En los anuncios de la tele, las personas mayores aparecen a menudo caricaturizadas. En las redes sociales, son prácticamente invisibles. En el debate político, no se las tiene en cuenta. Y en las tiendas de tecnología, ni se las ve ni se las espera. Si, según los estudios, nuestros mayores son los que más votan y la mayor capacidad de compra va a situarse en breve por encima de los 50, ¿por qué esta discriminación social y tecnológica? Leopoldo Abad, especialista en derecho de la información y autor del libro Brecha digital y personas mayores en el que ha colaborado la Obra Social ”la Caixa”, nos explica cómo devolver a los mayores a la ecuación, para que todos salgamos ganando.

Parece que, hoy en día, el culto a lo joven y lo nuevo arrincona la vejez. ¿Desde cuándo ocurre esto? Nuestros padres no tenían marginada a la generación anterior…
Desde que nos tratan más como consumidores que como ciudadanos. Las grandes compañías, que tienen mucho poder, crean un estereotipo social de éxito vinculado a la juventud y la belleza. Lo importante no es tanto ser como parecer, mostrar un perfil feliz, y ese estereotipo se aleja mucho de lo que son los mayores. Al final, concluimos que no son guais, no molan. Pero, en realidad, nos pueden orientar en tantísimas cosas… ¡Tienen la experiencia de toda una vida!

Has investigado y escrito sobre la alfabetización mediática de los mayores, y actualmente colaboras con la Obra Social ”la Caixa” en diversas iniciativas vinculadas a mayores y nuevas tecnologías. ¿Cómo empezó a interesarte el tema?
Me llamó la atención que mi madre, que tenía 69 años, había sido maestra y acababa de hacer dos cursos de informática, me hacía preguntas de informática muy básica, del tipo “cómo subir un documento a una web”. Pensé: “Aquí hay tema”. No les estábamos enseñando bien y eso les estaba dejando fuera de juego. Empezamos a montar muchos grupos de discusión y asistir a muchas clases para ver cómo lo hacían.

 

 

¿Y qué concluisteis? ¿Qué había que cambiar de las clases?
Primero, los profesores no deberían ser tan jóvenes, para que entiendan las circunstancias de los alumnos y transmitan mejor. Después, hemos comprobado que es preferible ir más lento y asegurar los conocimientos que cumplir el programa. Las personas mayores necesitan repetir mucho. Luego está la diversidad de nivel en las clases, que se soluciona haciendo que los más avanzados hagan de mentores de los demás. Y claro, hay otros temas, como el tamaño de la letra, a menudo demasiado pequeño, o el ratón del portátil, que les pide una precisión táctil que no siempre tienen. Pero bueno, al final la clave es la empatía. Entender al que tiene pocos estudios, o no ha visto un ordenador en su vida, o tiene en su casa un ordenador más viejo y en clase no reconoce los iconos…

¿Qué feedback os dan al acabar?
Quedan muy satisfechos y realizados. Te dicen: “Estas clases para mí han sido estupendas, porque mis hijos están en Canadá y gracias a que ahora sé usar Skype puedo ver a mis nietos”. O: “Gracias a Facebook he conseguido volver a tener contacto con un montón de amigos de la universidad y quedo con ellos para tomar café”.

Aseguras que la tecnología es más útil para los mayores que para otros colectivos sociales.
Sí, porque les permite acceder a una serie de servicios que el resto no necesita tanto. Por ejemplo, si una persona mayor necesita comprar leche o agua, que pesan mucho, al hacerlo por internet se lo llevan a casa. O al relacionarse con la Administración pública de forma on-line se ahorran ir a hacer papeles a tal sitio que les pilla muy lejos. Otro de sus problemas, sobre todo cuando enviudan, es la soledad. Y las nuevas tecnologías les ponen en contacto con familiares, antiguos amigos, etc.

¿Nunca es tarde para aprender?
Nunca. Mira, en mis investigaciones hemos hecho grupos de discusión con personas mayores, y había una señora de 88 años con problemas de movilidad y visión que era la que más dominaba de Facebook y de todo. ¡No era hacker de milagro!

¿Crees que todos los mayores están interesados en las nuevas tecnologías? Porque muchos dicen que pasan…
Eso se debe a la ansiedad tecnológica. Tienen miedo a que no se les dé bien, a romper algo, a tocar el botón equivocado y borrarlo todo… Pero si tú les preguntas si creen que la tecnología es necesaria, la gran mayoría te dice que sí.

¿Qué podemos hacer, a nivel personal?
Lo primero, conseguir que se den una oportunidad. Decirles: “Mira, una vez que lo hayas probado, si no te gusta lo dejas, pero inténtalo”. Y, sobre todo, tener paciencia. Yo cuando me siento con mi madre al ordenador, a los tres minutos también estoy deseando irme. Pero tenemos que acordarnos de cuando éramos unos pequeños ceporros y ellos nos enseñaban a sumar con toda la paciencia. Devolvámosles todo lo que ellos nos dieron.

¿Cómo sería una sociedad con unos mayores bien integrados?
Habría más comunicación intergeneracional, menos soledad, una asistencia médica más fácil, un debate político más rico (dado que la discusión política hoy está en Twitter, Facebook, blogs, etc.)… Y luego están los intangibles, como que nuestros mayores estarían más satisfechos con una vida más activa, o que yo podría pasarle chistes del Barça a mi padre —que también es muy culé pero no usa WhatsApp— y sería genial poder integrarlo al grupo de fútbol y compartir más con él. Si queremos una sociedad plena y digna, integremos y dejemos participar a las personas mayores. Recordemos que en el 2020, 1 de cada 4 personas tendrá más de 65 años. Ellos son el futuro de nuestra sociedad.

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Miriam Herrera