¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos? ¿Y cuando sentimos la pasión más arrebatadora? El doctor Ignacio Morgado, catedrático de psicobiología y director del Instituto de Neurociencias en la Universidad Autónoma de Barcelona, domina bastante el tema tras más de 40 años dedicado al estudio del cerebro y las emociones. Lo conoce tan al dedillo que está en condiciones de asegurar que no es una forma de hablar: el amor es ciego. Con su conferencia “La química del amor”, fue el primer ponente del ciclo científico “La lógica del amor”, organizado por CaixaForum Madrid. Y a juzgar por el abarrotado salón de actos, no cabe duda de que nos interesan los secretos de este sentimiento imprescindible.

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando nos enamoramos?
Que cambia. Todas las emociones, y el enamoramiento es una emoción, consisten en cambios que ocurren en el soma, es decir, en el cuerpo y en el cerebro. Una emoción siempre es una especie de revolución psicológica, que consiste en que el sistema nervioso autónomo se dispara cuando estamos en presencia de algo qu nos produce esa emoción y activa todo el organismo: el corazón late con más frecuencia, se segregan hormonas, cambia la frecuencia respiratoria, la resistencia eléctrica de la piel, se inhibe la digestión… y el cerebro percibe todos esos cambios, que él mismo está provocando, en forma de sentimientos.

 

 

Por tanto, al cambiar nuestro organismo con el paso de los años, ¿lo hará también nuestra forma de sentir el amor?
Desde luego. No es lo mismo el amor pasional de los jóvenes que el amor en la madurez. En el pasional, el cerebro segrega sustancias que son activadoras, elevan el estado de ánimo, te hacen sentir con más energía y más potencia, con una efusividad que desborda toda lógica. Y esa sustancia en concreto, la feniletilamina, es la que determina la pasión del enamorado joven; ese “te querré siempre”, ese “no puedo pensar en otra cosa”. Además, se ha comprobado mediante neuroimágenes que en el cerebro de los enamorados pasionales se desactiva la parte frontal, que es la del razonamiento y la lógica, lo que da la razón por completo a esa afirmación popular de que el amor es ciego; realmente lo es, ¡está probado científicamente! También durante el enamoramiento disminuye la segregación de serotonina, que es una sustancia cerebral estabilizadora de todas las funciones, lo que nos explica por qué el enamorado se siente en un mundo propio del que le cuesta salir. Pero afortunadamente eso no dura, porque no habría cuerpo que lo resistiera.

¿Y qué ocurre cuando vamos creciendo, cuando ese amor se “estabiliza”?
Cuando las parejas se estabilizan, el amor sale de esa fase de pasión y entra en otra mucho más relajada en la que ya apenas se produce feniletilamina. Por el contrario, hay más serotonina, se estabilizan las funciones cerebrales y también se liberan muchas sustancias que producen relajación, placer, tranquilidad, disminución de la ansiedad; como las encefalinas y las endorfinas, que se generan mucho en situaciones de caricias, de contacto físico. El amor maduro es mucho más soportable que el pasional joven. Pero en cualquier caso, todo amor es una emoción, un sentimiento, y como todos ellos, también el amor deriva de cambios fisiológicos, químicos y neuroquímicos.

Ya que hablamos de emociones, ¿cómo nos han afectado las redes sociales a la hora de compartir y gestionar esas emociones y sentimientos?
Las redes sociales están transformando el mundo, y desde luego también el amor. Hoy día, cuando mucha gente busca pareja, echa mano de las redes sociales y de aplicaciones específicas, y eso está funcionando, aunque haya casos de fracasos reincidentes. Pero, pese a todo, nunca olvidemos que las redes sociales no pueden sustituir nunca al contacto físico; la propia definición de red social no deja de ser contradictoria, porque no hay nada menos social que estar a solas ante una pantalla. Además, la relación a través de la red no puede sustituir todos los elementos de relación física, y en especial, la parte emotiva.

