Creer en las personas, en su capacidad para crecer, trabajar y superar adversidades, creer en un futuro mejor y en una sociedad con más oportunidades, es creer en la educación. Hoy contamos el caso de Paulina, una madre para quien los talleres maternoinfantiles de CaixaProinfancia se convirtieron en su “otra familia”. Esta es una de las historias, de compromiso e ilusión, que inspira la nueva campaña de la Fundación que tiene como lema: Nosotros lo llamamos ”la Caixa”.

Paulina Valdez es una mujer ecuatoriana, madre de un niño de casi dos años con el síndrome de Ondine, una enfermedad que no tiene cura, caracterizada por la ausencia del control central de la respiración y por la disfunción del sistema nervioso autónomo. “Una amiga me habló de la Asociación Valdeperales. Me dijo, cuando tuve al niño, que allí había una psicóloga y que me vendría bien, porque al principio lo pasé muy mal”. Paulina llamó al centro y empezó muy pronto a participar en los talleres maternoinfantiles del programa CaixaProinfancia, que lleva funcionando en la asociación desde el 2007. “Y la verdad es que para mí ha sido como tener otra familia. Me ha venido muy bien porque he podido desconectar de todo lo que me estaba pasando. Aquí lo comentamos todo, yo explico los progresos de mi niño y me apoyan como en ningún lugar.”

 

 

A Cristopher, su hijo, le diagnosticaron la enfermedad al mes y siete días de nacer. “Esto nos cambió totalmente la vida”, cuenta la madre. “Al principio fue muy duro. No pensábamos que esto nos pudiera pasar a nosotros. Nos sentíamos muy deprimidos, incluso culpables. Pero, gracias a las terapias y mucha ayuda, nos hemos ido quitando todo eso de encima y lo llevamos mucho mejor. En los talleres me han dado herramientas para poder educarlo como se merece. Ahora ver crecer a mi hijo para mí es todo un éxito. Él es quien me ha enseñado a luchar y a ser fuerte”.

Mónica Sagardoy es psicóloga y directora de los talleres maternoinfantiles de la entidad. “Nunca estás preparado para educar. Todos cometemos errores y, de hecho, no se trata de no cometer errores sino de aprender de ellos. Educar es un continuo esfuerzo de aprendizaje y adaptación a quien tienes delante. Y hay que afrontarlo con calma, tranquilidad y con un poquito de perspectiva para ver al niño en su originalidad y darle lo que necesita. Es así de sencillo y a la vez así de difícil”, cuenta con la sabiduría que le otorga, además de su formación, el hecho de haber criado a cuatro hijos.

En los talleres maternoinfantiles se da a las madres una ayuda integral. “Procuramos llegar a todos los aspectos de lo que es la educación y la relación con sus hijos”, explica la psicóloga. “Aquí ellas encuentran un espacio para aprender a educar al niño, según lo que necesite en cada momento de su vida”. A las madres se les transmite que hay que educar desde el respeto, desde la comprensión, poniendo límites, pero sin reacciones violentas ni castigos y ayudando al niño a entender dónde están esos límites y por qué. “Es mucho mejor que el aprendizaje venga desde dentro y no desde una imposición exterior. Es verdad que es más difícil educar así”, reconoce. “Requiere respeto y viajar muchas veces a la mente del niño”, pero, por otra parte, desde ese conocimiento “comprendes más, tienes más paciencia y puedes educar más a medio o largo plazo”, concluye.

Según Mónica, se centran tanto en las madres porque, para poder educar, ellas primero tienen que encontrar “calma y paz interior”. Se trabaja con ellas la autoestima o el cómo se sienten respecto a cómo las educaron sus padres. “Hay madres que están muy aisladas en casa, porque con un bebé de 0 a 3 años no pueden trabajar. El aislamiento y la soledad a veces producen tristeza e incluso depresión. Por eso el hecho de tener un espacio donde compartir y ayudarse entre ellas les va muy bien”. El objetivo de los talleres sobre todo es ayudar a la madre a crear un vínculo sano con el niño y esperar que eso repercuta en toda la familia. “En los primeros meses del niño la relación con la madre es muy estrecha, así que merece la pena dedicar un espacio a ese vínculo, que será una muestra de lo que ocurrirá en la vida social del niño en un futuro.”

 

Fotografía: Rita Puig-Serra