Se levanta con esa parsimonia que tanto caracteriza a la gente del sur, pasea su mirada por el auditorio y con la autoridad que le concede haber construido su empresa desde la nada lanza la pregunta que nadie quiere escuchar: “¿No estaremos repitiendo los mismos errores de siempre?”.

Según la agenda, estamos en el turno de conclusiones del congreso “Rural Innovation & Social Entrepreneurship” que ha organizado Development Alternatives en sus oficinas de Nueva Delhi. Durante tres semanas, este edificio será mi oficina de trabajo. Estamos en la India, como voluntarios del programa CooperantesCaixa, trabajando en el desarrollo de Work4Progress, un proyecto que apoya la (auto)creación de empleo para mujeres y jóvenes desde un enfoque de innovación social.

El edificio en el que trabajaremos es muy singular, porque está construido bajo las premisas de los ecosistemas sostenibles que ellos mismos han desarrollado: ladrillos fabricados con una tecnología propia que les permite ahorrar un 40 % de los costes, y maderas recicladas, donadas por la empresa alemana Puma, que han colocado en el vestíbulo de la entrada, junto a la tienda. Este último espacio es relativamente reducido, pero desprende una magia especial. Llaman mi atención unos lápices de colores irresistibles que esconden semillas donde debería ir la goma de borrar: amarillo para el curry, azul para el comino, rojo para el tomate y así hasta 12 colores. Es como todo lo que nos rodea: sencillo y práctico. Objetos todos con un hilo en común: están realizados gracias a las iniciativas que apoya Development Alternatives.

Son la prueba tangible de cómo las pequeñas cosas pueden cambiar la vida de las personas. Ya sean de las montañas del norte o, como Ragh, de las playas del sur. Ragh es el emprendedor que lanzó al auditorio esa pregunta que en sí misma era todo un desafío. Sé su nombre porque estuvimos hablando durante la pausa para el café. Su tarjeta de visita indicaba que su nombre completo es K. Raghunandan. “La K viene por parte de mi padre”, me dijo. Y luego añadió que lo de abreviar a Ragh era una muestra de la cortesía de la cultura de la India.

 

 

Una cultura en la que resalta un firme convencimiento de la necesidad de cambiar los problemas que nosotros denominaríamos endémicos y que Ragh prefiere calificar de orgánicos. Ragh se refiere a la necesidad de incorporar praudyogikee (tecnología) en todas las capas de la economía; en especial, en las zonas rurales. La sorpresa viene ahora: cuando Ragh habla de tecnología no se refiere al mismo concepto que se nos viene a la cabeza a nosotros cuando hablamos, pongamos por ejemplo, del Mobile World Congress. Ragh no habla de big data, inteligencia artificial o realidad aumentada, sino de lo que nosotros llamaríamos mecanización o industrialización.

Ragh, sin conocerlas, habla de un grupo de mujeres de Maharapajura (Madhya Pradesh), una de las zonas rurales con mayor pobreza de la India y que tuve la ocasión de visitar durante mi estancia. Allí nació y vive con su familia Prahba Rajpoot. Su trabajo, al igual que el de las mujeres de los 18 pueblos que conforman la comunidad de esta zona, se limitaba a ordeñar vacas y limpiar sus excrementos. Ahora se dedica al negocio de las especias y emplea a cinco mujeres a tiempo completo. ¿Cómo ha sido posible este cambio?

Prahba asistió a un programa de formación de tres días dentro del proyecto Work4Progress. Sí, tres días. Allí nació esta historia que ilustra a la perfección la teoría que planteaba Ragh. Durante su formación, Prahba vio una oportunidad en algo en apariencia tan sencillo como la necesidad que tienen todas las familias en la India de condimentar la comida. ¿Qué tiene que ver esto con la tecnología? Desde el punto de vista de la innovación social, unas herramientas tan sencillas como una prensadora (que mecaniza el proceso de mezclar las especias) o una balanza (que garantiza que el contenido que empaquetan sea el correcto) también son tecnología.

Identificar una oportunidad así solo es posible desde la cocreación, un proceso —parte del ADN de Work4Progress— donde se identifican las oportunidades de creación de empleo de manera conjunta con los potenciales emprendedores. Una vez identificadas las habilidades de cada emprendedor, se les da formación en los principios básicos de gestión de una empresa.

Por eso, para las más de 500 mujeres y jóvenes que han creado sus propios trabajos bajo el marco de Development Alternatives y Work4Progress, una prensadora y una balanza son praudyogikee. Entender que esta tecnología, este detalle en el proceso, les cambiará la vida es lo que convierte al proyecto Work4Progress en un motor del cambio para las mujeres y los jóvenes de las zonas rurales de la India.

 

Texto: Lola Pardo