Escribía el filósofo Michel Onfray que, ante la explosión glacial de un iceberg, el hombre se enfrentaba a su condición de partícula impotente, recordándonos lo ridículo de nuestras preocupaciones. Y hace tiempo que los expertos consideran los ecosistemas árticos como indicadores de la salud de nuestro planeta. Como la estrella polar, que nunca duerme y sirve al navegante para no perder el rumbo, el Ártico nos recuerda nuestra posición en el mundo. Sin él, estamos perdidos. La exposición “El Ártico se rompe”, promovida por la Obra Social ”la Caixa”, plantea ahora un viaje a los sueños polares, un paseo inmersivo en el que descubrir los secretos y el valor de esta tierra tan salvaje como fascinante.

Aunque hayan pasado casi 200 años desde que el primer navío se aventurara por el Ártico, y aunque ya nadie se crea las leyendas que afirmaban que reptiles inteligentes habitaban esas tierras, todavía desconocemos un montón de cosas sobre ese territorio que está lo más al norte del norte que se puede estar. ¿Sabrías explicar, por ejemplo, la diferencia entre un glaciar, un iceberg y una banquisa? ¿Cómo hacen las plantas para sobrevivir en el hielo? ¿Y por qué, en realidad, los osos polares son negros? Son algunas de las dudas resueltas en la muestra “El Ártico se rompe”, que puede visitarse hasta el 8 de septiembre en el Parque Amestoy de Castro-Urdiales (Cantabria) y, del 13 de septiembre al 13 de octubre, en Bilbao.

 

 

Si todavía desconocemos tantas cosas de la región polar es debido, en su mayor parte, a que no es precisamente el sitio más accesible y cercano del planeta. Así que, si la gente no va al Ártico, que el Ártico vaya a la gente: la muestra exhibe una instalación que simula un paseo entre icebergs y, además, en todo momento el visitante está acompañado de paneles interactivos y de unas instantáneas del prestigioso fotógrafo Andoni Canela que le acercarán a la realidad más reciente de la región ártica.

De esta manera, como si de un explorador abriéndose paso entre el hielo se tratara, el visitante irá descubriendo las cuatro temáticas de la muestra –sobre el clima ártico, la fauna y la flora polar, la cultura de sus habitantes y las auroras boreales– hasta llegar a la sala final: un espacio circular donde una canción en lengua sami acompaña una proyección de las maravillosas “luces del norte”. Un testimonio de un mundo misterioso y sagrado que quizás tenga los días contados.

De hecho, justo el pasado 1 de agosto agotamos “el presupuesto ecológico” de todo el año. Lo que viene a decir que, en poco más de medio año, ya hemos usado más recursos naturales de los que el planeta es capaz de producir. Mientras tanto, bajo el hielo ártico se esconden enormes reservas de gas natural, petróleo, carbón, níquel y hasta oro. Pero este posible deshielo, lejos de ser una oportunidad, sería más bien una catástrofe a escala mundial: con más inundaciones que nunca, la Tierra jamás volvería a ser tal y como la conocemos. Que sus paisajes helados e inhóspitos no confundan a nadie: salvar el Ártico es, como poco, salvarnos la vida.

 

Fotografía: Andoni Canela