La danza es una de las formas de expresión artística más viscerales, antiguas y humanas que existen. Bien lo sabe Rafael Palacios, coreógrafo y bailarín afrocolombiano. La pasión por sus raíces negras le llevaron a seguir los pasos de Irene Tassembedo y Germaine Acogny, fundadora del movimiento de danza afrocontemporánea. Con ellas aprendió a transmitir una visión del baile africano mucho más profunda y arraigada, pero con toques actuales. Y con la firme convicción de contar esos orígenes a través del movimiento, fundó la corporación Sankofa en Colombia, una escuela en la que la danza sirve de herramienta para la creación de comunidad y para la inclusión de personas afrocolombianas. Este pasado mes de mayo debía estar en Barcelona, colaborando en una iniciativa artística impulsada por el programa Art for Change de la Fundación ”la Caixa”, en colaboración con el Festival Grec. La imposibilidad de viajar le ha dado, sin embargo, la oportunidad de ser ponente en el Exchange Forum, que este año se ha celebrado on-line, y donde se ha creado un espacio de debate sobre el poder del arte como elemento de transformación de la sociedad.

¿Sobre qué pilares se fundamenta la danza inclusiva que practicáis en Sankofa?
Nos interesa conocer y compartir el conocimiento afrodiaspórico. Esto es, que diferentes pueblos afrocolombianos, que viven en territorios diferentes y que es difícil que se conecten entre sí, puedan compartir a través de la danza los conocimientos que han creado. Porque aunque seamos todos afrodescendientes, los puntos de vista son distintos. 

Dices en tu ponencia de Exchange Forum que “bailamos para ser escuchados, más que para ser vistos”. ¿Necesitamos escucharnos como individuos?
Sí, por supuesto. Es lo que nos ayuda a nosotros, a través de la danza, a romper los estereotipos que hay sobre la comunidad negra. Si alguien es escuchado, va a contribuir a que la comunidad también sea escuchada. Por eso la danza nos sirve para invitar a la gente a que vea las formas que tiene, pero también las historias que hay detrás, que se construyen a través de la danza.

 

Rafael Palacios danza africana

 

¿Qué ventajas tiene la danza, en comparación con otras artes, para crear lazos de unión y de comunidad?
Como afrodescendientes sabemos que la danza es una de las características culturales más potentes que tenemos. Esa expresión es la que nos ha de ayudar a fortalecer y evidenciar la lucha que, como colectivo racializado, hemos desarrollado a través de la historia. Que esa danza cuente nuestra historia, que ayude a cambiar y visibilizar los discursos que construimos como comunidad.

Un arte visceral, como es la danza, ¿puede ser un lenguaje más efectivo que las palabras?
No necesariamente más efectivo, pero sí es uno de los campos del lenguaje que debemos considerar de manera muy seria y profunda. Cuando nosotros bailamos estamos contando nuestra historia, estamos contando quiénes somos y los procesos identitarios que construyen a una comunidad.

¿La danza rompe fronteras?
Por supuesto. La danza puede abordar de manera tranquila los sentimientos del ser humano y expresarlos a los demás. Es así como rompe las fronteras. Toda disciplina humana hay que abordarla con una mente abierta. Y hay que tratar de leer más allá de la forma, más allá del vestuario, más allá del colorido. Pero sobre todo hay que tratar de entender al grupo de seres humanos que están hablando a través de esa expresión.

¿Crees que cualquier expresión artística nos hace mejores personas?
Pero siempre que sea inclusiva. Todo lo que hacemos los seres humanos, incluido el arte, ha de ponerse en cuestión. Porque el arte también ha aportado a procesos de colonización, en los que se han silenciado otras culturas. El arte ha de servir para eliminar fronteras, estereotipos. Y para ayudar a ampliar el conocimiento específico de una cultura hacia otras, para que haya complementariedad. Creo que cualquier tipo de arte puede aportar a esta idea, siempre que se haga de forma consciente.

¿Puedes poner algún ejemplo de cambio social en una comunidad concreta gracias a la danza?
Aquí, en Colombia, grupos como Pacific Dance y Jóvenes Creadores del Chocó, han sido capaces de evitar la violencia social a través de la danza. Son jóvenes que, en lugar de seguir un camino de crueldad, crean un entorno protector, en el que la danza es un pilar muy importante en sus vidas. Cuando viví en París, nos juntábamos bailarines de todo el mundo. Y allí también creamos estos entornos protectores frente a miradas que no eran muy agradables hacia los que éramos extranjeros. Creo que la danza puede crear ese lugar en el que sentirse seguro en este mundo.

De hecho, este es uno de los objetivos del programa Art for Change…
Este año empezaba un proyecto con ellos y el Festival Grec que me ilusionaba mucho, en el que iba a trabajar como coreógrafo con bailarines españoles. El año pasado estuve en Barcelona y ya empezamos a trabajar. Y en el mes de mayo debería haber estado ya en España, pero no ha podido ser. Así que queda pendiente para el próximo año.

Tras esta pandemia, ¿el arte inclusivo es más necesario que nunca?
Creo que la danza va a ayudar a tejer confianza hacia el cuerpo propio y también hacia el cuerpo ajeno. En la danza, desde siempre, se ha dado espacio a confiar en el otro, a confiar el cuerpo, a confiar la vida. Hay técnicas de danza en las que la vida misma está literalmente en las manos de otra persona. Creo que la danza ayudará a acercarnos y a cuidar más nuestro propio cuerpo y el de los demás. La danza va a ser crucial para el futuro, para lo que se nos viene.

 

Entrevista: Itziar Lecea