Cuando con 12 años Pedro Vargas conoció a Ezequiel, la percepción que tenía de sí mismo dio un giro de 180 grados. Ezequiel fue su tutor en las clases de refuerzo escolar que tomó en la Fundación Privada Pere Closa a través del programa CaixaProinfancia. Ezequiel es ingeniero industrial y gitano. Él le enseñó a creer que los sueños pueden hacerse realidad, que las barreras y los prejuicios se pueden romper y que hincar los codos a diario le permitiría algún día ser dueño de su futuro. Hoy este joven de 21 años está cursando segundo de Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) para poder luchar por los derechos de la comunidad gitana, su comunidad.

 Parece ser que continúa siendo noticia que un gitano vaya a la universidad o tenga un trabajo cualificado. ¿Qué crees que debería ocurrir dentro de la comunidad para que esto se convirtiera en algo habitual?
Por suerte, lo que debería ocurrir ¡ya está ocurriendo! El Consejo de Ancianos del Pueblo Gitano ha entendido la importancia de tener estudios y hoy en día son los primeros que incentivan a los jóvenes a estudiar. Nos dicen: “El pasado fue nuestro, el presente es de todos y el futuro será vuestro, de las nuevas generaciones, y en ese futuro tendréis que luchar con nuevas armas, que son los conocimientos que os aportan los estudios”. En los últimos dos años en la UAB hemos pasado de ser 2 alumnos gitanos, a ser ya 15.

¿Y qué podemos hacer desde fuera?
Hay que evitar estigmas, como que los gitanos no tenemos interés por aprender nada, que somos unos incultos y unos vagos o que solo queremos ganarnos la vida con la venta ambulante, porque eso merma la confianza de los niños gitanos en las escuelas. Recuerdo una serie de televisión de hace unos años, Anclados, que nos tildaba de traficantes y chatarreros. Las entidades sociales del Consejo Estatal del Pueblo Gitano la denunciaron y terminaron cancelándola.

¿Es por estos estereotipos que es recurrente escuchar a niños gitanos decir: “Yo para qué voy a estudiar, si soy gitano”?
Exacto. Yo y la mayoría de mis compañeros de clase teníamos esta mentalidad de pequeños. Pensábamos que por ser gitanos estábamos excluidos del sistema universitario. Ninguno de mis compañeros de instituto ha cursado estudios superiores y, de mi entorno más cercano y familiar, también soy el único. Mi familia está muy contenta de que esté en la universidad, pero hace unos años era muy diferente. Se solía pensar que si te ponías a estudiar dejarías de ser gitano, porque terminarías dejando de lado las tradiciones. Por suerte, ahora se ha demostrado que no es incompatible: muchos de los que van a la universidad celebran su boda a través del rito gitano, se casan con una gitana o gitano y siguen teniendo familias unidas y extensas.

¿Qué efecto tuvieron las clases de refuerzo escolar y el hecho de conocer a tu tutor, Ezequiel, en tu rendimiento escolar?
Antes nunca hacía los deberes, apenas estudiaba para los exámenes y, a veces, hasta me pasaba horas dando vueltas por el pasillo del colegio para no entrar en clase. Gracias a CaixaProinfancia, pasé de sacar notas normales a convertirme en uno de los mejores alumnos del instituto. Un alumno de ochos, nueves y dieces. Fue el empujón que necesitaba para tener la motivación de superarme a nivel personal. Mi experiencia confirma la importancia de que los alumnos gitanos tengamos profesores gitanos. ¡Te hacen ver claramente que sí se puede!

De niños o incluso de adolescentes es fundamental el apoyo de nuestra familia para creernos capaces de alcanzar ciertas metas. ¿Qué valores te transmitieron en casa?
Además de intentar ser bueno y solidario con todo el mundo, me transmitieron siempre valores como el esfuerzo y las ganas de superarme. Vaya, ¡que las cosas hay que currárselas! Desde que soy pequeño me han estado muy encima para que estudie. Sin su apoyo nada habría sido posible. Si tengo hijos en el futuro les intentaría transmitir lo mismo: que se esfuercen en la vida y sientan empatía por los demás. Me gustaría que, si en algún momento se encuentran en una buena situación económica y conocen a una persona que necesita ayuda, le echen un cable del mismo modo que me ayudaron a mí en CaixaProinfancia.

Ibas a estudiar ingeniería naval, pero algo te hizo cambiar de opinión. ¿Por qué decidiste estudiar Derecho?
Tuve la oportunidad de visitar Auschwitz y quedé muy impresionado por las atrocidades que se habían cometido contra millones de personas, muchas de las cuales eran gitanas. Eso me hizo recordar que aún se sigue discriminando al pueblo gitano y que, a través de la abogacía, puedo luchar por nuestros derechos.

¿De qué clase de discriminaciones e injusticias estamos hablando?
Desde estereotipos que vulneran nuestro derecho al honor porque nos tachan de traficantes o vagos, a la triste realidad de que tenemos más probabilidades que otros de que la policía nos pare por la calle, o al hecho de que nos puede resultar más difícil conseguir un trabajo en según qué empresas. Luego, las esterilizaciones forzadas que se practicaron en los años 90 en países como la República Checa o Eslovaquia… eso fue puro racismo. No querían que la comunidad creciera. Y para poder denunciar todas las injusticias, ¡necesitamos más gitanos formados en Derecho!

¿Tienes algún referente que te haya inspirado?
Mi gran referente ha sido siempre Juan de Dios Ramírez Heredia, el primer diputado gitano del Congreso de los Diputados. Como político de la Unión de Centro Democrático (UCD), en los años 70 consiguió que se derogaran tres artículos del reglamento del cuerpo de la Guardia Civil que discriminaban abiertamente a los gitanos. Entre las directrices se decían barbaridades como “se vigilará escrupulosamente a los gitanos…”. Gracias a él, ahora vivimos un poco menos en la injusticia.

¿Cómo te gustaría que fuese tu vida y la de tu comunidad dentro de 10 años?
Me gustaría algo muy simple, pero que aún no me hemos conseguido: ¡una vida normal y tranquila! Que sea habitual ver a un estudiante como yo en la universidad. Que todos podamos vivir nuestra vida en toda su plenitud. Y que la discriminación no nos impida ser libres. Quiero una buena convivencia entre la comunidad gitana y el resto de la sociedad. Nosotros nos sentimos parte de ella y tenemos los mismos sueños e inquietudes que todos.

 

Entrevista: Alba Losada
Fotografía: Laia Sabaté