Historiadora del arte, bibliotecaria desde hace más de 20 años y documentalista, Susana Rizo es la ganadora de la 4.ª edición del Premio Feel Good de Plataforma Editorial y la Obra Social ”la Caixa”, que tiene como objetivo impulsar el optimismo entre escritores y lectores. Para conseguirlo y alzarse con el laurel, Susana nos regala una historia de amistad entre un niño de 5 años y una señora de 78, titulada Las vidas que te prometí. La escribió en 4 meses con Bach como banda sonora y está inspirada en un proyecto pionero: una residencia de ancianos de Seattle (Estados Unidos) que comparte techo con un parvulario. 

“¡Estoy dedicando mi propio libro! Esta soy yo”, dice señalando su nombre impreso en la portada mientras nos firma un ejemplar. “Me parece muy fuerte. De verdad os lo digo”, insiste. Escribir e investigar a fondo cualquier tema siempre habían sido sus pasiones, pero Susana decidió que iba a ser escritora en septiembre del año pasado mientras paseaba por un parque con su pareja. “Ahora es el momento de hacerlo”, pensó. La idea le vino como una revelación.

Susana, ¿cómo describirías tu primera novela? 
Está escrita desde la perspectiva de una persona mayor y al mismo tiempo intenta dar el punto de vista de un niño. Esto requirió un gran esfuerzo por mi parte, porque no es fácil crear un diálogo entre una persona de setenta y tantos años y un niño inquieto e imaginativo de cinco.

¿Qué se aportan los dos personajes?
Los personajes van creciendo juntos con el tiempo. La mujer le aporta sabiduría y cultura, sobre todo muchos libros, porque es una gran lectora. Primero le da cuentos y, cuando el niño se hace un poquito mayor, le recomienda libros y le explica en qué consiste la vida desde su punto de vista. Él, por su parte, le cuenta a la anciana el proceso de ir descubriendo por primera vez la vida.

 

 

¿Cuál es tu objetivo con esta historia?
Me da la sensación de que los adultos rechazamos mucho el deterioro, el final, la fealdad, el olor de las personas, las arrugas, las manchas de la edad. Todo eso da lástima, a pesar de que todos nos vemos reflejados en ello, ya que sabemos que estaremos ahí dentro de unos años. Los niños, en cambio, no experimentan eso, no lo ven como algo negativo. A mí, con este libro, me gustaría que el final de la vida fuese considerado igual o más importante y positivo que el principio. La tercera edad es un lugar lleno de serenidad y con muchas oportunidades. Es un mensaje que, además, quiero transmitir a mi madre: “Aún te queda mucho por hacer”. No necesariamente tienes que ponerte a hacer taichí o tirarte en paracaídas. Hemos venido aquí simplemente a pasar un buen rato y sacar lo mejor de cada uno, hasta el último día. Mi libro es un homenaje a las personas mayores. Quiero darles esperanza. Y quiero que la gente joven, cuando lo lea, se acuerde de sus abuelos y los saque a cenar, como hacía yo con mi abuela. Porque lo que más duele de la vejez es la soledad, la falta de amor y de contacto.

¿Y qué dijo tu madre cuando vio el libro? 
“Susana, lo has conseguido”. Tuvo una alegría tremenda. Aunque dice que se lo tiene que volver a leer porque, de la ilusión, lo leyó muy deprisa y ahora quiere saborearlo. Yo creo que esta novela está hecha para leer despacito, porque en cada capítulo he intentado dejar un mensaje, un aprendizaje.

¿Lo escribiste específicamente para Feel Good?
Sí, aunque la sensibilidad por las personas mayores la tengo desde hace mogollón. Soy muy observadora. Cuando veo por la calle a personas mayores que están solas siempre me fijo. Muchas tienen en su rostro esa expresión de tristeza… No es que sean personas olvidadas, porque hay residencias y gente que las cuida, pero siempre sentí que había que hacer algo para transformar esas miradas perdidas. Entonces tuve la idea de escribir para ellas. También supongo que me influenció una experiencia… Solía venir a la biblioteca, donde trabaja un hombre muy mayor que me caía muy bien. En general allí hablo con muchas personas mayores que me piden recomendaciones de libros. Un día, lo fui a visitar a su residencia. Al entrar, se acercó a mí una señora mayor que no conocía de nada y me abrazó durante unos segundos, hasta que la enfermera se la llevó y le dijo que no era yo. Me confundió con su hija o alguien que, ese día, no fue a verla. No sé por qué, pero ese abrazo y su cara de felicidad al verme me marcaron.

¿Cómo te ha sentado ganar este premio?
Yo solo quería que alguien me valorase y me diese una oportunidad. Quería escribir y hacerlo lo mejor posible, que esta novela saliese de mis entrañas: escribir desde dentro y crear algo digno. Ahora quiero continuar viviendo todo esto con mucha ilusión, pero tocando de pies al suelo. Siento que tengo que ponerme a trabajar otra vez, porque esto no acaba aquí. Ya tengo una idea para mi próxima novela: estará inspirada en una imagen que vi en la revista National Geographic. ¡No voy a desvelar más para no hacer spoilers!

 

Texto: Laura Calçada
Fotografía: Laia Sabaté