“El Papa Francisco es partidario de Donald Trump”, “musulmanes reclaman retirar decorados navideños en Málaga” y “Ryanair te invita a volar gratis por su 33º aniversario”. Todas estas afirmaciones tienen algo en común: son mentiras disfrazadas de periodismo. Alentadas por las nuevas formas de comunicación y consumo informativo, las noticias falsas se cuelan en nuestro día a día y desdibujan la delgada línea entre realidad y ficción. Para que los jóvenes de hoy tengan herramientas para identificarlas y desarrollen una mirada crítica hacia la información, el Col·legi de Periodistes de Catalunya y EduCaixa ponen en marcha la décima edición del programa Premsa a les Escoles en 75 centros de secundaria. Hablamos con Neus Bonet, decana del colegio de periodistas.

En 1938, la dramatización radiofónica de la novela La guerra de los mundos, que relataba en directo una invasión extraterrestre, creó gran alarma social en Estados Unidos. Las noticias falsas no son nada nuevo. Pero en los últimos años han cogido fuerza. ¿Qué buscan ahora?
A veces la intención es manipular a la gente, conseguir que se comporte de un modo determinado. Esto lo hacen, por ejemplo, muchos movimientos populistas y de extrema derecha. En otras ocasiones, solo tienen finalidades económicas porque si una plataforma difunde noticias espectaculares (y falsas) que fomentan el clickbait, tendrá más anunciantes. Por eso, a través del taller Premsa a les escoles queremos hacer que los jóvenes, los ciudadanos del futuro, sean más críticos con la información.

 

 

¿Cómo les enseñáis a tener una mirada crítica?
Haciéndoles ver que hay que contrastarlo todo a través de medios de comunicación de referencia. Tendría que ser un hábito, como cuando vamos al supermercado y comparamos los ingredientes de distintos productos.

Si no somos conscientes de que cada medio tiene su línea editorial y, además, solo consumimos información afín a nuestras ideas, podemos llegar a pensar que las opiniones distintas a la nuestra son noticias falsas. ¿Cómo abordáis la diversidad de opiniones en los talleres?
Enseñamos a los jóvenes que hay algo que se llama libertad de prensa y que cada medio escoge un titular o una foto concreta para dar su particular versión de las noticias según su línea editorial. Se trata de hacerles entender que no todo es blanco o negro ni estás conmigo o contra mí. Si no existiera la diversidad de opiniones en los medios, aún viviríamos en dictaduras. Cuanto más abierta e informada sea una sociedad, más democrática será. El periodismo es el termómetro de cómo vive en democracia una sociedad.

Teniendo en cuenta la gran responsabilidad que tiene el periodismo, los medios de comunicación deberían ser los últimos en caer en la trampa de las noticias falsas. ¿Cómo se consigue eso?
Exactamente del mismo modo que para cualquier ciudadano: contrastándolo todo. De lo contrario, se puede caer en el error. Hace poco, por ejemplo, una agencia de noticias compró una noticia falsa que circulaba por internet que decía que Venecia estaba inundada por el acqua alta y que no se podía salir a la calle. Como nadie la contrastó, hubo un medio que acabó publicándola y en verdad ¡no había llovido ni una gota!

Hace poco la web independiente de verificación de datos malditobulo.es desmintió un dato aportado por un partido antifeminista que decía que 31 hombres son asesinados a manos de sus parejas cada año. ¿Qué consecuencias pueden desencadenar este tipo de prácticas?
Divulgando datos falsos se benefician unos intereses políticos —en este caso, el partido en cuestión ya había dicho que quería revertir la ley contra violencia de género— y, además, se pervierte la democracia. Las noticias falsas provocan que algunas personas duden y se pregunten si tal vez sean ciertas de verdad.

¿Y qué se puede hacer ante tal perversión?
¡Más periodismo! Además de demostrar que este dato no es verdadero, el periodismo también debe poner sobre la mesa la realidad de las mujeres: en los últimos años hemos hecho grandes avances, pero aún hay un techo de cristal que parece blindado, no hemos conseguido eliminar la brecha de género, la precariedad suele tener rostro de mujer… Vaya, que aún falta mucho.

Varias investigaciones e informes han señalado que dirigentes como Donald Trump y Jair Bolsonaro contaron, durante sus campañas presidenciales, con el apoyo de noticias falsas que hablaban a su favor. ¿Esto prueba que, aunque las mentiras hayan existido siempre, hoy en día implican un mayor peligro para la democracia y la estabilidad mundial?
Exacto, porque nunca habíamos tenido tanto poder de difusión como el que ofrecen hoy las redes sociales. Las informaciones falsas circulan por el aire y las respiramos. Y eso no podemos controlarlo, como tampoco que el Gobierno ruso se plantee cerrar internet para combatir las noticias falsas. Y eso sería muy peligroso porque, cuando un país encarcela periodistas, internet es lo único que garantiza la libertad de información. Sin ir más lejos, el intento de golpe de estado de Turquía de julio del 2016 se conoció al momento gracias a los ciudadanos que compartían en las redes sociales lo que estaba sucediendo.

El periodista Iñaki Gabilondo dijo que si el falso documental dirigido en el 2014 por Jordi Évole sobre el 23-F, Operación Palace, se hiciera ahora, él no participaría por “el gravísimo problema en el que se han convertido las noticias falsas para la sociedad”. ¿Crees que se ha vetado la posibilidad de hacer este tipo de contenidos?
Por una parte sí, porque anulan todo aquello por lo que estamos luchando. Aunque, por la otra, nos harían darnos cuenta de que, a través de periodistas de referencia y un canal de televisión serio, nos pueden llegar a manipular por completo.

¿Qué opinas acerca de la afirmación de la filósofa Fina Birulés: “Hay mucho autoengaño. Parece que queremos vivir en la posverdad”?
Es posible que tenga razón, porque todos sabemos que la corrupción está muy instalada en nuestra cultura política y, a la hora de votar, no la castigamos. ¿Quiere eso decir que somos más manipulables de lo que pensamos? Diego Redolar, investigador en el Cognitive Neurolab de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y profesor de ciencias de la salud en esta universidad, analizó lo mucho que nuestras emociones nos influyen al inclinarnos a favor de un partido político y encontró que algunos de los aspectos clave que nos hacen decidir entre un político u otro son la estructura y la expresividad de su rostro; a resumidas cuentas, su guapura.

Si somos tan manipulables, ¿crees que una opción sería desconectarse de todas las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea?
No, nunca es una opción apartarse de la sociedad en la que vivimos, trabajamos, nos divertimos o disfrutamos de la cultura. Al contrario, tenemos que navegar más por la red en busca de medios, personalidades o periodistas de referencia. Y a los periodistas ¡nos toca hacer más periodismo que nunca!

 

Texto: Alba Losada
Fotografía: Arnau Rovira