Ante la pregunta “¿Qué quieres ser de mayor?”, los niños y niñas pueden dar respuestas muy diversas: futbolista o científico, actriz o abogada. Depende de su edad y de sus gustos pero, sobre todo, de cuánto les permita soñar su entorno. Porque cuando la pobreza aprieta, las expectativas se limitan, los modelos de éxito cercanos escasean y es muy difícil aspirar a más. Para revertir esta situación, Jordi Longás —doctor en Pedagogía y director ejecutivo del Equipo de Dirección Científica del programa CaixaProinfancia, profesor de la FPCEE Blanquerna e investigador del grupo PSITIC de la Universitat Ramon Llull— apuesta por trabajar junto a las familias, la escuela y toda la sociedad, implicando a investigadores, políticos y empresas para conseguir, como él y su equipo ya están consiguiendo, que todos los niños y niñas tengan, al menos, una oportunidad. 

¿Por qué te dedicas a la educación?
Para atender a las personas y transformar sus vidas. 

¿Y por qué desde CaixaProinfancia?
Porque mi vocación, más allá de la docencia universitaria, es traspasar el conocimiento de la investigación al mundo real, a la práctica, cosa nada fácil en este país. Hay muy pocos espacios de transferencia tan extraordinarios como este. 

Hablando del mundo real, dice Save the Children que ¡1 de cada 3 niños españoles está en riesgo de pobreza!
Quizá sea más correcto hablar de 1 de cada 4, como apunta el último informe FOESSA. Nuestro problema es que no somos un país pobre, pero hay muchos pobres, mucha desigualdad. Antes de la crisis ya teníamos un 17 % o 18 % de pobreza crónica. Con la crisis el problema se pone en la agenda, pero después de 10 años seguimos con las mismas cifras. 

¿En qué habría que incidir para reducirlas?
Hay muchas cuestiones que influyen —mercado laboral, tipo de ocupación, precarización…— pero nosotros trabajamos desde la educación, desde una hipótesis muy contrastada que dice que “la mejor de las oportunidades educativas permitirá a la infancia salir de la pobreza”. 

¿Es la pobreza hereditaria?
Sí, los padres pobres tienen hijos más condenados a la pobreza. De hecho, España es uno de los países de la UE donde la transmisión intergeneracional de la pobreza es más grande. 

¿Y cómo podemos sacar a los niños y niñas de esta rueda?
Como la pobreza es cultural y social, solo con dinero (ayudas) no se resuelve, pero solo con cultura, tampoco. Han de ocurrir las dos. Desde el programa CaixaProinfancia incentivamos la educación, pero mucho más allá de las políticas de escuela. Construimos una red de actores socioeducativos que apoyan la trayectoria de los niños y niñas vulnerables desde varios frentes: refuerzo educativo, apoyo psicoterapéutico, educación a los padres (¡importantísimo!) y apoyo en la educación en el tiempo libre.

 

El experto en educación Jordi Longás sonríe en un retrato

 

¿Por qué es tan importante el tiempo libre?
La escuela en nuestro país está bastante bien; incluso la peor cumple unos mínimos: hay docentes profesionales, aulas, ordenadores, libros… El problema es fuera. Son muchas horas en la vida de un niño, muy determinantes. Y no es lo mismo el que va con sus padres de viaje, al museo o al cine, que otro que se pasa la tarde en la calle o enganchado a la consola. Por eso llevamos a cabo programas de ocio familiar en los que, una vez al mes, padres e hijos comparten algún espacio de ocio: ir al parque, al museo, a ver una obra de teatro… A ti te puede parecer una cosa muy ordinaria, pero muchos de estos niños y niñas nunca han ido con sus padres ni a jugar a fútbol ni a la playa. Para ellos la experiencia es revolucionaria; los niños consiguen ver a sus padres de forma distinta, fuera de la dureza del día a día, y los padres y madres conviven con otras familias, lo que crea tejido y capital social, una red de apoyo.

