Son espacios abiertos, pero invisibles desde el exterior. Espacios a medio camino entre lo personal y lo público. Hablamos de los patios interiores de las casas. Como estos, el género femenino ha estado tradicionalmente relegado a una posición más bien íntima, privada, fuera de la luz pública. Ahora la asociación uTOpia Barcelona, apoyada por el programa Art for Change ”la Caixa”, ha puesto en marcha el proyecto Patios Interiores, que busca empoderar y dar voz a las mujeres a través del teatro, convirtiéndolas a su vez en creadoras. Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, hablamos con Míriam Camps, dinamizadora teatral y una de las artífices del proyecto.

¿En qué consiste Patios Interiores?
Es un proyecto teatral que aplica la metodología del teatro de los oprimidos y las oprimidas, nacida en los años 70 en Brasil de la mano del dramaturgo Augusto Boal, aunque también participan profesionales de otras disciplinas artísticas como la fotografía, la percusión corporal o la danza contemporánea. La franja de edad de las participantes, la mayoría del barrio de La Verneda i La Pau, va desde los 25 a los 78 años; todo un espectro de edades y personas que lo que tienen en común es que son mujeres. Porque es un proyecto específico para mujeres: para hablar sobre ellas, sobre su socialización, sus cuerpos y sus experiencias. Esa es la premisa inicial. A partir de ahí, el contenido que se acabe trabajando saldrá del propio grupo.

¿Qué es exactamente este teatro de los oprimidos?
Se trata de poner en común las historias y vivencias de las personas participantes y de trasladarlas a escena mediante un proceso creativo compartido. Es una metodología que cree en dos cosas: que todo el mundo tiene capacidad creadora y que el cambio siempre es una posibilidad. De hecho, nosotros nos llamamos uTOpia Barcelona. Así que creemos en las utopías, aunque somos realistas: sabemos que no podemos cambiar el mundo entero de golpe, pero sí podemos hacer pequeñas acciones que de alguna manera produzcan un cambio en nuestro entorno.

 

 

Si la lucha por la igualdad es una cuestión de mujeres y de hombres, ¿por qué crear espacios solo para ellas?
Porque es vital que las mujeres tengan un espacio donde hablar en grupo de sus experiencias propias como mujeres. Esto no quiere decir que las acciones mixtas no tengan que existir. No se trata de ser radicales, sino de respetar las especificidades de cada colectivo.

¿Y por qué trabajar todo esto precisamente a través de la expresión corporal?
En el plano social, la palabra está más desarrollada. Hay muchos temas que hemos racionalizado, pero no los hemos experimentado a través del cuerpo. Y el cuerpo nos permite la vivencia, nos permite la emoción. Se trata de encontrar un espacio donde podernos expresar, donde encontrar nuestra voz. Es un camino que hay que seguir para luego poder expresarse también en otros ámbitos, más allá de los escenarios.

Por el momento lleváis una sesión. ¿Cómo fue?
En la ronda de presentaciones, ocurrió algo curioso. La primera comenzó diciendo su nombre y su edad. Siguieron las presentaciones y una dijo: “Yo me llamo tal, y nunca digo mi edad”. Y otra continuó: “Yo me llamo tal, y siempre han hablado de mi edad”. Es un detalle muy sutil, pero dice bastante de la situación de las mujeres. Muchas admitieron que mentían sobre su edad para no ser juzgadas, para que no les preguntaran cómo a esa edad aún no tenían hijos o hijas, por ejemplo, o no estaban casadas.

En la descripción del proyecto citáis una frase de Bertolt Brecht: “Nunca digan ‘es natural’, para que todo pueda ser cambiado”…
Tenemos que deconstruir lo que damos por hecho. Si aceptamos que las cosas son así, no hay posibilidad de cambio. Para despertar esa voluntad de cambio tenemos que estar dispuestos a cuestionarnos lo establecido y, luego, buscar alternativas. De hecho, una de las técnicas del teatro de los oprimidos y las oprimidas es el teatro fórum: tú escenificas una situación y el propio público busca alternativas y respuestas saliendo a escena. Porque es a través de la acción que se cambian las cosas.

Respecto a las mujeres, ¿qué damos por hecho y qué hay que cambiar?
Toda la sumisión, el imperativo de que las mujeres tienen que tener hijos o hijas, estar en casa, ponerse tacones y faldas, que cuando tu pareja te controla es por amor, que somos más emocionales que los hombres, más hechas para cuidar de la gente… Esto no significa que no tengamos estas cualidades. Ser consciente de que encima tuyo pesan todas estas condiciones no quiere decir que no puedas desligarte de ellas o que no sea legítimo tener hijos o hijas. Se trata solo de saber que tienes a tu disposición muchas otras opciones, además de las que siempre te han dicho y redicho. Es verdad que estamos mejor que antes, pero todavía queda mucho por hacer. El grupo de teatro que se ha formado en este proyecto, por ejemplo, es muy heterogéneo —no todas son del barrio de La Verneda i La Pau—, y creo que esto ha pasado porque, al final, pesa más el hecho de ser mujer que el barrio del que vengas. Si hay algo que nos une a todas y nos hace vulnerables, es nuestra condición de mujer. Tenemos que entender que no hay tanta distancia entre una mujer de clase alta y una de clase baja en lo relativo al concepto de mujer, porque todas estamos en el mismo punto: el de conseguir mejores condiciones para las mujeres. Todas compartimos la misma lucha.

 

Fotografía: Laia Sabaté