¿Cómo se ve la Tierra desde el espacio? ¿Por qué nos intriga tanto saber si hay vida en otros rincones del universo? ¿Viviremos algún día en otros planetas? Quién mejor que un astronauta para responder a estas y otras muchas cuestiones relacionadas con el universo que habitamos. Aprovechamos la presencia de Pedro Duque, el primer astronauta español en viajar al espacio, en las conferencias Horizons, organizadas por la Obra Social ”la Caixa” en colaboración con la Asociación de Becarios de ”la Caixa”, para charlar sobre los viajes espaciales, el oficio de astronauta y la fascinación que sentimos por todo aquello que rodea a nuestra Tierra, esa a la que Carl Sagan definió como un “punto azul pálido perdido en un inmenso mar de estrellas”.

¿Recuerdas qué sentiste al ver la Tierra por primera vez?
Fue un momento inolvidable, una visión que impresiona muchísimo. Aparte de poder ver la Tierra desde ahí arriba, estás en ingravidez, flotando en una nave espacial con los motores apagados, viendo un horizonte curvo y el sol sobre un fondo negro. A todo esto se une que ese momento supone la culminación de muchos años de trabajo y de estudio. Es muy emocionante.

¿Qué es lo que más te gustaba de tu trabajo al principio y qué es lo que más te motiva ahora?
Al principio, sentía sobre todo fascinación. Y todo sigue siendo fascinante durante años, ya que tienes el privilegio de estar en la punta de una pirámide formada por los mejores técnicos y científicos. Al cabo del tiempo, vas descubriendo los detalles y la parte que requiere más aguante: la espera entre un viaje y otro —yo hace 15 años que hice el último y sigo a la espera del próximo—, y la repetición, ya que todo tiene que salir bien a la primera y para eso hay que repetir las cosas muchas veces.

 

 

¿Estamos los ciudadanos preparados para ir al espacio?
Ahora mismo, la tecnología ha avanzado mucho y es muy seguro viajar al espacio. En el aspecto mental y emocional, creo que los astronautas hemos ido preparando a la gente durante 50 años, enviándoles fotos y contándoles cómo es, aunque, por supuesto, quedarán fascinados cuando se suban a una nave y vean la Tierra desde allí.

¿Crees que el futuro de los viajes espaciales estará tripulado por inteligencias artificiales? ¿Hay algo que los humanos siempre haremos mejor que las máquinas?
La gente piensa que en el espacio utilizamos unas inteligencias artificiales que no se conocen aquí; pero, en realidad, el grado en el cual una máquina pensante puede sustituir a una persona es el mismo aquí que allí. Todavía tenemos que pasar muchísimas etapas para sustituir a las personas en procesos complejos que requieran tomar decisiones, y pilotar naves espaciales requiere tomar muchas decisiones.

¿Qué sueños de la ciencia ficción respecto a los viajes a Marte se habrán cumplido dentro de 100 años? ¿La vida en otros planetas es el futuro que nos espera?
Eso depende mucho de las decisiones que se tomen a largo plazo. Si ocurre como en los años 60, cuando Rusia y Estados Unidos decidieron hacer una inversión fuerte en tecnología espacial para conseguir llegar a la Luna, se producirán avances importantes. Sobre la vida en otros planetas, de momento se trata más de explorar, de ver qué hay ahí fuera y de responder a preguntas como de dónde venimos o si hay vida en otros lugares del universo. Explorar es algo consustancial al ser humano. No podemos pensar en la vida en otros planetas como una solución o una alternativa a la destrucción del nuestro, porque entonces la gente se olvidaría de cuidar la Tierra.

¿Por qué crees que es importante la inversión en proyectos aeroespaciales?
Lo primero, porque es un campo fascinante para todo el mundo. A quién no le gusta pensar que su hijo, quizá algún día, será capaz de ir al espacio y realizar este tipo de hazañas? Pero, además, este tipo de inversiones son rentables para los gobiernos a largo plazo, ya que las tecnologías que se desarrollan repercuten en la sociedad y en otros sectores que los hacen más competitivos y generan mejores puestos de trabajo. Algunos ejemplos podrían ser los coches con pilas de combustible —que propulsan el vehículo con energía eléctrica y que fue un invento para las misiones Gemini en Estados Unidos—, los paneles solares de los satélites, así como tecnologías de reciclado o de miniaturización de sensores como los de las cámaras de los móviles que ahora todos llevamos en el bolsillo.

 

 

¿Cómo se puede conseguir la igualdad entre países en materia de consumo de energía, comida y agua de una forma sostenible? ¿Y cómo puede contribuir la industria aeroespacial?
La igualdad debe ir siempre en paralelo al desarrollo de tecnologías más eficientes. Cuando las tecnologías mejoran, más gente tiene acceso a ellas. Existen tecnologías de reciclado y de energías limpias que se han desarrollado gracias a las contribuciones de la industria aeroespacial. Cuando los ingenieros se tienen que inventar algo que sirva para ir al espacio, normalmente se acaban dando cuenta de que también tiene usos aquí, ya que suelen ser tecnologías más limpias y más eficientes.

¿Te ha cambiado la vida o tu perspectiva sobre nuestro mundo y nuestros problemas el hecho de ir al espacio?
Te cambia mucho conocer a tantas personas interesantes y viajar a diferentes países. La exploración espacial nos ha cambiado absolutamente; la mentalidad de todas las personas que vivimos aquí cambió con la primera foto que sacaron los astronautas que iban hacia la Luna y en la que se veía toda la Tierra. Esa foto avivó la conciencia ecologista y la idea de que estamos todos juntos dentro de la misma pequeña esfera. Si la gente pudiera viajar allí de forma regular, seguramente cambiaría la perspectiva de muchos.

La semana pasada participaste en un debate del ciclo Horizons, organizado por la Asociación de Becarios de ”la Caixa”. ¿En tu campo, consideras importante la inversión en investigación y el apoyo a nuevos talentos como se hace desde la Obra Social con su programa de becas?
Me parece muy importante, porque significa darle una oportunidad a gente que no tendría acceso a cierta formación de no ser por este tipo de iniciativas. Aunque también es fundamental que exista un sistema más generalizado de becas en colegios y universidades, más básicas, que permitan a la gente llegar hasta ahí arriba.

¿Crees que es importante que los jóvenes de hoy en día tengan referentes en el mundo de la ciencia?
Claro. En mi caso, mis referentes son astronautas como Gagarin, Armstrong, Glenn o Leónov, y maestros que tuve, como Amable Liñán, un ingeniero aeronáutico que nos daba clase de mecánica de fluidos y que era una mente privilegiada, o Juan de Burgos, que nos daba clase de matemáticas. Un referente es alguien diferente a todos los demás, que te hace ver que el conocimiento se puede adquirir y que, además, hace que parezca fácil.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiera dedicarse a esto?
Ay, ¡pues muchos! Aparte de estudiar ciencias —y tener muchas ganas de estudiar—, mantener una buena salud, hacer deporte regularmente, no descuidar las habilidades físicas —ya sea escalar montañas, pilotar aviones, bucear o, en el caso de los niños, que jueguen mucho al aire libre; es decir, que no hay que estar siempre sentado delante de una pantalla de ordenador—, y también tratar de tener un carácter adaptable y saber trabajar en equipo. Pero, sobre todo, diría que hay que tener muchas ganas de aprender.

 

Entrevista: María Arranz
Fotografía: Rita Puig-Serra