Dentro muy poco, menos de lo que podamos imaginar, una máquina inteligente se unirá a la batalla contra la COVID-19: se trata de un proyecto que está desarrollando el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), impulsado por la Fundación ”la Caixa”, y la Universidad Pompeu Fabra. Se espera que este proyecto sea capaz, hacia finales de año, de predecir si vamos a desarrollar complicaciones críticas de la COVID-19 a través de modelos creados con inteligencia artificial. Para conocer mejor esta tecnología, hablamos con la investigadora del ISGlobal Gabriela Cárdenas, quien, tras estudiar la carrera de Kinesiología en Chile y dedicar unos años a la práctica clínica, se ha instalado en nuestro país, donde ha realizado, además, un doctorado en el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM). 

¿Cómo se puede utilizar la inteligencia artificial en el tratamiento de la COVID-19?
Básicamente, la inteligencia artificial permite identificar muchos tipos de patrones, situaciones que se repiten. En este proyecto, liderado por la Dra. Judith Garcia-Aymerich, estamos preparando un modelo de predicción a partir de radiografías torácicas y datos clínicos de muchos pacientes hospitalizados con COVID-19. Este modelo será capaz de predecir, por ejemplo, el riesgo que tenemos de desarrollar una insuficiencia respiratoria grave y de ingresar en la UCI. Predecir estas complicaciones ayudará al personal sanitario a poner en marcha la monitorización y el tratamiento necesarios de manera precoz, lo que permitirá optimizar la organización del personal y los recursos, algo muy importante en un contexto de pandemia. 

 

Gabriela Cárdenas, investigadora del IsGlobal, puño cerrado

 

¿Hay otros indicios que nos indiquen que una persona pueda desarrollar una insuficiencia respiratoria grave?
Hay muchos factores: tener una edad avanzada o padecer alguna enfermedad crónica como diabetes, hipertensión o cáncer han sido asociados con un mayor riesgo de desarrollar una forma grave de la COVID-19 y de ingresar en el hospital. También se ha dicho que el grupo sanguíneo podría influir, pero los últimos resultados indican que no es así. Sin embargo, este proyecto estará enfocado en identificar los factores de riesgo asociados a desarrollar la enfermedad crítica una vez que el paciente haya sido hospitalizado. 

¿Y también puede ayudar a prever los efectos secundarios que deja la enfermedad?
La aparición de la COVID-19 es demasiado reciente como para establecer lo que puede provocar a largo plazo. No obstante, se está realizando un seguimiento a los pacientes y se ha observado qué patrones se repiten. Por ejemplo, se cree que los que han padecido una forma grave de la enfermedad podrían desarrollar fibrosis pulmonar (cicatrices pulmonares). Para identificar estos patrones fibróticos podría ser útil la inteligencia artificial. 

¿Y nos puede ayudar en la lucha contra otras pandemias?
La inteligencia artificial se ha utilizado ampliamente en los últimos años. Por ejemplo, en países en vías de desarrollo se ha aplicado para detectar y monitorizar las zonas con mayor riesgo de tener un brote de zika. Establecer este tipo de mapeo es fundamental, especialmente en países de bajos ingresos, para hacer una planificación más efectiva de los recursos.

¿Qué papel desempeñará la inteligencia artificial en la medicina del futuro?
Hoy en día la inteligencia artificial está presente en todas las áreas de la medicina. Ha sido, es y probablemente continuará siendo utilizada en el diagnóstico de enfermedades, en la estimación del riesgo de mortalidad, en la monitorización epidemiológica, en la planificación en salud pública, etc. La evolución es constante en todas estas áreas.

Como investigadora, me imagino que la lucha contra la COVID-19 supone una responsabilidad enorme pero también un reto sin precedente. ¿Cómo estás viviendo el proceso?
Al estar trabajando con datos de la COVID-19 día tras día te das cuenta de la gravedad de la pandemia y sientes un compromiso especial. Es verdad que los investigadores hemos trabajado bajo mucha presión, pero muchos hemos trabajado desde casa, con nuestras familias. En este sentido, el personal sanitario que realiza tareas asistenciales ha llevado a cabo un trabajo mucho más arriesgado, porque tiene que hacer frente a la situación en primera línea, poniendo en peligro su salud y la de sus familias. 

ISGlobal también ha publicado una serie de documentos sobre el desconfinamiento. ¿Cuáles han sido las primeras conclusiones obtenidas?
No existe una única conclusión porque hemos publicado documentos sobre temas muy diversos, desde estrategias para identificar casos de COVID-19 hasta la reapertura de las escuelas y el transporte, pasando por temas de género, pobreza y equidad. Desde nuestro programa de investigación de enfermedades crónicas no transmisibles y medio ambiente, acabamos de preparar uno de estos documentos para dar a conocer el efecto que podrían tener las medidas de confinamiento en las personas mayores. Revisamos tres temas: primero, en el ámbito de la salud mental, el autoaislamiento debido a las medidas de control de la enfermedad y las limitaciones en el manejo de las redes sociales y la tecnología podrían haber disminuido las relaciones sociales y provocado un aumento en la sensación de soledad y abandono. Segundo, creemos que las restricciones en la movilidad asociadas al confinamiento provocan una disminución de la actividad física, limitan la ejecución de las tareas de la vida diaria y la interacción de este colectivo con su entorno. En tercer lugar, la pandemia podría tener efecto en las enfermedades crónicas: creemos que los desajustes en el seguimiento y tratamiento de estas enfermedades podría tener consecuencias en la salud de las personas mayores. Finalmente, proponemos recomendaciones sobre cómo minimizar el impacto del confinamiento en las dolencias crónicas, la movilidad física y la salud mental. 

¿Cuál es la clave para salir de esta situación?
Es posible que no tengamos acceso a una vacuna antes de 2021, puesto que, generalmente, se necesitan años para comprobar su eficacia y seguridad, por no mencionar los procesos de producción a gran escala y comercialización. Además, mientras haya casos positivos y contacto entre nosotros, los contagios seguirán produciéndose. Así, creo que todos somos responsables de tomar las medidas de prevención adecuadas para disminuir al máximo el impacto de esta pandemia. Al final, más que cuidarnos a nosotros mismos, es un tema de responsabilidad colectiva.

 

Fotografía: Laia Sabaté