María Rufilanchas está detrás del estudio creativo Molaría, del espacio de coworking Teta&Teta y de la marca de ropa homónima, con la que lleva a cabo proyectos de activismo y concienciación relacionados con el empoderamiento de las mujeres.

De su mente han surgido ideas como Breastfeeding Welcome, un mapa de lugares tranquilos y seguros para que las mujeres que quieran amamantar a sus bebés en el espacio público puedan hacerlo, o A las olvidadas, una iniciativa de recogida de libros para donarlos al Módulo de Mujeres del Centro Penitenciario Madrid V en Soto del Real.

Desde hace algún tiempo, María trabaja también en torno a la lucha contra el cáncer de mama, relatando historias de supervivientes de la enfermedad y desarrollando campañas que señalan la importancia de las revisiones, de la autoexploración y, por supuesto, de la investigación, puesto que son precisamente los descubrimientos del presente los que salvarán a las mujeres del futuro. Esta idea también la comparte la Obra Social ”la Caixa”, que desde hace años mantiene su compromiso con la investigación del cáncer, apoyando actualmente a 40 proyectos liderados por 24 entidades distintas en todo el territorio.

Este año, para el Día Internacional del Cáncer de Mama, Teta&Teta ha lanzado un corto en el que abordan la importancia de escucharnos a nosotras mismas, y un póster titulado Antidrama en la mama donde explican, con humor y como si de una jota se tratara, los pasos que hay que seguir para realizarse una autoexploración mamaria.

 

 

¿Cómo surge la idea de empezar la marca Teta&Teta y por qué decides centrarte en esta parte del cuerpo de las mujeres y en el empoderamiento femenino?
En realidad no fue una decisión muy meditada, sino algo que vino solo. Nuestro coworking se llama Teta&Teta, yo vengo del mundo de la publicidad y me gusta mucho todo lo conceptual, así que un día se me ocurrió hacer unas camisetas “para marcar teta” (ya que llevan dos pechos pintados). Cuando las compartí en redes sociales, supe de la existencia del movimiento Free the Nipple –que lucha contra la censura de los pechos de las mujeres en las redes sociales– y ahí me di cuenta de que podía contribuir a él. Empecé a aprender y a informarme sobre feminismo, sobre la cosificación del cuerpo femenino y a pensar en cosas en las que nunca había pensado. De alguna manera, la marca me empezó a transformar.

Esto fue en el 2013, ¿cuándo diste el paso para trabajar también temas relacionados con la concienciación del cáncer de mama?
Un año, en el Día Internacional del Cáncer de Mama, decidimos colgar en redes el logo de Teta&Teta con un solo pecho en lugar de dos y gustó mucho. Llamándonos Teta&Teta sentí que tenía que hablar de ello, por eso el año pasado creamos una campaña más grande, con un sujetador como protagonista, que servía para recordarnos a las mujeres la importancia de hacernos revisiones periódicas. Queríamos hacer algo útil, que pudieras tener siempre a mano en el cajón, algo que no durara únicamente un día sino que acompañara a las mujeres durante todo el año. Los beneficios de ese sujetador, que sigue a la venta más allá del Día Internacional del Cáncer de Mama, van destinados a la Fundación Geicam.

¿A qué se dedica Geicam?
Es una fundación sin ánimo de lucro y una asociación científica centrada en la investigación del cáncer de mama. Les conocimos a través de nuestros amigos de Despechadas, que también realizan proyectos enfocados a mujeres que han pasado por este tipo de cáncer.

A raíz de la creación de este sujetador, empezasteis a conocer a mujeres con cáncer de mama que os contaban sus historias y os pedían ayuda. ¿Hay alguna que recuerdes especialmente?
Hace poco, se puso en contacto con nosotras una chica que nos contó la presión a la que se había visto sometida tras su doble mastectomía preventiva para ponerse pechos. Todavía pervive esa idea de que los pechos son lo que “nos hace sentir mujeres”, un símbolo de feminidad, cuando en realidad hay muchas mujeres que deciden no ponérselos tras la operación. Tenemos que normalizarlo, acostumbrarnos a las cicatrices y a ver a mujeres sin un pecho o sin los dos. Algunas historias nos llegan directamente a través de las redes y otras las buscamos nosotras, leemos sobre ellas y luego las contamos en un lenguaje sencillo y atractivo para que calen más en la gente. También tratamos de visibilizar el cáncer de mama en hombres, todavía muy desconocido, con relatos como los de Pepe o Ricardo.

¿Qué mensaje queríais transmitir con el corto que habéis hecho este año para el Día Internacional del Cáncer de Mama?
La protagonista del vídeo está hablando consigo misma, dándole vueltas a por qué no se hizo caso cuando tocaba. Entiendo que muchas mujeres que han tenido un cáncer de pecho y no se han autoexplorado nunca, se arrepienten de no haberlo hecho o de no haber ido a hacerse las revisiones periódicas. Para algunas mujeres, el momento anterior a entrar en el quirófano es ese en el que haces balance, te planteas y te dices cosas a ti misma, y ahí es cuando aparece esa voz que te echa en cara no haberte tocado o no haberte escuchado.

En el póster con instrucciones para autoexplorarse que habéis lanzado también este año habéis optado por el humor, que no es una apuesta fácil dada la seriedad que rodea a una enfermedad como el cáncer. ¿Cómo tomasteis esta decisión?
La idea del póster era quitarle un poco de hierro al asunto. Hay muchas mujeres que no van al médico precisamente por miedo a que les encuentren algo, así que queríamos contrarrestar ese miedo normalizando la rutina de la autoexploración. Si te metes en Google y buscas cómo hacerte una exploración de mamas, las imágenes que hay son visualmente muy poco atractivas, así que pensé que podíamos crear una herramienta que fuera útil y que acercara las instrucciones a la gente, sobre todo a la gente joven. Es un póster descargable para que cada uno lo pueda imprimir y colgar donde quiera. También queríamos desdramatizar un poco todo este proceso de la autoexploración; si te encuentras algo malo a tiempo, tienes un 98 % de posibilidades de que todo vaya bien, por eso es tan importante prevenir.

 

Texto: María Arranz
Fotografía: Lucía Alonso