¿Hablamos de comunicación emocional?
Eso es, la emoción entre las personas es muy importante a la hora de comunicarse. Y esa comunicación emocional se expresa de una forma que se pierde a través del digital: la expresión corporal, el tono de voz, la inmediatez de la respuesta facial… El mensaje muchas veces está en la emoción, no en lo que se dice. La cara que pone el jefe cuando llegas tarde te dice una cosa y su “Buenos días” te dice otra. Pero la respuesta que te importa es la primera. La comunicación emocional tiene dos características muy importantes, que son la rapidez y la precisión. La cara de enfado no deja lugar a dudas, y además surge como respuesta automática a lo que la acaba de provocar. Y en el amor esto es muy importante, algo que se pierde a través de las redes sociales o el WhatsApp y provoca muchos problemas.

¿Por qué nos gusta tanto hablar de sexo?
Pues porque la naturaleza nos invita a ello. En la naturaleza hay dos fuerzas muy importantes que no nos quitamos de encima nunca: la de la supervivencia y la de la reproducción. Las fuerzas de la supervivencia ya las estableció Charles Darwin con el principio de selección natural. Y él mismo se dio cuenta de que había otras fuerzas que incitaban no solo a sobrevivir, sino también a reproducirse. El sexo existe porque es la manera que la naturaleza y la evolución han establecido para que no dejen de replicarse nunca nuestros genes. Las personas desaparecemos, pero la mayoría, antes de hacerlo, han transmitido sus genes a sus descendientes. La evolución natural y la evolución sexual, que en el fondo son complementarias, tienen el mismo objetivo: la inmortalidad de los genes, la perpetuación de la especie.

Dicen que practicar sexo es saludable. ¿También lo es estar enamorado?
Sí, desde luego. Enamorarse es una de las mejores cosas que nos pueden pasar en la vida. Desgraciado aquel que no tenga muchos tipos de amor. No estoy hablando solo del amor en pareja, sino a tus familiares, amigos, etc. El amor te hace vivir bien, te hace estar mucho más a gusto que si no tienes esos sentimientos. El problema es cuando el amor es tan apasionado que lleva a contradicciones. Pero siendo sano, el amor hace vivir la vida de forma más intensa, y esto es positivo.

En todos sus años de especialización en la materia, ¿cuál ha sido el descubrimiento o la conclusión que más le ha emocionado?
Yo llevo 40 años de mi vida, desde que era un estudiante, investigando el cerebro. Cuando empecé, pensaba lo que todo el mundo, que somos un organismo que tiene un cerebro igual que tiene un corazón, unos riñones, unas piernas, un hígado… Pero con el paso del tiempo, esa idea se ha dado la vuelta, y ahora lo que pienso es que somos un cerebro que tiene unas manos, un corazón, un riñón… Es decir, el cerebro ha pasado de ser un órgano más de mi cuerpo a ser el centro del cuerpo. Somos nuestro cerebro, y la mente que ese cerebro crea. Investigaciones sobre el cerebro han sido muchas desde las de nuestro compatriota y padre de la neurociencia, Santiago Ramón y Cajal; incluso antes, ya los griegos intuyeron que el cerebro es el órgano que da sentido a nuestra vida, el que hace que sintamos todo lo que sentimos, incluyendo el amor. Sin cerebro no habría amor, y sin amor ni emociones, la vida sería mucho más aburrida: son la sal de la vida. Este fue mi gran descubrimiento.

¿El amor es el camino para ser mejores?
Yo creo que sí, para todo, eso es imposible discutirlo. Todos somos mucho más felices si es el amor el que impera en nuestra sociedad, y no el odio, la violencia o la maldad. El amor es lo que nos conduce siempre por el mejor camino, el mayor motor para hacernos cambiar nuestro comportamiento, para hacer lo que sea mejor para nosotros mismos y para los demás. El odio es como una medicina que si la tomas esperando que muera el odiado, quien muere en el fondo eres tú. Por esto hay que vivir el amor, y vivirlo sin preocuparnos demasiado de si es química o física o algo así. Una vez me dijo un señor: “Oiga, me han explicado que el amor es una descarga de dopamina en el cerebro”. Y yo le respondí: “¿Recuerda usted lo que sintió la primera vez que estuvo enamorado? ¡Pues eso es el amor!”

 

Texto: Javier Márquez Sánchez
Ilustración: La Perera