No es lo mismo bajarse del caballo que caerse de él. No es lo mismo dejar el trabajo por otro mejor que ser despedido. Y desde luego que no es lo mismo viajar por placer que emigrar obligado por las circunstancias. En el 2018, casi la mitad de las personas refugiadas atendidas por los servicios municipales de Barcelona provenían de América Latina. Y toda esa soledad, incertidumbre, peripecias y miedo, durante el viaje y la adaptación al nuevo país, necesitaban ser contados por sus protagonistas: Anita de Chile, Christian de Colombia, Brenda Biaani de México, Augusto y Miguel de El Salvador, y hasta 40 personas que han participado en el proyecto colectivo de creación y edición literaria “En palabras [relatos migrantes]”, organizado por la cooperativa Connectats con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona y Art for Change ”la Caixa”.

Es viernes por la tarde y la sala Joan Maragall del barcelonés Pati Llimona empieza a llenarse de gente. Muchos vienen para escuchar algunos de los poemas y relatos escritos durante los ocho meses que duró el taller “En palabras [relatos migrantes]” y, otros, como Miguel Ayala, que escapó de la violencia de El Salvador, o Brenda Biaani León, que abandonó su Oaxaca natal buscando amplitud de miras y conocimiento, serán los protagonistas que lean sus experiencias convertidas en literatura de alta calidad.

 

Ilustración taller de escritura para emigrantes

 

“La idea nació una tarde del 2017 mientras el gestor cultural Diego Salazar y yo nos tomábamos un café en el barrio del Poble Sec”, explica María Ríos, editora y coordinadora del proyecto. “Los dos somos colombianos y nos contábamos nuestras experiencias, y se nos ocurrió juntar la temática de la migración con la escritura creativa, usar el poder de la escritura para conseguir ordenar y digerir esas experiencias migrantes, traumáticas o no”.

En el caso de Brenda Biaani, “la etapa más difícil fue cuando me di cuenta de que quería quedarme en Barcelona y la ciudad por un lado me recibía con las puertas abiertas y por otro, me echaba; todo al mismo tiempo. Me vi en un bucle legal tremendo, me enfermé y no podía acceder al CAP, y recuerdo la soledad de pensar que, en mil kilómetros a la redonda, no había nadie a quien yo le importara. Caí en depresión, pero, por suerte, unos amigos que sabían que escribir es mi pasión desde siempre me llevaron hasta el taller, y eso ha sido gran parte de mi rehabilitación. Me ayudó a conocerme y reafirmarme”, relata.

“En mi caso, yo tenía aquí unos tíos y pensé que en seguida retomaría mis estudios universitarios, en marketing o periodismo, y podría trabajar”, nos cuenta Miguel. “Pero eso fue en el 2018, y justo ahora van a darme el permiso de trabajo. Ha sido un año perdido. Lo bueno de estar en Barcelona es su gran diversidad cultural y haber dejado atrás la violencia de mi país. Pero aquí a veces sientes que, antes que ser humano, eres migrante”, asegura esperando que, tras regular su situación, el futuro le depare algo diferente. “Supe del taller por Facebook, y son la gente más maravillosa que he conocido. Además, el hecho de escribir me aporta valor y me permite conocerme más. He tenido unos profesores muy buenos. Mi preferida es Tania Pleitez: impresionante”, asegura el salvadoreño.

“A los profesores que queríamos para el taller, también los contactamos tomando cafés y contando muchas veces nuestra historia. Fue una cadena boca-oreja hasta encontrar a todos esos talleristas tan maravillosos e inspiradores”, dice María orgullosa del programa conseguido. “Carmen Simón ha sido muy importante para mí”, confiesa Brenda. “Nos animó mucho y nos reforzó la autoestima. Pero también me encantó Yezid Arteta, Tania… Buf, ¡tendría que nombrarlos a todos!”.

En su segunda edición, “En palabras” ha podido contar con escritores y escritoras latinoamericanos en activo como talleristas durante más sesiones, realizar más eventos en público y editar su primer libro, Relatos migrantes, de inminente publicación, gracias a la colaboración del programa Art for Change ”la Caixa”. Este mismo mes empieza la tercera, que durará hasta diciembre. “¡Y esperemos que siga!”, desea la coordinadora del proyecto junto a Diego Salazar.

“Hemos creado una gran red, todos los que participamos en este espacio somos ya como una familia y hemos llegado a la tercera edición. Ahora necesitamos seguir contando los relatos migrantes, que se sigan conociendo y divulgando las realidades de los latinoamericanos y latinoamericanas que vivimos aquí, y que se abran más espacios de diálogo con la ciudadanía local”. Poco después de decir estas palabras, la puerta de la Sala Maragall se cierra y, a juzgar por el lleno casi completo, los deseos de María y los otros miembros de esta familia ya han empezado a hacerse realidad.

 

Texto: Ana Portolés
Ilustración: Sergio Membrillas