Una masa de aire polar procedente de Groenlandia atravesaba la península ibérica: el frío y la lluvia ocupaban titulares en todos los medios. Esto pasó justo antes de la Semana Santa. Mientras, unas 50 personas compartían una sesión de trabajo en Barcelona. Preparaban un viaje. Irán a la India, Perú y Mozambique, bajo el proyecto #Work4Progress. Todos ellos son Cooperantes de ”la Caixa”. No viajarán solos, sino en equipos de dos a cuatro personas, organizados en base a la complementariedad de las habilidades y conocimientos de cada uno de ellos. En una escuela de negocios, a esto lo llamarían “hacer networking”.

Este factor traducido a pie de calle significa lo siguiente: vas a viajar durante tres semanas a un destino donde las condiciones de vida no tienen nada que ver con lo que estás acostumbrado y compartirás la experiencia con unos desconocidos. En una escuela de negocios, a esto lo llamarían “salir de la zona de confort”.

Todos somos conscientes de que esto no va de estar tres semanas fuera de casa. Antes tienes que recorrer un largo camino. El proceso de selección de los cooperantes no es especialmente sencillo. No se trata de formular un tema o un destino que te interese y “ya me llamarán si les encajo”. El proceso está diseñado para lo que en una escuela de negocios llamarían “garantizar el level of engagement”.

 

 

Dejando las cuestiones burocráticas al margen (apertura de la convocatoria, documentación para la solicitud…), hay un momento muy especial. Es el de la entrevista personal. Está diseñada para que te lo cuestiones todo. El objetivo es diagnosticar las habilidades profesionales y personales que permiten conformar equipos complementarios entre sí. En una escuela de negocios, a esto le llamarían “test de habilidades”.

Tú no lo sabes, pero los resultados de esta entrevista no solo serán fundamentales para garantizar el éxito del viaje, sino que, además, te ayudarán a explorar nuevos escenarios donde las cosas no son en blanco y negro. Un escenario donde “la cosa” va de pintar con colores. Esto es lo que aprendes ya en el primer encuentro con los cooperantes. Te ves allí, en una sala inmensa, rodeado de caras nuevas y para romper el hielo te asignan eso: un color. También te dan una paleta en blanco. A los que tienen colores primarios, les dan un bote de pintura. Los de colores secundarios o terciarios deben buscar a los de los primarios y fabricar sus tonalidades. Una vez tienes “tu color”, has de pedir que te escriban tu nombre en la mano. Aquí comienza una nueva fase de esta aventura. Ahora que ya tienes color y nombre, comienzas a ver los matices, las emociones de los que te rodean. Es en ese momento cuando has de buscar a las personas con las que vas a compartir tu experiencia como cooperante. Finalmente, cuando ya has dejado de ser un solo color para convertirte en una especie de arcoíris, es cuando te piden una última cosa: que pintes tu viaje en la paleta que te han dado.

El resultado es sencillamente abrumador. En la sala se hace el silencio. Durante unos minutos inagotables, en la sala de reuniones unas 50 personas comparten una catarsis colectiva. Las 50 pintan con sus colores: azul, amarillo, rojo, verde… Hace tan solo unos minutos eran unos desconocidos monocromos: blancos o negros. Pero ahora pintan con pleno convencimiento sobre lo que hacen. En esos momentos, encontrar el color preciso es lo más importante del mundo. En una escuela de negocios, a eso le llamarían “definir un objetivo”.

Unos meses más tarde, cuando ya sea otoño, estas personas se volverán a encontrar. Volverán a reunirse en una sala para compartir sus experiencias. En una escuela de negocios, a este encuentro lo llamarían “presentación de proyectos”. Pero, para explicar el proyecto de #CooperantesCaixa no nos valdría únicamente con lo que se explica en las escuelas de negocios. Porque, por poner un ejemplo, un par de semanas antes de que la masa de aire polar entrara en la península ibérica, un ciclón con vientos de más de 200 km/h y lluvias torrenciales, el Idai, atravesaba Mozambique. Casi 2 millones de personas se quedaron sin casas, comida ni ropa. Se quedaron sin nada.

Visto desde la distancia que hay entre esa sala de reuniones en Barcelona y un destino como, por ejemplo, Mozambique (7.723 km, para ser precisos), uno piensa en la nada o, más concretamente, en que no podemos hacer nada. Pero quizás esto no sea del todo cierto. Por lo menos esto es lo que pensaron las 50 personas que durante el encuentro de #CooperantesCaixa escucharon el testimonio de Gemma López, una enfermera de Salamanca que trabaja en Entreculturas. Gemma sabe de lo que habla porque lleva años trabajando para las personas que se han quedado sin nada. Ella les explicó que lo importante de una experiencia como la de #CooperantesCaixa no es lo que haces, sino el cómo lo haces. A eso, en una escuela de negocios lo llamarían “modelo de liderazgo”. A mí me gusta muchísimo más como lo llama Gemma. Ella, a todo esto, lo llama “estar en el lío”.

 

Texto: Lola Pardo
Ilustración: Malota