La exposición “Cámara y ciudad” de CaixaForum Barcelona* no solamente refleja la increíble transformación que han experimentado las ciudades a lo largo del último siglo, sino también la forma en que la fotografía y el cine han cambiado su manera de reflejarlas.

La muestra recoge 244 obras de 80 artistas (Henri Cartier-Bresson, Man Ray, Diane Arbus, Brassaï, Robert Doisneau, Pilar Aymerich, Francesc Català Roca, etc.) e inaugura, además, la colaboración entre el prestigioso Centro Pompidou y ”la Caixa”, un acuerdo que permitirá, a lo largo de los próximos cinco años, que la incomparable colección del centro francés viaje por los diferentes CaixaForum.

Hablamos con Florian Ebner, responsable del departamento de fotografía del Centro Pompidou de París y comisario de la muestra que, por parte local, ha contado con el apoyo del MNAC, del MACBA, del MNCARS y del Archivo Fotográfico de Cataluña, entre otros.

La fotografía ha servido tanto para glorificar el urbanismo y el aspecto monumental de las grandes ciudades como para denunciar sus miserias. ¿En qué medida esta exposición es también un resumen de la historia social del siglo xx?
De hecho, habíamos pensado subtitularla “los escenarios de la modernidad”, porque efectivamente es una historia de la modernidad de nuestras ciudades, así como de la pérdida de fe respecto a esa modernidad. Ese cambio sucedió cuando, tras la euforia y las utopías que llegaron después de la Primera Guerra Mundial, se produjo un desencanto que ha desembocado en algo más crítico hacia las ciudades y lo que llamamos la aldea global. La exposición no pretende contar toda la Historia, sino que es un ensayo visual basado en diferentes perspectivas y ejes.

 

 

Vemos al principio una apuesta en las fotografías por lo vertical, que exalta la grandeza de los edificios, y que poco a poco la perspectiva se vuelve más horizontal, poniendo el acento en los márgenes de la sociedad.
Primero hay un movimiento muy centrado en la modernidad de los centros urbanos, de los transportes públicos o de los medios de comunicación, y una fascinación por las multitudes. A partir de las décadas de 1950 y 1960 vamos pasando del centro a las periferias, que también dicen mucho de las ciudades. Vemos ahí los nuevos grupos sociales y los inmigrantes, pero también hablamos de periferia en el sentido de que las ciudades pierden su identidad con la aparición de los grandes centros comerciales. También hemos puesto el foco sobre ciudades que no pertenecen al mundo occidental.

Las primeras fotos de la exposición nos muestran los países y sus inmensas poblaciones y poco a poco nos vamos fijando más en los individuos…
En la fotografía siempre hubo un interés por los arquetipos sociales y un intento de entender a la población a través de estos arquetipos, por ejemplo, con la emergencia de una nueva categoría social. De hecho, las fotos de Brassaï parecen un casting de personajes como el panadero, la vagabunda, el gamberro, etc. Y este eje de arquetipos urbanos atraviesa toda la exposición.

La parte correspondiente a la Guerra Civil Española es especialmente interesante, ya que no solo destacan las fotos, sino también portadas de revistas muy reveladoras…
En Francia hubo un interés increíble por la Guerra Civil Española porque el conflicto fue un laboratorio para Europa, así que muchos intelectuales y fotógrafos franceses acudieron a España para relatar lo que estaba ocurriendo. En la exposición solo aparecen tres fotografías de Eli Lotar y portadas de revistas francesas procedentes del Pompidou, el resto son obras de fotógrafos catalanes. A partir de finales de la década de 1920 se vive el auge de las revistas, que incorporan nuevas técnicas, con la idea de dinamizar la percepción de la gente: es a la vez un montaje de fotografías y un relato, una nueva forma híbrida de comunicación y eso lo vemos perfectamente con la Guerra Civil.

¿En qué medida las fotografías de una ciudad acaban por definir su personalidad? Por ejemplo es difícil imaginarse París sin las fotos de Cartier-Bresson.
Efectivamente la iconografía de París ha sido en muy gran medida determinada por fotógrafos como Henri Cartier-Bresson o Robert Doisneau. Yo tardé en visitar Nueva York y cuando lo hice me di cuenta de lo mucho que la conocía ya. La ciudad acaba poniéndose en escena y muchas veces lo que se transmite son los edificios más fotogénicos.

¿Qué papel ha desempeñado la fotografía en las reivindicaciones sociales?
Es otro de los ejes de la exposición, ese vaivén de los movimientos sociales. En los años 30 en toda Europa, las sociedades estaban polarizadas y marcadas por esa presencia en las calles y las fotos que lo reflejan. Lo volvemos a ver en los años 60 con las protestas por la guerra de Vietnam en Estados Unidos, el mayo del 68 francés o, más tarde, en España tras la muerte de Franco. Con Pilar Aymerich estuvimos hablando de lo mucho que la fotografía ha forjado una imagen determinada de la emancipación social. Basta ver la historia de la fotografía para darse cuenta de que puede ser una herramienta de emancipación: la de la clase burguesa en el siglo xix, la de la población negra en Estados Unidos y en Suráfrica o la de las reivindicaciones de los homosexuales en la Barcelona de los años 70. También es verdad que puede ser una herramienta de vigilancia y opresión. Hoy en día, vemos en el mundo que las redes sociales incitan a protestar en la calle, ya no se trata de retratar la realidad, sino también de crearla.

El centro Pompidou y ”la Caixa” firmaron este verano un acuerdo para los próximos cinco años, ¿cómo lo valoras y qué aportará a CaixaForum?
Para mí es una experiencia muy bonita porque no se trata solo de mostrar nuestras colecciones, sino que aprovechamos la oportunidad para cooperar y crear un diálogo con las colecciones catalanas y españolas, ya que la del Centro Pompidou está muy centrada en Francia. Es una auténtica colaboración y su segundo capítulo será una exposición sobre fotografía experimental.

 

*Tras su paso por Barcelona, donde se podrá ver hasta el 8 de marzo de 2020, la exposición viajará a los CaixaForum de Madrid y Zaragoza.

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Lydia Metral