La noche del 20 al 21 de julio de 1969, el mundo entero veía asombrado por televisión cómo Neil Armstrong se convertía en el primer ser humano en pisar la superficie de la Luna. 50 años después, ese famoso “pequeño paso para el hombre, gran paso para la humanidad” se sigue recordando como uno de los mayores hitos de la historia. La efeméride ha sido celebrada por CosmoCaixa con el ciclo “50 años de la llegada a la Luna” y diversas actividades en torno al acontecimiento: conferencias, exposiciones, visitas, etc. Hemos tenido así el privilegio de compartir unos momentos con Reinhold Ewald, físico y astronauta alemán que participó en la expedición Soyuz TM-14 en su viaje hasta la Estación Espacial Mir en 1997. Dedicado ahora a la enseñanza en la Universidad de Stuttgart, Ewald nos habla de su experiencia y de la trascendencia y utilidad de los viajes espaciales.

Los viajes espaciales despiertan todo tipo de pensamientos. Desde reflexiones apresuradas sobre la Tierra y la humanidad, hasta las ideas más fantasiosas sobre la existencia de vida extraterrestre. Pero lo cierto es que la técnica, la ciencia y la curiosidad por el universo que nos rodea ya son estímulos lo suficientemente potentes como para que materias como la astronomía o la física merezcan estar más cerca del gran público. “Encontrar rastros de vida en Marte es una visión muy potente, nos dice Reinhold Ewald, pero lo importante es alimentar el interés de los jóvenes por el espacio, como lo hace CosmoCaixa: se trata ante todo de plantar semillas que despierten vocaciones en el ámbito de la ciencia, la ingeniería o las matemáticas”.

 

 

¿Cuál es la preparación necesaria para convertirse en astronauta?
Primero hay que pasar una selección, y hay muy pocas en Europa. Yo tuve la suerte de contar con todos los elementos necesarios cuando salió una: había acabado mis estudios de Física y Astronomía y pude presentarme para participar en una misión. Una vez estás en el equipo, te llevan por diversas partes del mundo para que te familiarices con los elementos necesarios para un vuelo espacial. Entonces, te quedan todavía dos años antes de que te autoricen a volar al espacio, porque el entrenamiento es muy intenso y hay muchas cosas que aprender antes de un viaje espacial. Es como tener que volver a la escuela después de la universidad…

Observar la Tierra desde el espacio debe cambiar tu visión de lo que es el mundo y la humanidad…
Soy físico y me prepararon para llevar a cabo tareas técnicas, o sea que en el momento de estar en el espacio no piensas en otra cosa. Pero con el tiempo te das cuenta del lugar maravilloso donde has estado, y de haber estado flotando en lugar de caminando sobre el suelo. Desde el espacio solo ves una Tierra, no ves fronteras, no ves regiones y ese es el mejor mensaje que podemos transmitir a la gente que vive en ella.

La estación MIR marcó un hito en la mejora de las relaciones entre Estados Unidos y la URSS. ¿Cómo se perciben los problemas políticos y militares desde el espacio?
No entiendes por qué la gente lucha en guerras cuando la colaboración podría resolver todos los problemas. Lo importante es que toda la población tenga acceso a agua potable y que la comida se distribuya de manera que nadie se muera de hambre. Y eso es algo que podemos hacer porque la Tierra está idealmente dotada de recursos para satisfacer nuestras necesidades. Ningún otro planeta cuenta con estos recursos. Si quieres ir a Marte, adelante, pero llevarás una vida muy dura porque no hay nada que crezca ahí y estarás sometido a toda una serie de radiaciones. La prioridad es hacer que la Tierra sea un lugar habitable para toda la humanidad. Eso es lo que piensas cuando estás ahí arriba y ves todo lo que la Tierra nos ofrece.

Hay planes para colonizar la Luna y Marte. ¿Cuáles son los principales desafíos que hay que superar para conseguirlo?
Ahora mismo hay una voluntad a escala internacional de volver a la Luna y es importante que no sea algo que dependa de una sola nación. Ir más allá es más complicado, sobre todo por todo lo que se necesita para asegurar el retorno y por el peligro que suponen las radiaciones. No debe haber ninguna prisa, porque primero nos tenemos que asegurar que contamos con la tecnología adecuada.

¿Qué aportan los experimentos llevados a cabo en el espacio a nuestra vida diaria?
Realizamos esos experimentos en el espacio porque no se consiguen los mismos resultados que en la Tierra. Necesitamos el entorno espacial para llevarlos a cabo y estudiar las radiaciones, analizar el efecto de la falta de gravedad o del cambio de temperatura en las vacunas, exponer nuestros cuerpos a la falta de gravedad y observar su efecto sobre los sistemas biológicos o físicos, etc. Así vemos cómo reaccionan nuestros cuerpos a estos entornos extremos y la verdad es que lo hacen de forma maravillosa. Es un milagro que nos podamos adaptar con tanta facilidad. Además, la falta de gravedad también permite la creación de nuevos materiales que jamás podrían mezclarse en la Tierra.

Este año se cumple medio siglo de la llegada del hombre a la Luna. Con la perspectiva que dan estos 50 años, ¿cuál dirías que fue la importancia real de ese acontecimiento, más allá de su valor simbólico?
No fue un símbolo, sino que aportó muchas respuestas científicas y hoy en día todavía se utilizan los instrumentos científicos que se dejaron ahí, como el reflector de luz, que se utiliza constantemente. Pero al igual que en la Antártida, primero hay que colocar una estación de uso transitorio y luego ir desarrollándola. Para la Luna lo que necesitamos es una colaboración internacional que disponga de los mejores recursos para instalar un centro de investigación permanente.

 

Entrevista: Raúl M. Torres
Fotografía: Rita Puig-Serra