“Ser diferente es bueno.” “¿Por qué?” “Porque gracias a la diferencia aprendemos cosas nuevas de los demás y hacemos amigos. Si todos fuéramos iguales, qué aburrimiento”, comentan los alumnos del IES Joanot Martorell de Esplugas de Llobregat. La semana pasada, una clase de 1º de ESO asistió a la proyección de la película sobre acoso escolar Wonder en la sala de actos de CaixaForum Barcelona. Los alumnos se sumergieron en el universo de su protagonista, Auggie Pullman, y se fueron de allí entendiendo que si nuestros caminos se cruzan con individuos que no son como nosotros, es para aprender unos de otros y así convertirnos en mejores personas.

Auggie es un niño de 10 años con una deformidad facial que, además de haberle hecho pasar 27 veces por quirófano, le ha enseñado a ser tan valiente como los caballeros jedis a los que admira desde el sofá de casa. Su coraje y sus ganas tremendas de disfrutar de nuevas aventuras en el colegio consiguen que ni las burlas de sus compañeros de clase puedan con él. Y este espíritu de superación ha dado toda una lección de vida a un grupo de chavales de 1º de ESO. “Además de analizar valores como el respeto y la convivencia, con esta actividad hablamos sobre el acoso escolar y sobre la diferencia como algo positivo”, cuenta Sandra Montserrat, educadora que lleva a cabo la actividad en CaixaForum.

 

 

Durante la sesión, la historia de Auggie remueve las consciencias de los estudiantes y amplía los horizontes de su capacidad de convivir: “Si queremos que nos respeten, tenemos que respetar a los demás”, dice uno en el debate posterior a la proyección. “Me gusta el personaje de Summer, porque sigue siendo amiga de Auggie aunque todos se rían de él”, comenta una chica. “Nada, y mucho menos el físico, debe hacer que nos burlemos de otros compañeros”, señala otro.

No hay libros de texto que enseñen a los adolescentes lo difícil que es ser adolescente. Alzar la voz ante las injusticias puede hacer que uno termine comiendo el bocadillo solo en una esquina del recreo, y callar a veces implica acabar haciendo daño a otro sin quererlo ni beberlo. Gestionarlo no es fácil. Un chico y una chica se lanzan a explicar su historia ante el grupo. Confiesan que se arrepienten del acoso que le hicieron hace un año a una compañera. “Al principio nos metíamos con ella porque nos parecía divertido”, reconoce el chico, “pero, cuando me di cuenta de que eso le hacía estar triste en clase, no volví a hacerlo más”. La chica, por su parte, añade que “si pudiera volver a atrás, la ayudaría y le diría que no se crea nada de lo que la gente dice. Y, a los demás, les pediría que la dejaran en paz”.

“Convivir con estas dinámicas nos hace normalizarlas, naturalizarlas, cuando en realidad son una gran lacra de nuestra sociedad. Hay niños a los que les destroza la vida”, afirma Sandra Montserrat. Afortunadamente, esta experiencia nos ha enseñado que, mientras haya debates sobre el acoso escolar en clase que nos hagan pensar y películas que pongan en evidencia las historias que llenan a diario los pasillos de los institutos, cada vez más adolescentes aprenderán de sus errores y dejarán de lado sus prejuicios, y muchos otros empezarán a alzar la voz ante tales injusticias. No hay una fórmula exacta que diga cómo debemos tratarnos los unos a los otros, pero está claro que si nuestros caminos se cruzan, es para sumar. Juntos somos más fuertes. Como dice Auggie al final de la película: “Sé amable porque todo el mundo libra una dura batalla”.

 

Texto: Alba Losada
Ilustración: Oscar Llorens