“Las cosas suelen ir siempre a peor”, cantaban hace unos años Los Punsetes, pioneros en hacer del pesimismo un género musical. Que no viene a ser más que una reformulación en clave pop de la famosa ley de Murphy. Y este creer que el mundo va de mal en peor es, en verdad, una opinión tan difundida como equivocada. Como demostró el médico en salud pública Hans Rosling en su charla “Cómo no ser un ignorante en el mundo”, vivimos uno de los mejores momentos de nuestra historia, en todos los rincones del mundo. Y esto es gracias al esfuerzo de muchos, entre ellos la alianza para la vacunación infantil GAVI y la Obra Social ”la Caixa”. Diez años de colaboración que han conseguido acercar las vacunas a más de 4,5 millones de niños, dando una oportunidad de vida a toda una generación.

Hace 10 años, expresiones como “tuitear” o “dar un like” sonaban a que te estabas inventando palabras sobre la marcha. Hace 10 años, también, ni sabíamos qué era un dron, ni nos podíamos imaginar que el libro que habías comprado en Amazon te lo llevaría a casa un robot volador. En los últimos tiempos, el desarrollo de nuestras sociedades ha pegado un acelerón increíble, pero no solo en tecnología. El porcentaje de población que vive en situaciones de pobreza se ha reducido a la mitad en 20 años. El 91 % de las personas tienen ahora acceso a agua potable (frente al 76 % de 1990). Y la tasa de mortalidad infantil es la mitad que la de hace 10 años.

 

 

Que el mundo avanza para todos es precisamente lo que quieren celebrar con la campaña Decennials la Obra Social ”la Caixa” y GAVI, una organización que trabaja con entidades públicas y ciudadanos para que las vacunas puedan llegar a los niños de todo el planeta. Serán ya 10 años de trabajo conjunto. 10 años y más de 4,5 millones de niños vacunados. 10 años en los que se ha evitado la muerte prematura de millones de niños que ahora forman parte de algo muy grande. Una nueva generación que ha cambiado la demografía de sus regiones, llenado de esperanza a sus comunidades y aumentado la esperanza de vida de sus países exponencialmente.

Las cosas pintan que van a mejor, sí. Pero hace unos años, el gran Eduard Punset dijo que el hecho de que todo el mundo hubiera muerto hasta ahora, no era prueba suficiente de que él también fuera a morir. Fiel a su estilo provocador, lo que quería decir era sencillamente que ojo con dar las cosas por hecho. De nosotros depende que el porcentaje de la población mundial que aún vive en extrema pobreza pase del 9,6% (según datos de 2015) a cero absoluto. Y también está en nuestras manos que muchos millones de niños más puedan tener acceso a las vacunas en los próximos años.

¿Y por qué esas cuestiones nos incumben a todos? Más allá de las razones humanitarias obvias, porque un niño sano es un niño que puede ir al cole, y un niño que va al cole es un niño con futuro. A partir de ahí, quién sabe, quizá el día de mañana ese niño hasta sea el responsable de alguno de los avances tecnológicos o sociales que cambiarán radicalmente la vida en este planeta. Si queremos que los tiempos que vienen sean todavía mejor que los pasados, tenemos que seguir trabajando juntos por las próximas generaciones.

 

 

Fotografía: GAVI/2007/Marc Mbumba Kumbu