Aún utiliza un nombre ficticio, pero asegura que es la única cautela que mantiene. Han pasado apenas nueve meses desde que tomó la decisión de cambiar de vida, pero su transformación personal y vital ha sido tal que le parecen siglos: “Soy una persona nueva”. Marta tiene 39 años, una hija de cinco, y ha sufrido malos tratos de su pareja durante más de una década. Después de pasar por el programa de Empoderamiento y Activación para el Empleo de COCEMFE e Incorpora de ”la Caixa” en Cádiz, ha conseguido emanciparse y lograr un trabajo de técnica administrativa en una gran empresa. “Ahora soy dueña de mi vida”, asegura.

Acababa de cumplir 30 años cuando un lupus eritematoso le atacó el rostro. Marta, joven, inteligente y con una sonrisa que ilumina la sala donde se produce la entrevista, le entregó en ese momento a su pareja otra arma con la que poder atacarla. “Las humillaciones eran continuas, pero ya cuando me quemaron la cara en una negligencia médica para tratarme el lupus, eran una constante: me decía que ya no podía escapar de él, que nadie me iba a querer con la cara así, que era un monstruo…”.

 

 

A las heridas físicas, las más visibles, Marta ha ido acumulando otras más subterráneas: “No me dejaba usar el móvil ni salir sola, me controlaba el dinero y no podía decidir ni la ropa interior que quería ponerme”, recuerda esta gaditana de risa contagiosa, que narra episodios tan macabros como “estar los dos delante de la tele y ver una noticia sobre la muerte de una mujer víctima de violencia de género y decirme: ‘así te vas a ver tú’”. Y de esas amenazas, al paso siguiente: las agresiones físicas. “No eran continuas, pero las hubo. Varias veces. Ahí me intenté marchar de casa, pero me sentía incapaz. No quería asumir lo que me estaba pasando”.

“Yo vengo de una familia normal, estructurada, de clase media. Tengo mis estudios y presumía de tener las ideas muy claras. Echando la vista atrás, una se pregunta cómo ha podido llegar hasta aquí, cómo pude ir renunciando a todo lo que me hacía persona“. En cuanto se armó de un mínimo valor —”me he llevado años paralizada por el miedo”—, buscó ayuda profesional —no lo había contado aún a nadie de su entorno— y la encontró en el programa de Empoderamiento y Activación para el Empleo para mujeres con discapacidad de COCEMFE y la Obra Social ”la Caixa”, a través del programa Incorpora. “Al principio, mi idea era empezar a recuperar la autoestima buscando trabajo, llevaba nueve años como ama de casa; así fue cómo conocí el programa”, relata Marta, que aún recuerda cómo a las primeras sesiones acudía “a escondidas”.

“La primera vez que hablé en alto de lo que me pasaba fue en una de las sesiones. Para mí fue una liberación comprobar que no era la única. Estaba rodeada de mujeres de todo tipo que contaban sus problemas y mi cabeza no paraba de dar vueltas. Es lo mejor que me ha pasado, ha sido fabuloso, porque sin ayuda externa es complicado salir de una situación como la que yo estaba viviendo”, relata.

Ha pasado poco menos de un año desde entonces, “pero parece una eternidad, porque soy otra persona ahora mismo… Si me lo llegan a decir hace un año, no me lo creería”, asegura. Trabaja a media jornada como técnica administrativa, ha recuperado la vida social con un grupo de amigas y, sencillamente, dice ser “feliz”.

“He recuperado la afición por la lectura, hago deporte, me maquillo y me arreglo”, bromea Marta, aunque su niña de cinco años y su recién estrenada vida laboral marcan las prioridades en las que trabaja actualmente: “Tengo perdidos dos años de mi hija. Era tan infeliz y estaba tan perdida, que puedo decir que casi no me acuerdo de ese período. Me ocupaba de ella lo necesario, pero a los niños hay que darles amor, y en eso estoy ahora mismo… Cada mujer necesita su tiempo, pero se puede salir“, dice a modo de alegato final esta gaditana a la que, según ella misma se define, le gusta “disfrutar de la vida”. Este es su momento.

 

Texto: Amalia Bulnes
Ilustración: Sonia Alins