Somos seres sociales, y cuando nuestro vínculo con el entorno falla, las cosas empiezan a torcerse. Como director científico del Programa de Personas Mayores de la Obra Social ”la Caixa”, el Dr. Javier Yanguas sabe bastante de este tema, no en vano se trata del grupo social más afectado por “uno de los mayores retos del siglo XXI”: la soledad. Según el último estudio coordinado por Yanguas, Soledad y riesgo de aislamiento social en las personas mayores, la mayoría de los encuestados cree que la soledad es un problema importante entre este colectivo (8,9 puntos sobre 10), pero irónicamente, un amplio porcentaje no conoce ningún caso, lo que pone de relieve un grave problema en la identificación de la situación para poder abordarla.

¿Cómo es el sentimiento de soledad no buscada?
Se define habitualmente en términos científicos como la discrepancia entre lo que yo espero y lo que yo obtengo de mis relaciones, es lo que se llama la hipótesis de la discrepancia cognitiva. Esa mirada de la soledad es la que se ha impuesto porque es más fácil de medir, pero nosotros en el Programa de Personas Mayores de la Obra Social ”la Caixa” creemos que la soledad es más compleja. Tiene que ver también con un sentimiento de aislamiento. Tú puedes estar rodeado de gente, pero sentirte solo. A veces el problema no es la falta de personas, sino la falta de ciertas personas que son significativas en tu vida (tu madre, tus hijos) o la falta de vinculación con tu comunidad. Por otro lado, también puede estar vinculada al hecho de no tener un proyecto vital o al agotamiento del mismo, lo que se conoce como soledad existencial. El sentimiento de soledad se caracteriza además por emociones negativas: tristeza, abatimiento, sensación de malestar, frustración… Es ante todo un fenómeno complejo, con múltiples caras, que a veces cuesta admitir por vergüenza o por sentimiento de culpa y que, como hemos visto, no se arregla solo con compañía.

 

 

Esta situación, ¿nos define como sociedad?
Ante todo tenemos un problema de funcionamiento social, en la forma de relacionarnos. Nuestras relaciones han perdido el compromiso y la mutualidad, cada vez son menos complejas, porque solo queremos lo bueno y no lo malo, como cuando rompemos con nuestra pareja a través de WhatsApp. Pero las relaciones necesitan compromiso, necesitan que estemos ahí. Por eso el reverso de la soledad no es no sentirse solo, sino tener un buen funcionamiento social. Y es una paradoja, porque resulta que es la época en la que más conectados parecemos estar. Y sin embargo, nunca nos hemos sentido tan solos. Las relaciones de verdad exigen renuncia, generosidad, empatía, compasión, etc. (valores comunes a toda sociedad sana). Con la pérdida de relaciones de verdad perdemos más cosas.

¿Y qué hay de la gente que alcanza la edad de jubilación, pero se encuentra física y mentalmente en forma?
Es evidente que la inversión en salud está transformando el ciclo vital. Somos niños durante más tiempo, también se extiende la adolescencia y se retrasa la entrada en la adultez; pero la incorporación a la vejez no la hemos cambiado: 65 años. Así era hace 30 años y así es ahora, pero las circunstancias no son las mismas. Antes, la vejez duraba 5 o 10 años, pero ahora puede durar 25 o 30. ¡Hablamos de mucho tiempo! Muchos de estos mayores “oficiales” no se reconocen como “ancianos”. Los de 70 de ahora, en términos de funcionamiento cognitivo, pueden ser como los que tenían 60 hace dos décadas. Pero esta sociedad no los reconoce ni les ofrece oportunidades. Abrir espacios, reconocer y valorar es un reto ineludible.

¿Existe, por tanto, una responsabilidad política en esa necesidad de reconfigurar el mapa de la edad?
Desde luego, pero por encima de todo hay un reto para los mayores. Porque tú te jubilas, ¿y cómo creas una versión nueva de tu vida? Eso es complicado. ¿Qué vas a hacer los próximos 30 años? ¿Cómo puedes alcanzar una vida plena? Ahora llegamos a la vejez con una mirada muy hedonista. Nos jubilan y decimos “¡A descansar!”. Está muy bien eso de hacer gimnasia y viajar, ¿pero 30 años haciendo solo eso? Es necesario redefinir un nuevo proyecto de vida, un proyecto de vida no centrado en uno mismo sino mirando a los demás, involucrándonos en sus vidas.

La sociedad tampoco tiene medios actualmente para aprovechar el talento y la experiencia de los veteranos.
Ese es un problema primordial. Pero es que, además, no está claro qué esperamos de los mayores. ¿Esta sociedad se puede permitir perder toda esa experiencia? Por ejemplo, la generación del “baby boom” está llegando la cima de la pirámide de población, hablamos de una época en la que nacieron 14 millones de personas en España. ¡Y no somos capaces de asignarles un papel en esta sociedad! Eso es un reto muy importante. Imaginemos que esos 14 millones de personas que empiezan a retirarse de la vida laboral cooperan por el bien común, a través del voluntariado, solidaridad, etc. Probablemente su vejez, además de tener una parte de descanso y placer, tendrá una parte activa y de relación con los otros. Igual es necesario habilitar una sociedad más comprometida. Me parece que eso sería posible si lo organizáramos.

El pasado enero el Reino Unido designó una secretaria de Estado para luchar contra la soledad. ¿Deberíamos hacer algo parecido en España?
No termino de verlo, creo que la respuesta a la soledad debe asentarse en el ámbito local. Si en algo hay que invertir es en relaciones sociales, porque eso supone invertir en objetivos comunes. Pero nos encontramos en una sociedad en la que todo empuja hacia la individualización y la fragmentación, cuando lo que deberíamos hacer es luchar por el compromiso, por la participación, por la mutualidad. Hay que asumir que somos seres interdependientes.

¿Qué medidas pueden adoptarse para trabajar en esa línea?
Los programas de soledad normalmente ofrecen compañía, pero nosotros hemos querido ir un poco más allá. En el programa Siempre acompañados hemos trabajado una mirada más compleja de las situaciones de soledad para dar una respuesta triple: empoderar a la persona, trabajar la implicación con la comunidad y sensibilizar a la ciudadanía. También hay una parte que tiene que ver con el desarrollo personal, porque una manera de gestionar tus emociones es abriéndote a los demás. Y eso es algo que los mayores piden mucho, no quieren limitarse a viajar. Sentirse útil, conocerse a uno mismo, ser capaces de ponerse objetivos y de asumir las situaciones de vulnerabilidad… En definitiva, pasar de ser sujeto paciente de la vida a ser sujeto agente.

Entrevista: Javier Márquez Sánchez
Fotografía: Laura C. Vela