en sus casas y en su intimidad, además de toda la colaboración y los agradecimientos recibidos, sobre todo el día que les montamos un vídeo felicitándoles el 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano, que fue impresionante. Tú haces tu trabajo porque piensas que lo tienes que hacer, pero ellos lo reciben como algo realmente excepcional”, cuenta emocionada la responsable técnica de Ujaripén. 

Desde el ayuntamiento, ya se están planteando cómo resolver los problemas que traerá la era post-COVID a estas familias en situación socioeconómica precaria. De momento, Lucía disfruta de pasar más tiempo con sus ocho hijos “que antes, cuando volvían por la tarde, era ducha, cena y a la cama”, y sueña con un mundo sin coronavirus en el que “no sé qué haremos, pero seguro que algo que haga que los niños sean muy felices, porque se están portando como campeones”.