Tras 11 años dedicándose al cuidado de su familia, hace unos meses Henar decidió que quería volver a incorporarse al mercado laboral. “¿Me cogerán en algún sitio sin haber terminado la carrera? ¿Y qué voy a contestar cuando me pregunten qué he estado haciendo los últimos años?” Los miedos eran muchos. Henar tenía la sensación de haberse quedado atrás en esta carrera de fondo que a veces creemos que es la vida. Pero la vida no es un maratón olímpico: no hay dos recorridos iguales y cada reloj vital marca su propio tiempo. Ahora, con el apoyo de la asociación Espávila y el programa Incorpora de ”la Caixa”, Henar ha terminado por encontrar su propio camino y mucho más que un empleo.

“El año pasado por estas fechas estaba todavía encerrada en mi casa”, afirma Henar con la sonrisa de quien ha superado un gran bache. Dejó su empleo hace 11 años, cuando nació el menor de sus tres hijos y, al poco tiempo, le diagnosticaron ansiedad depresiva. Ahora, trabaja por las tardes en un supermercado y alterna las mañanas entre amigos y reuniones en el Ayuntamiento: en las pasadas elecciones de su pueblo fue elegida nada más y nada menos que concejala de Cultura.

Todo empezó el pasado mayo con el curso de integración sociolaboral que la entidad Espávila de Segovia ofrece dentro del programa Incorpora. Tres meses de clases en los que, mano a mano con los técnicos del programa y profesionales de diversos sectores, fue dándose cuenta de que siempre se puede salir adelante, por muchos años que uno haya estado sin empleo.

 

Ilustración integración laboral de las mujeres

 

“Además de las sesiones más técnicas sobre determinados empleos, trabajamos las competencias personales a través de actividades lúdicas”, cuenta Elena, técnica de Incorpora en Espávila. “Hoy en día, los trabajos están en constante evolución, por lo que las competencias técnicas se pueden llegar a aprender dentro del propio trabajo. Pero no puedes aprender a trabajar en equipo leyéndote un PowerPoint. Así, a lo largo del curso los participantes desarrollaron competencias como la adaptabilidad, moldeando, por ejemplo, un vaso con plastilina para transformarlo luego en una jarra. También realizaron juegos de rol para estar listos para atender a todo tipo de clientes. Y redactaron listas de sus puntos fuertes y débiles para aprender a valorarse y aceptarse.

“En el caso de Henar, todo el mundo sabía que era capaz de cualquier cosa… menos ella misma. El reto personal más grande como formadora fue que fuese capaz de verlo”, cuenta la técnica.” Pero, gracias a su gran espíritu de superación, Henar por fin empezó a confiar en sí misma. “He salido del círculo vicioso en el que me encontraba, y creo que esto también ha ayudado indirectamente a mis hijos, que lo vivieron conmigo. Ojalá mis hijas puedan decir que ‘si mi madre ha podido, en el futuro nosotras también podremos ser lo que queramos ser’”, afirma contenta. Porque, por mucho que con los años las tareas domésticas se vayan repartiendo mejor entre sexos, los cuidados —de la casa, de los hijos, de todos los demás— aún siguen siendo esencialmente femeninos, con todas las consecuencias para el desarrollo personal y laboral que ello comporta.

“Tenemos más casos de mujeres que dejan el trabajo por cuidar de su familia que de hombres”, apunta Elena. Según Henar, “es muy difícil encontrar un empleo que puedas compaginar con tu carga familiar, y más en un entorno rural. No es lo mismo vivir en Madrid o en Segovia capital que en un pueblo”, afirma, pensando en sus compañeras de trabajo. “Muchas no tienen carné, por lo que, cuando salen de trabajar a las 22h30, tienen que esperar casi una hora, al frío, a que pase el último bus que las lleva a casa. Si el autobús deja de pasar por lo que sea, ellas no tienen cómo volver y se ven obligadas a dejar un empleo sabiendo que, en su pueblo, no encontrarán otro”.

Los ejercicios de autoconocimiento que hicieron durante el curso le sirvieron a Henar para darse cuenta “de que tenía cosas de valor que aportar y de que mis hijos y mi vida también son un logro”. Y es que a veces parece que dedicarte a cuidar de tu familia es no hacer nada cuando, en realidad, el cuidado doméstico es un trabajo de 24 horas al día y 365 días al año.“El trabajo doméstico quema mucho, y las personas que están metidas en casa también necesitan de un desarrollo personal que es básico”, afirma Henar. “En este sentido, iniciativas como Incorpora me parecen imprescindibles para que todas aquellas personas que no se atreven a volver al mercado laboral porque creen que no tienen nada que aportar se lancen a intentarlo. Todas ellas tienen que saber que, si quieren, siempre van a estar a tiempo de cambiar su vida”.

 

Texto: Patri di Filippo
Ilustración: Irene Sánchez