Un futuro tecnológico puede presentarse distópico cuando se escapa del intelecto, de lo imaginable. Hay quien teme las nuevas tecnologías, pero son tiempos para ver la botella medio llena y abrazar las oportunidades que las máquinas nos otorgarán a largo plazo. Todos los ámbitos se verán influenciados por la tecnología más avanzada: sanidad, empleo, educación… En la 3ª Jornada Pedagógica del programa Invulnerables, celebrada el día 29 de mayo en CaixaForum Barcelona, la doctora en Sociología y asesora de la Comisión Europea en el ámbito de las competencias digitales Silvia Leal afirmó que hay que poner los diferentes tipos de inteligencia (artificial y emocional) al servicio de los niños, tanto en el colegio como en los institutos, donde los profesores también deberán tomar partido. “Cuanto más humanos seamos, más difíciles de sustituir seremos”, cuenta Silvia, también divulgadora científica y conferenciante, autora de los libros No te vas a morir, e-Renovarse o morir e Ingenio, sexo y pasión y, pronto, al frente del proyecto La cuarta revolución, que se emitirá en La 1 de RTVE. Palabra de techie.

¿Por qué hablamos de inteligencia artificial cuando todavía no hemos aplicado bien en los colegios la inteligencia emocional?
Por mucho que compartan la palabra inteligencia, estamos hablando de conceptos muy distintos. Evidentemente, la inteligencia emocional es algo que se tendría que estar planteando a todos los niveles, no solo en los colegios. Respecto a la inteligencia artificial, es una tecnología que imita nuestra manera de pensar en el sentido de que si tú tienes un problema, es capaz de aprender, determinar patrones y, con todo ello, tener una cierta inteligencia que le permite hacer preguntas para buscar respuestas. ¿Qué tiene que ver esto con la educación? Si, por ejemplo, un niño tiene problemas para aprender matemáticas, la inteligencia artificial puede ayudarnos a detectar esos problemas y ajustar el proceso de aprendizaje para que el niño aprenda más rápido. La aplicación inglesa Rising Stars, por ejemplo, se ha demostrado que reduce en un tercio el proceso de aprendizaje y, en consecuencia, los niños pueden dedicar más tiempo al estudio y al desarrollo de su inteligencia emocional.

 

 

¿Esta aplicación podría sustituir a los profesores?
Por supuesto que no. Es una herramienta nueva, como la realidad aumentada, que permite a los niños y niñas ver y experimentar algo que les han explicado en el colegio. Funciona en paralelo, adaptando el contenido. Entonces el profesor tiene más tiempo, por ejemplo, para estar con los alumnos que tienen más dificultades y puede seguirlos a todos en un panel de seguimiento.

Las herramientas digitales, como las tabletas, ¿aumentan la eficiencia en las aulas o distraen a los alumnos?
En general, aumentan la eficiencia en las aulas. Pero, ojo, eso no quiere decir que a todos los niños haya que ponerles frente a uniPad. Conozco colegios que han eliminado los libros y están muy contentos, y también sé de niños que están hartos de estar todo el día con la tableta. Al final, lo que tenemos que hacer es buscar un modelo de aprendizaje donde haya espacio para los libros, pero también para la tecnología.

Dicen que los gurús de Silicon Valley llevan a sus hijos a escuelas sin ordenadores…
Yo creo que hay que buscar un sitio para cada cosa y adaptarnos a los nuevos tiempos, que cada vez son más digitales. Yo, que soy una techie, en mi casa con mis dos hijos de siete y ocho años uso, por ejemplo, Smartick, una app española que sirve para que aprendan tecnología y matemáticas y que algunos colegios públicos de Madrid ya utilizan. Cuando acaban, les premio dejándoles unos minutos la tableta o la PlayStation. Intento que lo sientan como un regalo. Hubo una época en la que dudé si dejarles jugar a la Play. Me acuerdo de que lo hablé con unos médicos que operan con el robot quirúrgico DaVinci y me dijeron que, de hecho, con la Play podían ganar habilidades motrices. Así que ahora cada fin de semana les dejo jugar entre media hora y una hora.

¿La comprensión de los niños va a la misma velocidad que la tecnología?
Yo creo que todo depende de cómo y cuánto la utilicen. En realidad, muchas veces los niños se hacen preguntas que van más allá de nuestra comprensión como adultos. Hace dos navidades, mi hijo me preguntó si los robots eran hijos de Dios. Y en otra ocasión me preguntó también si las mariposas eran eléctricas. Como no supe qué decirle en ese momento, más tarde volvió para decirme: “Mamá, ya lo he entendido. Hay mariposas que son eléctricas y otras que no”. Por aquel entonces era un niño de seis años que iba poniendo las cosas en su sitio. Estoy orgullosa de cómo está interpretando la tecnología; para él es una herramienta de disfrute y aprendizaje.

¿Llegará un momento en que los niños lo entiendan todo de golpe?
¿Sabes qué pasa? Que estamos hablando de otra liga, porque para las nuevas generaciones la tecnología es algo natural. Nosotros tenemos otra manera de ver las cosas. Por suerte hay muchos adultos que ya son nativos digitales. Pero siempre hay algo que se nos escapa. Por eso los profesores tienen que estar ahí: para ser capaces de potenciar su humanidad y darle un valor, para ir escuchando a los niños e ir creciendo con ellos. Porque cuanto más humanos seamos, más difíciles de sustituir seremos. Podríamos decir que la clave para darles una buena educación, en este nuevo contexto en el que estarán rodeados de inteligencia artificial, es precisamente la inteligencia emocional.

 

Texto: Carlos H. Vázquez
Fotografía: Víctor Bensusi