La COVID-19 ha demostrado que es mejor tender puentes que alzar muros si queremos lograr una sociedad más cohesionada. Y esto adquiere especial importancia en sociedades donde conviven personas de diferentes culturas. La clave está en el diálogo. Y esto es precisamente lo que hace el Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI): construir enlaces para facilitar el diálogo en comunidades donde viven personas de distintos países, culturas o religiones. Así, en un milenio que ha pulverizado las fronteras, la Fundación ”la Caixa” apoya el reto número 10 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, para lograr un mundo en que todos nos sintamos protegidos y respetados sea cual sea nuestro color de piel, la lengua que hablemos o la religión que profesemos. Porque el mundo necesita a las personas. Y las personas necesitan al mundo.

Para conocer mejor las iniciativas que se están llevando a cabo en el contexto actual en las zonas de alta diversidad cultural de nuestro territorio, hablamos con Carlos Giménez, director científico del Proyecto ICI; Susana Camacho, coordinadora de ICI en Cañada Real (Madrid), desde la Fundación Secretariado Gitano y Accem; y Luz Jaime, técnica municipal de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Toledo.  

¿Qué podemos hacer para evitar las desigualdades en entornos interculturales?
Susana: Lo que podemos hacer es poner en marcha políticas que las reduzcan y ver la diferencia cultural como un potencial. Por ejemplo, las personas extranjeras hablan muchos idiomas y vienen de múltiples profesiones. Sin embargo, al llegar aquí pasan a ser personas inmigrantes no regularizadas, y con eso las estamos etiquetando de manera injusta.

Carlos: Hay que valorar positivamente la riqueza de expresiones culturales y también conectar a los vecinos y vecinas poniendo el acento en lo que les une –como las preocupaciones por el barrio o el hecho de ser padres y madres de compañeros de colegio– y aprovecharlo para construir un proyecto común en su zona. 

Luz: La mayor responsabilidad que tenemos como administración pública es dar una respuesta global a las necesidades de los ciudadanos, y qué mejor manera que una organización comunitaria con la que abordemos de forma transversal las realidades de las personas e impulsemos procesos sostenibles. Con estas premisas obtenemos una mayor implicación de todas y todos en incluir a toda la diversidad existente en nuestros territorios.

 

Personas de diferentes culturas abrazándose

 

¿La crisis sanitaria actual está afectando más a zonas con gran diversidad cultural?
Carlos: Sabemos que esta crisis sanitaria está siendo especialmente dura en los entornos más vulnerables, y buena parte de estas minorías residen allí. Por eso hay que tener en cuenta aspectos como la precariedad laboral, el acceso a una vivienda digna, la comprensión de la información en las distintas lenguas o la tramitación de las ayudas.

Susana: Trabajo desde hace más de 10 años en la Cañada Real Galiana, donde conviven personas de 17 nacionalidades distintas y hay bastante desigualdad socioeconómica. Para mí, la clave está en cómo se accede a los recursos y al mercado laboral. Por ejemplo, hay personas de origen extranjero que tienen dificultades con el castellano y no entienden los carteles de las oficinas del Servicio Público de Empleo… 

Luz: Afortunadamente, ya existían diagnósticos previos donde se había reconocido y contado interculturalmente con todas las personas y comunidades. También existía un proceso de trabajo, con alianzas y confianza. Todo esto nos ha permitido afrontar estas situaciones de forma más cohesionada, equitativa y resiliente.

¿Qué problemáticas se están dando en estos entornos ahora mismo y qué se está haciendo para ayudar?
Luz: La mayoría ya existían, agravándose ahora muchos casos y situaciones, aunque hay otras que están surgiendo a raíz de la pandemia: trabajadores que se quedan en paro, personas mayores solas, cierre de pequeños comercios o la brecha digital, que afecta al aprendizaje de los escolares. A través de la organización comunitaria, en momentos como este se facilita la unión de fuerzas, el aprovechamiento de los recursos y el sentido global de las acciones.

Susana: Respecto a la brecha digital, de las 8.000 personas que viven en la Cañada Real, casi 3.000 son niños y niñas en edad escolar. Y hay familias de cinco miembros con un solo ordenador o teléfono móvil para todos. Gracias a la identificación previa de ese alumnado, los profesores han creado material escolar específico para que puedan acabar el curso en igualdad de condiciones. También es muy importante el servicio de traducción de carteles a varios idiomas y la mediación intercultural, que está llevando a cabo una labor importantísima de traducción para los médicos. 

Carlos: Lo que ha ocurrido en la Cañada Real es paradigmático. Por sus características, podría haber sido un lugar donde la pandemia hubiera hecho estragos. Pero no ha sido así. ¿Por qué? Porque cuenta con siete años de trabajo previo por parte del Proyecto ICI y las entidades, y con una red comunitaria amplísima donde ha circulado bien la información veraz. 

¿Qué importancia tiene el trabajo en red?
Carlos: Nuestro maestro Marco Marchioni, quien nos dejó el pasado mes de marzo, ya nos indicó la importancia del trabajo cooperativo entre instituciones, profesionales y ciudadanía. Y vemos que ahora se validan los 10 años que llevamos trabajando en el Proyecto ICI: iniciativas como el banco del tiempo, de alimentos, los cuentacuentos itinerantes o las microactividades educativas están funcionando muy bien porque existe esta red de trabajo, con un equipo comunitario que está sirviendo de enlace. 

Luz: Hemos comprobado que, en cualquier comunidad, uno más uno no son dos, sino que el efecto se multiplica por cinco cuando hay organización y una estructura comunitaria en la que cada vecino, cada técnico, es un recurso para la comunidad. Por eso debemos aliarnos, compartir la responsabilidad, sentirnos unidos y reforzados para aprovechar mejor los recursos y, sobre todo, sentir que formamos parte de los objetivos compartidos de nuestros territorios.

Susana: También es vital identificar los liderazgos comunitarios. En la Cañada, llevamos dos años trabajando muy estrechamente con las asociaciones vecinales. De hecho, durante el confinamiento hemos trabajado, como piezas de un puzle, casi 200 profesionales de 15 ONG, educadores sociales y ciudadanos, todos conectados desde nuestras casas. Y cuando volvamos a vernos, juntaremos las piezas y formaremos el puzle completo. 

¿Cómo pueden ayudar proyectos como el ICI durante la pandemia?
Carlos: A corto plazo, lo prioritario es ayudar en la emergencia, no solo facilitando que la acción institucional y social sea lo más eficaz posible sino que se haga de forma participada. Luego, tenemos que aprender de la crisis para fortalecer las comunidades, haciendo que estos barrios sean más resilientes, con toda su diversidad y todas sus problemáticas. Tenemos que salir de esta con la convicción de que juntos, todos y todas, somos más fuertes.

Luz: A través del trabajo generado en las mesas de Vivienda, Empleo, Educación y Salud, informamos comunitariamente, desmintiendo bulos que muchas veces crean inseguridad y, como ya hemos señalado, adaptamos la información a las lenguas de origen con la finalidad de que nadie se quede atrás. Es crucial reforzar las redes existentes y conectarlas con la Administración.

Susana: Somos expertos en una cosa que me gusta mucho: aprovechar encuentros improbables. Y la COVID-19 ha sido algo que nadie esperaba, pero que nos sirve para aprender. El Proyecto ICI aporta una mirada colaboradora y solidaria, capaz de ver la igualdad en la desigualdad y de detectar la oportunidad en el dolor y el miedo.

 

Fotografía: Míriam Herrera (izquierda) y Laia Sabaté (derecha)