En la vida real ocurre a veces que las mayores lecciones nos las dan nuestros enemigos. En la investigación contra el cáncer, parece que también: se ha descubierto que las células cancerosas son inmortales, ¡en ellas podría estar la clave de la inmortalidad! Y tenemos la suerte de que investigadores como Maria A. Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que cuenta con el apoyo de la Obra Social ”la Caixa”, no dudan en enfrentarse a diario a estas células “aberrantes”, para seguir dándonos buenas noticias sobre la cura del cáncer y la de otras enfermedades ligadas al envejecimiento.

Hace poco fueron la Semana Europea del Cáncer de Pulmón y el Día Mundial de la Investigación en Cáncer y el 19 de octubre será el Día Mundial contra el Cáncer de Mama. ¿De qué sirven estas fechas?
Ayudan a reflexionar sobre la importancia de la investigación y a difundir algunos hechos importantes: que cada vez hay más mujeres con cáncer de pulmón, que es mucho más dañino fumar para las mujeres que para los hombres por cuestión de hormonas, que hay que hacerse mamografías y ecografías que nos permitan detectar a tiempo el cáncer de mama…

El CNIO tiene por objetivos la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer. ¿En qué área se está avanzando más?
En tratamiento. Tenemos un programa de desarrollo de fármacos único, y colaboramos con la industria farmacéutica para llevar nuestras moléculas al mercado. Además, una de nuestras spinoffs (compañías basadas en los descubrimientos del CNIO), Bioncotech, ha generado un producto antitumoral que ya se ha aplicado en ensayos clínicos con pacientes de cáncer.

¿Crees que está a punto de aparecer algo como la inmunoterapia, que hace 10 años permitió un gran avance?
El futuro es impredecible. La inmunoterapia fue descubierta por investigadores que no estaban trabajando en los temas de moda de la investigación oncológica. Y lo mismo pasó con la tecnología CRISPR: un investigador de Alicante estudiaba las bacterias que crecen en altas concentraciones de sal y, de repente, dio con esta gran herramienta (un cortapega celular) que ha sido la mayor revolución de la biotecnología en los últimos años y que, además, abre la puerta a nuevas terapias. Esto nos enseña una importante lección: que de cualquier investigación puede salir algo que revolucione la humanidad. La buena noticia es que hay muchos investigadores investigando hasta los aspectos más recónditos del cáncer. Pero, eso sí, hay que apoyar la investigación en nuestro país para que podamos competir con los mejores.

 

 

 

 

¿Cómo decidiste dedicarte a luchar contra un monstruo tan grande, la segunda causa de muerte en el mundo?
Me gusta entender cómo funciona la vida, pero orientado a enfermedades como el cáncer y las asociadas al envejecimiento. Desde que empecé a estudiar biología, son los temas que más me interesan.

¿Es el envejecimiento el origen del cáncer?
Sí. La mayor parte de los tumores —mama, pulmón, páncreas, próstata…— están asociados al envejecimiento. Son muy raros cuando somos jóvenes, y es conforme nuestras células van envejeciendo y acumulando daño que aumenta mucho la probabilidad de tenerlos.

¿Podemos hacer algo para retrasar o incluso eliminar el envejecimiento y el cáncer?
Hay un decálogo de la OMS con consejos de sentido común: hacer ejercicio físico, comer más frutas y verduras y menos carnes rojas… En cuanto al envejecimiento, en el CNIO estudiamos el papel de unas estructuras llamadas telómeros en su origen, y hemos conseguido activar la telomerasa en ratones, y así alargarles la vida y retrasar patologías asociadas a la vejez, como el párkinson, el alzhéimer o la fibrosis pulmonar. Es decir, ¡hemos conseguido enlentecer el envejecimiento! Aunque todos estos estudios se han realizado de momento en ratones y todavía no se pueden aplicar a humanos.

Llevas años estudiando los telómeros como uno de los puntos clave para parar el cáncer. ¿Qué son exactamente?
Son el elemento protector del final de los cromosomas. Protegen nuestro material genético. Si imaginamos el ADN como el cordón de un zapato, los telómeros serían el plástico del final del cordón. Si ese plástico se desgasta, el cordón se volverá inservible. En las células sanas los telómeros se van desgastando cada vez que se multiplican, algo que es necesario para regenerar los tejidos. Así, conforme vivimos, nuestras células envejecen y mueren. Las células cancerígenas, en cambio, son inmortales porque a través de la mencionada telomerasa, que es una máquina molecular que alarga los telómeros, son capaces de multiplicarse de manera indefinida, siempre que tengan alimento. Por eso el cáncer nos ha enseñado también un mecanismo básico del envejecimiento.

¿El objetivo es destruir esos telómeros en las células tumorales?
Exacto. Y en el CNIO ya hemos encontrado moléculas químicas que los destruyen. Y gracias al apoyo de CaixaImpulse, estamos desarrollando el producto para licenciarlo a una farmacéutica y que pueda llegar a los pacientes.

¿Qué es lo que más te gusta de ser investigadora?
Para mí la investigación es lo mejor del mundo. Descubrir cómo funciona la vida es fascinante. Es mi pasión. No lo considero trabajo. Y si volviera a nacer, volvería a ser investigadora.

Pero tu perfil es especial, porque siempre has llevado por bandera ser amante del arte. ¿Qué crees que aporta el arte a la ciencia?
No, no soy especial. A las personas que nos dedicamos a pensar y a intentar descubrir lo que aún es desconocido nos gusta todo: el arte, el cine… No soy una excepción. Pero sí creo que el arte es una herramienta que puede servir para transmitir la importancia de la ciencia a la sociedad. Por eso en el CNIO tenemos la iniciativa Arte y Ciencia, con la que cada año formamos una pareja entre un científico y un artista para que el artista cree obra nueva inspirada en el trabajo del científico. Los beneficios generados se invierten en investigación a través de nuestra plataforma de filantropía “Amigos del CNIO”.

¿Qué arte o a qué artistas admiras?
Admiro mucho al escultor Oteiza, me emociona muchísimo, porque el suyo es un claro ejemplo de arte como resultado de una investigación. En ese sentido también me gustan Miquel Barceló, José María Sicilia, Agnes Martin… —por mencionar a algunos clásicos—, aunque me encanta descubrir nuevos artistas, especialmente mujeres artistas.

Hablando de personas a las que admiras, te has encontrado con grandes científicas en el camino…
¡Muchas y muy importantes! Desde Margarita Salas —mi directora de tesis y una de las pioneras en biología molecular en España, que ha sido una gran maestra y mentora— hasta Carol W. Greider —Premio Nobel en 2009 por descubrir la enzima telomerasa, con la que hice mi especialización en Estados Unidos—, pasando por Elizabeth Blackburn —su mentora— o científicas españolas como Ángela Nieto y Fàtima Bosch. Todas ellas, científicas de primer nivel a las que siempre puedo acudir en busca de consejo. Cada vez hay más mujeres investigando, aunque menos directoras de investigación. Pero esto cambiará necesariamente, porque si no estaremos perdiendo mucho talento.

Eres Premio Nacional de Investigación Ramón y Cajal, publicas en Nature y Science, se te reconoce en todo el mundo pero…, ¿por qué te gustaría ser recordada?
Por la investigación. Por haber encontrado el papel de los telómeros en el cáncer y el envejecimiento. Es de lo que estoy más orgullosa.

¿Y qué titular te gustaría ver mañana en los periódicos?
Que se han conseguido frenar las metástasis, el proceso causante de la muerte por cáncer. Ahí está, creo yo, una de las claves para en el futuro tener más éxito contra tumores avanzados.

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Daniel de Jorge