Hablar de tirar la soga, de los birlos y del churro, mediamanga, mangotero es hablar de otros tiempos. Es hablar de una época en la que no existían ni los ordenadores ni los coches, y en la que los niños hacían de cualquier calle su patio de recreo particular. Ahora las cosas han cambiado. Los chavales de ahora nacen con el móvil bajo el brazo, y son los coches los que invaden las calles. Pero gracias a las personas mayores que participan en la iniciativa aragonesa Juegos tradicionales, viajar en el tiempo ya no es un sueño de la ciencia ficción: para volver a disfrutar de esa época solo hace falta algo tan sencillo como un pañuelo, un aro o una chapa.

En el centro de la cuerda, cuelga un pañuelo. A un lado, sujetando un extremo de la soga, un equipo. En el extremo opuesto, el equipo rival. Un, dos, tres… ¡y a tirar! El equipo más fuerte, el que consiga llevarse el pañuelo a su terreno, gana. Esta es la mecánica que hay que seguir para jugar a tirar la soga y viajar en el tiempo con la iniciativa Juegos tradicionales, una de las acciones locales que el programa de Personas Mayores de la Obra Social ”la Caixa”, en colaboración con el Instituto Aragonés de Servicios Sociales y otras entidades y agentes regionales, organiza por todo el territorio para fomentar la participación social de este colectivo.

 

 

Así, un par de veces al año, los voluntarios del Centro de Mayores de Balsas de Ebro Viejo (Zaragoza) y de la asociación AVIMAR pasan el día junto con chavalines de entre 5 y 12 años. A veces los visitan ellos en el cole, otras les invitan a pasar el día en el centro. Juntos cantan canciones tradicionales aragonesas, bailan y, sobre todo, juegan a juegos de antaño que, sin embargo, triunfan como la Coca-Cola entre los pequeños.

Las instrucciones para pasárselo en grande, además, son tan sencillas como imaginativas: “Coges una lata de sardinas”, explica Antonino, voluntario de la iniciativa, “luego, una bobinica de las carruchas de coser y una suela de alpargata que haga de caballo, ¡y ya tienes un carrico!”. ¿Quién necesita tecnología cuando puede fantasear? Y, con un par de tapones de botella y una pared cualquiera, juegas a las chapas. “Tiras la chapa contra la pared para que rebote”, explica José Ginés, otro voluntario, “y gana quien se acerca más a la chapa que ha tirado el del turno anterior. Aunque uno de los juegos con los que los críos mejor se lo han pasado”, prosigue, “ha sido el redoncho: se coge un aro (por ejemplo, la llanta de una bici) y se tira con una mano y, luego, en la otra tienes un palo metálico que sirve para hacer rodar el aro. Se hacen carreras y todo. Parece sencillo, ¡pero se necesita mucho equilibrio!”.

Todos estos juegos fomentan la creatividad de los chavales y les animan a reconquistar las calles, a hacer de cualquier rincón de la ciudad un lugar donde jugar. Charo, directora del centro, subraya, además, lo fácil que es que los niños hagan nuevos amigos con estos juegos, ya que “casi que te obligan a buscar a otro compañero de juego y a ser generoso: si el otro no sabe jugar, o le enseñas o te aburres como una ostra”.

Escuchando a las personas mayores los chavales aprenden valores, curiosidades varias y un montón de cosas que, de tan olvidadas, para la mayoría de ellos son nuevas. Y es que aprender a jugar a los birlos, a tirar la soga o al redoncho es también una manera de luchar juntos contra el olvido y de hacer que la imaginación y la generosidad con las que crecieron otras generaciones no se pierda nunca.

 

Ilustración: Leire Salaberria