¿Cómo trabajáis estos vínculos familiares que consideráis tan importantes?
Desde muchos programas, pero hay uno muy lindo de 20 sesiones, 1 cada 15 días, en el que no se trabaja desde la teoría, sino desde la práctica y el diálogo. Se tratan diferentes temas. Por ejemplo: los deberes escolares. Cada familia, ¿cómo los afronta? Trabajan, por un lado, los padres y madres y, por otro, los niños y niñas, en grupos de ocho. Luego meriendan. Y luego lo comparten. Primero solo entre padres, luego también con los hijos. Los adultos aprenden que todo el mundo tiene problemas y que no existe una única solución buena, lo cual es muy liberador. Y al hablar con los hijos ven más claro qué pueden hacer. ¿Lo mejor? Además de mejorar la convivencia, el respeto y la confianza en el núcleo familiar, que era lo que pretendíamos, ¡resulta que los asistentes mejoran también sus resultados escolares!

¿Pobreza es sinónimo de fracaso escolar?
No. Hay niños y niñas pobres que tienen éxito cuando todo indicaría que no deben tenerlo, aunque es cierto que son los menos. Recogimos algunos de los mejores casos de resiliencia de usuarios de CaixaProinfancia en un libro. La inmigrante magrebí que sufrió abusos y abortó, pero, gracias a la ayuda sostenida de un educador en su tiempo libre, ella nunca abandonó y ahora estudia Derecho en la universidad para luchar por los derechos de las mujeres. Una chica muy pobre con una madre a punto de morir de cáncer que acabó Medicina y es una “crac” con una beca europea y un premio de investigación en cáncer. Es impresionante cuando se juntan las capacidades con la motivación.

¿Qué aporta la educación más allá de saber lengua o matemáticas?
Valores. Y dar un sentido a tu vida. 

Poder soñar.
Sí. A lo mejor en un poblado gitano pobre lo único que se considera guay es tocar la guitarra y jugar al fútbol. O para una chica de un entorno sin muchos recursos, si es mona, a ver si se coloca de modelo o actriz. Y si estudias eres un “pringao”, porque ellos no tienen referentes cercanos —tíos, hermanos o primos— que hayan triunfado por esa vía. Pero si, de repente, alguien disfruta estudiando y en su horizonte está ser un profesional, les cambia la perspectiva, les amplía el horizonte.

¿Cuál es vuestro objetivo en el Observatorio de CaixaProinfancia?
Ser un espacio (on-line) de difusión, conocimiento y transferencia. No mantenemos los resultados de las investigaciones en secreto, sino que los mostramos para que otras personas los puedan replicar y mejorar así la acción socioeducativa. Validamos innovaciones para que sirvan a la sociedad. 

Tras 10 años en el proyecto, ¿cuáles diría que han sido sus mayores logros?
Somos el mayor programa de España, y quizás de Europa, de colaboración público-privada que consigue que la universidad, los profesionales de la educación y el sector privado trabajen juntos en un interés común, transversal e indiscutible: la pobreza infantil. Tenemos una red nacional de 28 asesores universitarios expertos, investigadores y académicos de las universidades de referencia. 420 entidades con redes de colaboración que funcionan. Nuestros resultados en progreso escolar son importantes: si las tasas de éxito en entornos de vulnerabilidad se sitúan en torno al 50 % en España, (es decir, un 50 % fracasa, no acaba secundaria), con el programa estamos consiguiendo que los niños y niñas que participan alcancen la media de éxito española del 75 % (un 25 % más). 

La tasa de abandono del programa es prácticamente cero. Los usuarios se muestran satisfechos porque se sienten bien acogidos y ven que les es útil. Y además, estas familias son más optimistas sobre su futuro. Te puede parecer un titular flojo pero, para nosotros, que una familia diga que ve posibilidades quiere decir que puede necesitar más o menos tiempo, pero la mejora ya está en camino.

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Laia Sabaté