El talento natural de Helliot Baeza para la danza parece no conocer límites ni barreras. Nacido con síndrome de Down hace 30 años en un pueblo de Sevilla de menos de 5.000 habitantes, la vida de este bailarín no para de girar, envuelta en una pirueta vital y profesional con la que ha burlado el que parecía ser su destino. Tras años como miembro estable de la compañía Danza Mobile, acaba de estrenar su primer espectáculo en solitario y tiene por delante una agenda internacional que le llevará a escenarios de tres continentes.

Aparece Helliot en escena con el rostro oculto detrás de una máscara. Es una cabeza de caballo que conecta a este bailarín con su origen rural en Castilblanco de los Arroyos, un paraje ubicado en la Ruta de la Plata que enlaza el sur de la península con el resto de Europa desde la dominación del Imperio romano. Sobre este trazado milenario que conecta su pequeño pueblo con el mundo parece estar construida la imparable carrera artística de Helliot Baeza, un joven de asombrosa intuición y talento para la danza contemporánea que acaba de estrenar el primer solo de danza que se conoce interpretado por un bailarín con discapacidad intelectual.

 

 

“Es impresionante ver cómo Helliot soporta en solitario una coreografía de 55 minutos, con música, textos y más de ocho cambios en escena.” Nos lo cuenta el bailarín y coreógrafo Antonio Quiles, profesor en el Centro Ocupacional de Artes Inclusivas Danza Mobile, donde se forma Helliot desde que era un niño. “Siempre me he sentido muy atraído por él, cada vez que lo veía bailar en clase pensaba que podía estar preparado para actuar solo encima del escenario”, recuerda Quiles. Y no se equivocaba. Después de meses de ensayos, “y de muchos cafés compartidos para conocernos mejor”, el pasado 14 de marzo se estrenaba Helliot, espectáculo que tiene ya comprometida una gira internacional con parada en Alemania, Rusia, Turquía y México.

Helliot habla del amor, de la infancia, de la identidad… “Es un trabajo que pretende dar un salto de la intimidad a lo universal y que pone el foco en las cuestiones que nos igualan a todos los seres humanos, no en lo que nos diferencia”, explica el coreógrafo. Para el joven bailarín, todo es cuestión de intuición y de mucho trabajo —baila tres horas diarias de media—, además de valentía. “Aquí soy yo mismo, es mi corazón”, nos cuenta Helliot con una sencillez que desarma.

Quizás por eso, para que lo vean tal y como es, el espectáculo empieza con su protagonista escondido tras esa cabeza de caballo que evita que el espectador identifique a Helliot por sus rasgos faciales y permite que lo valore, simplemente, como el bailarín que es. “Es impresionante ver las reacciones de sorpresa del público cuando se deshace de la máscara”, reconoce Antonio Quiles, quien resume así de claramente su trabajo con Helliot Baeza: “Lo miro y flipo con él”.

Danza Mobile, que cuenta con el apoyo del Programa de Ayudas a Proyectos de Iniciativas Sociales de la Obra Social ”la Caixa”, es un bellísimo ejemplo de inclusión social a través de las artes escénicas. Con más de 20 años de existencia y 25 espectáculos estrenados, destaca por la formación continua de intérpretes con capacidades diferentes en su centro de creación de Sevilla. “Cuando ya has roto un techo de cristal como hemos hecho nosotros, piensas que es difícil seguir, pero siempre nos lanzamos a hacer más cosas, a dar un paso más allá”, cuenta Quiles. Y el resultado hoy es Helliot, que interpela al espectador con un mensaje de profunda confianza en las capacidades humanas.

 

Texto: Amalia Bulnes
Fotografía: Luis Serrano