Los kilómetros no deberían existir cuando algo es importante. A día de hoy, 19,4 millones de niños no reciben las vacunas básicas. Esta cifra está disminuyendo gracias a personas como Marie-Ange Saraka-Yao, directora de la alianza para la vacunación infantil GAVI, en colaboración con la Obra Social ”la Caixa” y la Fundación Bill y Melinda Gates. Su objetivo: acercar las vacunas a cualquier rincón del mundo, por más remoto que sea.

A veces la lejanía nos hace desconectar y sentir que los problemas de esas personas sin nombre que vemos a través de las pantallas o escuchamos a través de la radio no son tan importantes como los nuestros o los de nuestro vecino. Afortunadamente, un niño es un niño, aquí y allí. Tiene nombre y apellidos. Ríe, salta, come, baila, aprende y corre como todos.

Trabajar para que los niños de países menos favorecidos puedan tener un futuro es la labor de Marie-Ange Saraka-Yao. “Quiero que todos los niños del mundo tengan acceso a las vacunas”, confiesa. “No sé si es una utopía, pero es mi visión, mi sueño, y todos necesitamos un sueño para seguir avanzando.” Un sueño que presupone un largo recorrido, pero que empieza a mostrar los primeros avances: desde el año 2000 se han vacunado ya casi 600 millones de niños en 73 países, y se han evitado 8 millones de muertes prematuras.

 

 

“Yo soy de Costa de Marfil y, al principio, mi objetivo era llevar a África la vacuna contra la malaria, una enfermedad terrible con una gran incidencia”, confiesa, “aunque ahora veo que las más importantes son las vacunas contra la neumonía y la diarrea, que matan a más niños, y la del papiloma humano, tan importante para las niñas porque causa cáncer cervical”.

Pero no solo se trata de ayudar a los más pequeños, sino a toda la sociedad. “Si los niños están sanos, pueden ser educados y luego ser productivos, y sus padres no han de dejar de trabajar para cuidarles. Vacunar a los niños es el primer paso para poder construir una sociedad más sana y ecuánime, y hacerlo de otro modo sería como pretender que un castillo de cartas se aguantara firme y sólido durante décadas. “Al evitar enfermedades infecciosas y epidemias”, sentencia Saraka-Yao, “el mundo se vuelve un lugar más seguro, lo que también interesa a los gobiernos”.

 

 

Marie-Ange lo tiene claro: “Si gastamos 20 céntimos en prevenir ahora, evitamos que más tarde las familias tengan gastos de 200 dólares de hospital si el niño se pone enfermo, lo que puede representar sus ingresos de todo un año. Y el hecho de tener un mercado tan amplio hace que el sector privado también encuentre un incentivo para producir más vacunas a un precio más bajo. Al final, uniendo lo mejor de los dos mundos –inversiones e iniciativas privadas como la de la Obra Social ”la Caixa” y la Fundación Bill y Melinda Gates, y la experiencia de líderes globales en salud– todos salimos ganando”. Y lo más importante es que todos podemos ayudar. A veces la distancia no es relevante. A veces contribuir a un mundo mejor es tan fácil como un par de clics.

 

Texto: Ana Portolés