La londinense Katie Menzies y el gallego Abel Reverter son Cabeza Patata, un estudio de ilustración y animación en 3D con un gusto pronunciado por el trabajo hecho a mano, con mimo, humor, elegancia y una punta de ironía. Tienen una estructura mínima, pero muy ágil, que les permite trabajar para clientes como Google, Spotify o el New York Times sin perder nada de su encanto artesanal. La crisis del coronavirus les pilló dando un ciclo de charlas por diferentes CaixaForum del país, que se tuvo que suspender y que ahora se ha reconvertido en la iniciativa digital Encuentros Confinados. Desde su casa, Kati y Abel dicen que el confinamiento les ha permitido conocer a sus vecinos y comprobar la importancia de la empatía y del intercambio cultural en los momentos más difíciles.

¿Cómo nació Cabeza Patata y con qué propósito?
Katie: Cabeza Patata nació hace dos años, casi por casualidad, porque en realidad no pretendíamos crear un estudio, solo divertirnos.

Abel: Todo empezó cuando me puse a transformar los dibujos que hacía Kate en 3D y, a las pocas semanas, los hicimos en forma de grafitis en las paredes de Poblenou, donde el Ayuntamiento lo permite.

Katie: Entonces le pusimos nombre e hicimos la página web, porque empezaron a llegarnos e-mails de productoras para diferentes proyectos. De hecho, nuestro primer trabajo profesional fue para Google simplemente porque una chica que trabajaba ahí vio nuestros dibujos por el móvil y nos contactó.

Vuestro estilo es muy personal, pero a la vez remite a otros universos. ¿Cuáles son vuestras principales influencias artísticas?
Abel: Nos gustan las cosas artesanales y hechas en stop-motion, como lo que hace el estudio Aardman o incluso Wes Anderson en algunas de sus películas. También nos interesa mucho la moda y el diseño de interior, y se nota en nuestro trabajo. Queremos hacer algo aparentemente sencillo, pero que a la vez sea refinado, y creo que ese contraste sienta muy bien a la imagen de las empresas más tecnológicas.

 

 

Vivís a caballo entre Londres y Barcelona. ¿Dónde os ha pillado el confinamiento y cómo lo lleváis?
Abel: Pues justo acabábamos de alquilar un local en Barcelona cuando empezó la cuarentena y no nos dio tiempo ni de acabar las obras. Mientras, hemos habilitado una habitación en casa. Por las mañanas hacemos deporte, body combat, a través de una plataforma on-line, después desayunamos y trabajamos hasta la hora de comer. Por la tarde nos relajamos con proyectos más personales. Por ejemplo, ahora estamos haciendo un jardín de papel.

Katie: ¡Pero se está complicando y no creo que nos dé tiempo acabarlo durante la cuarentena!

¿Cómo os está afectando profesionalmente la crisis de la COVID-19?
Abel: Muchos proyectos han caído y también se están retrasando las decisiones en otros porque no se sabe cuánto tiempo va a durar esto. Las industrias culturales son siempre las primeras víctimas de las crisis y creo que ahora va a afectar especialmente a productoras locales o de tamaño más pequeño. Para las grandes es diferente y, de hecho, supongo que Netflix o Spotify habrán incrementado sus suscriptores. Nosotros hemos procurado no crecer demasiado y no contratar a gente precisamente por miedo a tener que afrontar una crisis, porque ya la del 2008 nos alertó de lo que podía pasar.

El confinamiento está siendo duro para mucha gente, ¿qué papel puede desempeñar el consumo de cultura y la creación artística en un momento así, especialmente para las personas que no suelen tener una actividad artística?
Katie: Hay mucha gente que dice que es el momento de hacer aquellas cosas que siempre has querido hacer y, en parte, es verdad, aunque tampoco hay que agobiarse.

Abel: Parece que hay como una exigencia de sacar toda nuestra creatividad, pero es mejor tomárselo con calma porque bastante presión tenemos ya con la situación que estamos viviendo. Pero si algo nos está enseñando la cuarentena es la importancia de la industria creativa. Porque la gente está sobreviviendo a base de leer libros, escuchar música y ver películas. No hay ninguna sociedad sin industria cultural o actividad artística y eso demuestra hasta qué punto la creatividad es fundamental. Luego, hacer cosas con las manos te relaja mucho y compensa el no poder salir a caminar. Si solo te dedicas a consumir y no produces te puedes acabar agobiando.

¿Creéis que en tiempos como estos los artistas deben sacar su lado más social y comprometerse con la causa para ayudar a la gente?
Katie: Nosotros estamos intentando hacer cosas colaborativas y mantener el contacto con la gente a través de directos en redes sociales, y también aprovechamos para hacer cosas divertidas, como talleres on-line.

Abel: Creemos que es importante ayudar a concienciar a las personas que nos siguen en las redes de la importancia de quedarse en casa, por eso hemos creado la campaña Stay Home Stay Positive. También hemos creado dos proyectos con filtros de realidad aumentada. El primero se llama Clap 10 times e invita a los usuarios a aplaudir 10 veces a través de la cámara de su móvil. El segundo, Real World Patata, invita a los usuarios a colocar un personaje de Cabeza Patata en cualquier lugar de su vivienda y luego controlar diferentes acciones, como trepar, bailar o tumbarse. La respuesta ha sido fantástica, con 50.000 visualizaciones en un solo día. Es lo que tenemos que hacer los que no nos dedicamos a una actividad fundamental, como trabajar en un hospital o distribuir comida.

¿Qué estáis sacando de bueno del confinamiento?
Katie: Sobre todo conocer a nuestros vecinos, porque no conocíamos a nadie. Ahora cada vez que salimos a las 20 h hablamos con ellos y, de hecho, hemos quedado en organizar un vermut entre todos los vecinos cuando esto acabe.

¿Qué es lo que más os ha sorprendido del comportamiento de la gente durante el confinamiento?
Katie: Más que sorprendernos, hemos vuelto a apreciar la amabilidad de la gente. Ahora la gente se toma las cosas con más calma. Por ejemplo, cuando llamas a la Administración pública la gente te pregunta qué tal estás, y me gustaría que fuera siempre así, que nos preocupáramos más los unos por los otros. Ha aumentado la empatía.

¿Os parece que la crisis de la COVID-19 también es una oportunidad para cambiar ciertas cosas? ¿Qué os gustaría que cambiara?
Abel: Tiene que ser una oportunidad, principalmente, para reivindicar la importancia de la sanidad pública, para que pueda contar con más medios. También nos está enseñando que cuando ocurre algo grave, sabemos cómo actuar. En algún momento vamos a tener que reaccionar frente a la crisis climática, que avanza más lenta pero que puede ser más grave que la de la COVID-19. Igual todo esto nos sirve para aprender que no tenemos que consumir tanto, que no nos hace falta tener tantas camisetas, por ejemplo. Y quiero pensar que nos enseñará a saber cómo enfrentar crisis futuras.

 

Entrevista: Raúl M. Torres
Visuales: Cabeza Patata