La verdad es que la definición de ‘viajar’ deja poco lugar a la imaginación: según el mismo diccionario, significa, sencillamente, trasladarse de un lugar a otro. Con la vuelta a casa termina también el viaje, y lo vivido se convierte en un recuerdo. O puede que, cerrados los diccionarios, no sea tan sencillo: viajes como el de Cristina y Rosabel, voluntarias del programa CooperantesCaixa de la Obra Social ”la Caixa”, son recorridos cuyo final no se encuentra solamente en el destino.

En coche, en avión, en tren, y hasta en globo aerostático para los más nostálgicos. A lugares tan helados como la Antártida o tórridos como el Sahara. Por trabajo, para hacer turismo, para desconectar o para buscarse a uno mismo. Hay tantas maneras de viajar como lugares, medios de transporte y razones para hacer las maletas. Pero también hay viajes que siguen durando incluso después de volver a casa, viajes en los que la experiencia va mucho más allá del lugar de destino. Un ejemplo son los impulsados desde hace ya una década por el programa CooperantesCaixa, a través del cual trabajadores de la Fundación Bancaria ”la Caixa” viajan a países de todo el mundo para ofrecer asistencia técnica en proyectos de desarrollo socioeconómico. Entre los 39 trabajadores seleccionados este año se encuentran Cristina Pastor y Rosabel Blanco, quienes acaban de volver de cooperar en uno de los proyectos que la ONG Cesal coordina en Perú.

 

 

Durante tres semanas, las dos voluntarias trabajaron mano a mano con los agricultores de quinua de la región de Apurímac. Allí elaboraron un plan de exportación del producto, ayudaron a fortalecer la cooperativa agraria fundada el año anterior y a obtener el certificado de comercio justo y de producto orgánico. Hasta dieron una conferencia de marketing y negociación internacional en la Universidad de Andahuaylas, a la que acudieron más de 200 personas. “Tuvimos reuniones con todo el mundo, estuvimos en un pasacalle y apoyando a la cooperativa con pancartas”, relata Cristina. Aun así, “te vienes con la sensación de que siempre te aportan más ellos a ti que lo que tú has dado”. Por su parte, Rosabel destaca que “estás en contacto con gente que apenas tiene un techo para dormir, y te reciben con los brazos abiertos y te invitan a desayunar en sus hogares. Éramos dos peruanas más.”

Un viaje que no solo deja tras de sí recuerdos y anécdotas, sino también amigos. “Vamos a seguir en contacto con ellos” comenta Cristina, “a seguir trabajando y ayudándoles, aunque estemos aquí en España”. Y es que, en palabras de Rosabel, “nos sentimos parte del proyecto y es por ello que queremos seguir viendo crecer este sueño”. Porque, una vez que dejas de admirar el paisaje para empezar a vivir en él, ciertos lugares ya nunca te abandonan.