Premios Nobel: esa gala llena de gente trajeada, solemne y seria. Entrevistas a los ganadores del Nobel: preguntas sesudas o directamente pedantes que duermen a las piedras. Fotos a los nobeles: primeros planos y, de fondo invariable, la biblioteca. ¡Alguien tenía que poner fin a esto! Darle vidilla. Mostrar que Müller, Coetzee o Fo son gente que pasea, tiene dolor de espalda, va en zapatillas, compra fruta, bebe en tabernas. Los valientes que no han parado hasta dar con ese otro lado son el fotógrafo Kim Manresa y el periodista Xavi Ayén. Y el espacio donde lo están mostrando al mundo, CaixaForum Barcelona de la Obra Social ”la Caixa”.

Kim Manresa, reconocido fotoperiodista curtido en mil guerras y conflictos sociales, nunca imaginó que acabaría haciendo fotos para un proyecto de literatura. Tampoco Xavi Ayén, destacado periodista cultural muy ligado al mundo literario barcelonés, imaginó que viajaría sin parar para entrevistar a escritores en sus países de origen. No, “Paseos de Nobel” no nació de un plan magistral, sino de un pequeño favor entre amigos.

 

 

Xavi Ayén – Le pregunté a Kim si me conseguiría un par de manuscritos de autores en su lengua original para un proyecto de educación en el mundo que tenía entre manos. Quería los de José Saramago y Darío Fo.

Kim Manresa – Yo le dije que, hombre, no iba a molestar a un escritor así para una frase, que aprovecháramos para hacer una entrevista. Y él dijo que vale. Total, que se nos fue haciendo grande. El tercero fue Kenzaburō Ōe, que quedó tan contento que nos recomendó a Günter Grass. Los mismos escritores nos recomendaban a colegas y todo empezó a ir rodado.

 

ALMA – ¿Cuál era vuestro objetivo cuando les visitabais?

X. A. – No hacer la típica entrevista de media hora en un hotel hablando de su último libro. Meternos en su entorno cotidiano o en escenarios que aparezcan en sus obras. Saramago nos llevó a los sitios de Lisboa de sus novelas, Kenzaburō Ōe nos recibió en Tokio con su hijo, Svetlana Aleksiévich nos dejó entrar en su mítica cocina…

K. M. – Yo quería una cosa muy cotidiana. Por eso seguía a Xavi y al entrevistado en plan fotógrafo invisible, sin molestar.

 

ALMA – ¿Cuándo os disteis cuenta de que habíais creado algo grande?

K. M. – Cuando lo expusieron en el Museo Nobel de Estocolmo. El director nos dijo lo sorprendido que estaba del monumental trabajo que nadie en el mundo había hecho antes y que era irrepetible, porque ni ellos mismos habían tenido ese acceso a los nobeles.

 

ALMA – ¿Y cómo os lo montáis para tener ese acceso?

K. M. – Es un trabajo de hormiguita. Con Wole Soyinka, por ejemplo, nos enteramos de que venía a un festival en Oviedo. Pues nos fuimos a Oviedo y le dijimos que queríamos entrevistarle en su pueblo natal, en Nigeria. Y ya, una vez allí, nos llevó por todos lados.

X. A. – Doris Lessing era muy mayor y nunca salía de casa, le dolía la espalda y no fue ni a recoger el Nobel. Su traductora me había dado su dirección de Londres y nos presentamos allí. Son unas fotos sensacionales con ella, que nos abrió en bata y con toda la casa desordenada como un mercado de libros.

 

 

ALMA – ¿Cómo conseguisteis la única entrevista que concedió García Márquez en sus últimos 15 años de vida?

 X. A. – Yo estaba haciendo un documental sobre Carme Balcells, su agente de Barcelona, y ella me aconsejó que le llevara una maleta con unos regalos de Navidad de su parte y que, una vez en su casa, le explicáramos. Su mujer se ofreció a ayudarnos. Esperamos dos días en un hotel en México sin saber qué pasaría y, cuando por fin nos llamó, aún esperamos una hora más en el vestíbulo de su casa. Al final salió de mala gana y nos preguntó: “¿Cuánto le habéis pagado a mi mujer?”. Luego supimos que había quedado contento.

 

ALMA – ¿Qué es lo mejor de esta exposición?

 X. A. – Que es la única en la que se ven los 23 entrevistados (en el Museo Nobel solo eran 12). Que tiene varios niveles de lectura, dependiendo de tus referencias. A lo mejor sabes por qué Gao Xingjian escogió llevarnos a un estudio de pintura, pero si no lo sabes lo disfrutas igual. Y que las frases que hay en la pared no salen de los libros, sino de cosas que los y las nobeles nos dijeron solo a nosotros. Por eso nos la sentimos muy nuestra.

 

ALMA – ¿Cuáles son vuestros favoritos?

K. M. – Para mí, Wole Soyinka. Fuimos a Nigeria y, como tengo muchos vínculos con África, hablamos de todo menos de literatura. Nos llevó a su aldea, a la escuela donde estudiaba de pequeño, que ahora está totalmente abandonada, y la foto se hizo en su antiguo pupitre.

X. A. – A mí, la de Naguib Mahfuz. Este hombre recibió una puñalada en el año 94, que le fastidió la vista, las cuerdas vocales y la capacidad auditiva. Aun así, siguió manteniendo sus famosas tertulias con sus amigos en El Cairo pero, en vez de comentar él, ahora eran sus amigos los que le leían las noticias que recortaban para él durante la semana, gritándole al oído. No solo es una foto bonita, sino que tiene todo lo que ha de tener el periodismo.

 

ALMA – Lleváis 23 nobeles entrevistados y fotografiados. ¿Habrá más?

X. A. – Sí. Si te fijas hemos dejado cuatro plafones sin foto ni texto porque, si de aquí a que acabe la exposición en septiembre hacemos alguna más, la añadiremos. Además, esto es un work in progress. No damos ningún autor por finalizado. Mientras estén vivos nos los podemos volver a encontrar y podemos completar.

K. M. – Yo le digo a Xavi que ahora deberíamos hacer el libro de anécdotas: cuando nos pusieron guardias armados, se nos escapó el avión, cayó una nevada que nos incomunicó, con Orhan Pamuk que nos dijeron que nos iban a matar… Cada personaje tiene detrás una historia rocambolesca.

 

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Laia Sabaté